En 2024, en plena efervescencia electoral, una mujer presentó una denuncia formal ante la Fiscalía de Nuevo León por los delitos de violación, amenazas y robo contra Waldo Fernández, entonces candidato de Morena al Senado de la República.

La supuesta víctima, Deborah “N”, radicada en la Ciudad de México, alegó que durante un viaje a Monterrey, Fernández la había abordado en un bar y alterado su bebida para abusar de ella. A pesar de la ausencia total de pruebas médicas o peritajes psicológicos, el documento de la denuncia fue filtrado y viralizado en redes sociales. La respuesta de Fernández fue inmediata: a través de un video, desconoció a la denunciante y desmintió categóricamente los hechos.

Pese a la campaña de difamación, el candidato morenista ganó la elección.

Sin embargo, el costo personal fue altísimo. El escarnio golpeó a su familia, particularmente a sus hijas, a su exesposa y a su actual pareja, todo por una denuncia que hoy se confirma como un montaje.

Decidido a limpiar su nombre, Fernández tomó las riendas de la investigación, documentando paso a paso las inconsistencias presentadas, algunas que daban cuenta de lo notoriamente improcedente de la denuncia.

El 1 de marzo, fueron finalmente detenidos tres presuntos orquestadores de la difamación de Fernández: Karina “N”, Deborah “N” y el abogado Gustavo “N”."

El perfil de Karina “N” es el más revelador. Hasta el día de su captura, fungía como funcionaria de primer nivel en el municipio de Monterrey, bajo la administración del priista Adrián de la Garza. En 2024, fue precisamente ella quien compitió —y perdió— contra Fernández por el escaño en el Senado.

Las primeras indagatorias de la Fiscalía General de la República (FGR) apuntan a que Karina “N” habría pagado poco más de un millón de pesos a Deborah “N” para fabricar la acusación. Incluso, los gastos de vuelo y hospedaje habrían salido de las cuentas bancarias del esposo de la excandidata y exfuncionaria municipal.

Por su parte, el abogado Gustavo “N” habría sido el arquitecto de la trama legal, traficando influencias para que la carpeta avanzara lo suficiente para manchar la imagen de Waldo en las urnas y bloquear cualquier intento de defensa. El mismo abogado habría exigido a Fernández el pago de varios millones de pesos a cambio de “frenar” la denuncia.

Ante la inoperancia —o complicidad— de la Fiscalía de Nuevo León, encabezada por Pedro José Arce Jardón, el senador acudió a la FGR, logrando finalmente la detención de los tres implicados.

Waldo Fernández es un empresario con recursos y un político destacado, y aun así, le tomó casi dos años lograr justicia para comenzar a limpiar su nombre.

Esto nos obliga a mirar una realidad incómoda: hoy existen cientos de denuncias y declaraciones falsas que han destruido patrimonios, reputaciones, familias enteras y han enviado a inocentes a la cárcel sin tener los medios para defenderse.

Este caso debe marcar un precedente importante. La mentira y la extorsión no tienen género; tanto hombres como mujeres son capaces de fabricar culpables.

Las preguntas que quedan en el aire son urgentes: ¿Cómo abordamos esta crisis judicial? ¿Cómo protegemos a las víctimas reales de violencia sin dejar la puerta abierta a estafadores que lucran con la máscara de víctimas? Y más aún, ¿cómo sostenemos la presunción de inocencia en la era de la inquisición digital?

Por cierto, el estigma que acompañará a Karina 'N' va mucho más allá de las siglas del PRI. Al fabricar un delito de esta gravedad, se ha convertido en el peor enemigo de quienes verdaderamente sufren violencia. Frivolizar una denuncia de agresión sexual para cobrar una extorsión electoral no solo es un crimen; es la peor traición imaginable a los derechos de las mujeres.

¿De dónde saca el PRI que la señora es una “perseguida política"?

De Colofón.

Autodeterminación de los pueblos, ¿cómo se autodetermina un pueblo al que le matan no solo opositores sino mujeres que usan incorrectamente el hiyab?

Aun así, es factible que el domingo veamos ondear banderas de Irán y el régimen de los Ayatolas en el marco de la lucha contra la violencia a las mujeres.

Surrealismo puro.

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