El dolor no espera.
No entiende de licitaciones ni de trámites administrativos, ni de excusas políticas. El dolor lo consume todo y exige una solu-ción inmediata.
En hospitales del Instituto Me-xicano del Seguro Social y del IMSS-Bienestar, el acceso al analgésico más recurrido para contenerlo —el paracetamol inyectable— se ha convertido en un grave problema, dado el desabasto generalizado.
Cada año, tanto IMSS como IMSS-Bienestar consumen unas 25 millones de dosis del medicamento, esencial para atender traumatismos, cuadros postquirúrgicos, fiebres elevadas y dolores crónicos.
Hoy, con todo y la compra consolidada gestionada a través de Birmex, que encabeza Carlos Ulloa, la proveeduría apenas araña el 5%.
Más claro: falta el 95% de paracetamol inyectable que se compró.
A finales del año pasado, se adjudicó la distribución de paracetamol inyectable para el 2026 a la regiomontana Orvi, propiedad de Alejandro Orozco, que ofreció un producto de Jayor, fabricado en su sede central de la India, a un precio notablemente bajo: 238.87 pesos por caja con 10 dosis; es decir, 23.89 pesos por aplicación.
Poniendo un ejemplo en comparación, la dosis de la marca Perfalgan oscila en el mercado minorista en unos 200 pesos, es decir más del 90% de descuento, un precio demasiado bueno para ser verdad.
Y lo barato parece que nos ha salido muy caro pues a la fecha, casi cerrando febrero, las entregas no llegan ni a las 1.1 millones de piezas: apenas poco menos del 5%, cuando deberían ya de superar el 20%, debido a que el producto presenta retrasos significativos por el envío desde la India.
Más allá de las sospechas fundadas por malas prácticas de múltiples industrias —incluida la de farmacéuticos—, de empresas asiáticas, llama la atención la ingenuidad, o complicidad, de los funcionarios mexicanos bajo el mando de Zoé Robledo, ¿nunca consideraron lo que podía suceder con este tipo de productos?, ¿desconocían otros ejemplos en el mundo?
De acuerdo con fuentes de la industria, se ha descubierto una estrategia de desabasto artificial orquestada por algunas empresas de dudosa reputación, particularmente con fábricas en la India o Egipto, consistente en ofertar precios bajísimos a gobiernos para luego de entregar una mínima parte, no cumplir con el contrato calculando la pérdida por sanciones y fianzas, terminando por obligar a compras de emergencia, con precios hasta cinco veces más altos que el contrato original.
Esperemos no sea el caso de Orvi y Jayor y, finalmente, termine por arribar el producto que tanto urge, con el costo del sufrimiento de miles de personas.
Mientras tanto, el desabasto sigue afectando a los pacientes del sector público y al mismo personal médico, que se ve muy limitado en su labor cotidiana.
El IMSS falla en surtir entre 20 mil y 70 mil recetas diarias, de acuerdo con datos publicados hace poco menos de un año, con fallas graves —además de los analgésicos, como el caso del paracetamol inyectable— en medicamentos oncológicos, de salud mental y neurología, e insulina.
Por desgracia, el desastre de salud se vuelve, literalmente, una epidemia de dolor.
DE COLOFÓN. El corresponsal especial de Los Angeles Times, Steve Fisher, tuvo acceso a fuentes de primer nivel en el operativo que abatió al Mencho, y publica: “Funcionarios creían que si la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum no actuaba, el presidente Trump podría lanzar una incursión unilateral en territorio mexicano”.
Por presión, por sumisión, por interés nacional, por lo que sea… pero al menos se ha dado un paso en la dirección correcta.

