El populista

Luis Cárdenas

Es un hombre conservador al extremo de la religiosidad, lo que podría hacerlo parecerse más a un político de derecha

“Dictadura: sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio”.

Enrique Jardiel Poncela.

López Obrador considera que toda crítica a su gestión es un ataque que nace de la conspiración contra su transformación. El presidente es intolerante al espejo, se autoproclama el más atacado por la prensa desde Francisco I. Madero, aunque, más bien, parece ser al revés, como si fuese el presidente que más ha atacado a la prensa y al libre pensamiento.

El presidente cuenta con un buen ejército de periodistas zalameros y aduladores en varios medios de comunicación, algunos incluso, habrá que reconocerlo, con gran solvencia intelectual y otros, francamente, irrisorios al grado de caricatura, además habría que sumar los millones de bots en redes sociales que son financiados con recursos oscuros para intimidar a los críticos de la 4T e intentar imponer una sola agenda en la conversación digital.

López Obrador impulsa una agenda peligrosa para cualquier democracia, apuesta, como sus colegas populistas en el mundo, por la imposición de un pensamiento único, por la homogeneización de la narrativa, porque la única “verdad verdadera” sea la que dicta su imaginación. Suena muy peligroso, pero al final, cuando nos demos cuenta del abismo en el que caímos, el presidente perderá.

Allá por mediados del siglo pasado esa fue la esencia del amasio entre la prensa y el gobierno, los columnistas se peleaban por la lisonja más dulce, por una lamida de suelas cada vez más creativa, más rebuscada y más arrastrada…

Sí, por aquellos días eso funcionaba frente a una sociedad tan inocente como ignorante y frente a un mundo tan desconectado entre sí que permitía a las naciones sumirse en los conflictos de su ombligo sin mirar al otro, ignorando al mundo por lo redondo.

Ni la actualidad ni el futuro pintan de ese modo, el mosaico de opiniones e ideologías es asfixiante, incalculable y sumamente complejo.

Asumir que la vida social y política en el globo, y en el país, es maniquea, que solo existe, a rajatabla, la derecha o la izquierda, el blanco o el negro, los buenos o los malos, termina traduciéndose en una frustración generalizada, en una rabia contenida que puede explotar en formas peligrosas para una nación y que, siempre, nos llevará a la estúpida manía de querer imponer un pasado que murió en un presente que no dejamos nacer.

El presidente es un ejemplo de la compleja diversidad ideológica que hoy vivimos: es un hombre conservador al extremo de la religiosidad, lo que podría hacerlo parecerse más a un político de derecha, incluso ultra neoliberal dadas sus políticas que ahogan el gasto público al grado de la paralización, pero al mismo tiempo es un hombre que aborrece el mercantilismo, que quiere sancionar libertades económicas en el alarmante roce de la expropiación, lo que, también, podría colocarlo en las ultraizquierdas… El presidente es, al final, un populista.

Y los populistas quieren imponer su única visión sin importar que ésta tenga tintes de derechas y de izquierdas al mismo tiempo, porque los populistas no creen en la democracia, ni en una ideología ajena a la suya en todos los sentidos, creen en un sistema autoritario, ellos creen y quieren una especie de nueva monarquía, son los nuevos emperadores.

Algunas sociedades terminan por aceptar muy bien al populista, máxime cuando éste les garantiza, en la realidad y no en el mundo de las ilusiones, bonanzas económicas, seguridad y una sensación plena de progreso social.

Ese no es nuestro caso, por eso creo que este experimento populista mexicano terminará en un fracaso monumental que pagaremos caro.

Aunque, ¿AMLO será el último populista mexicano?, vaya que siempre podremos estar peor.

Y sí, también, siempre podremos estar mejor. Al final, depende más de nosotros reflexionar en quién confiaremos nuestro voto.

De Colofón

La toma de la CNDH parte de una lucha legítima, sí, pero esperemos que el movimiento no termine degradándose en el fortalecimiento de los radicales okupas mexicanos y seamos testigos de las tomas de edificios públicos por justicia del pueblo.

@LuisCardenasMX

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