Qué bella palabra es aquiescencia, escribía Fernando Pessoa en El libro del desasosiego“Hagamos de nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual”

Y si bien la poesía de Pessoa no se refería a una política populista capaz de convertir el fracaso de su estrategia de seguridad en una victoria, como si se tratara de un designio divino, el verso parece quedarle al gobierno como un guante a la mano.

Tremendo drama ha sido el de la presidenta Sheinbaum y su equipo por el informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU (CED), y todo por la maldita palabreja: aquiescencia. La Real Academia la define como “asentimiento, consentimiento”; pero en mi barrio le decíamos de otro modo, menos elegante y más exacto: alcahuetear. Dejar pasar. Mirar para otro lado. Ser barco. Hacerse güey.

El Comité es claro: no existe una política federal orquestada desde las alturas del Estado para desaparecer personas por motivos ideológicos o políticos; nadie acusa a Sheinbaum de ser Pinochet, Maduro, Castro u Ortega.

Pero también es claro, clarísimo, en que las políticas para combatir el problema no han funcionado; que existen funcionarios públicos —presidentes municipales, policías locales, elementos militares de diversos grados— que actúan en complicidad con el crimen organizado; que en la inmensa mayoría de los casos las víctimas terminan muertas, y que las morgues del país llevan años desbordadas sin que exista, a dos décadas de iniciado este infierno, un banco genético nacional capaz de devolverle nombre a los huesos.

Existen alrededor de 72 mil restos —en su mayoría huesos— que permanecen sin identificar en los anfiteatros del país porque no hay recursos suficientes ni políticas eficientes. Expertos calculan que, al ritmo actual, harían falta 120 años para identificarlos a todos. 

La ONU no condena al Estado mexicano: le pone un reflector y le ofrece la mano. Cooperación técnica, apoyo financiero, asistencia especializada para búsqueda, análisis forense e investigación. Ciencia, experiencia y recursos para comenzar a apagar el infierno. Proponen ciencia a una presidenta científica, ¿qué podría salir mal?

El gobierno, ensoberbecido, ha reaccionado con furia y, como parece costumbre, ha vuelto a mentir.

Desconoce al Comité llamándolo “un grupo de expertos vinculado a la ONU”; tacha el informe de “tendencioso, parcial y sesgado”; acusa a sus integrantes de “conflictos de interés”; se queja de injerencismo y, de paso, sostiene que el documento “extrapola” datos de la era calderonista

Usa el derecho internacional a capricho: cuando le conviene, apela al multilateralismo; cuando no, lo declara intervención y violación a la soberanía

Pero no hay mañanera que pueda borrar el dolor de decenas de miles de seres humanos que buscan a su ser amado entre la tierra, con una varilla en la mano y una fotografía en el pecho. No hay conferencia matutina que alcance para tapar 72 mil huesos sin nombre. No hay retórica soberanista que resucite a un solo desaparecido. Ni AMLO puede hacer esos milagros.

Para los familiares y las víctimas no queda más que, como decía Pessoa, la aquiescencia del Universo.

Colofón.— 

El lunes 9 de marzo, tras las críticas por los XV años de su hija, el empresario petrolero Juan Carlos Guerrero García envió una carta a Claudia Sheinbaum para disculparse por "representar un problema adicional" a su gobierno. Cursi y empalagoso, invocó una cuna humilde, una reciente operación a corazón abierto y hasta la promesa de donar la mitad de sus ingresos a obras benéficas. 

La carta omite que sus contratos más cuantiosos, 641009837 y 641003824 por cerca de 4 mil millones de pesos, llegaron en el sexenio de López Obrador, con Adán Augusto López en Gobernación.

Una semana después de enviar la carta, el dueño de Petroservicios Integrales México endureció el tono y amagó con paralizar la producción de Pemex si continuaban las indagatorias en su contra. La cifra en juego: 33,500 barriles diarios de crudo y 450 millones de pies cúbicos de gas.

Funcionó la amenaza, bastaron los respaldos públicos del gobernador Javier May y de su secretario de gobierno, José Ramiro López Obrador, para blindarse. Con ese apoyo del Grupo Tabasco quedaron neutralizadas tres indagatorias pendientes sobre asignación directa, cumplimiento y alianzas de los contratos. 

Dentro de Pemex se sabe que Guerrero García fue más directo con los funcionarios que con la Presidenta: advirtió que si la UIF le congelaba las cuentas, dejaría de pagar a sus proveedores y la producción se detendría. Asunto resuelto.

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