Alfredo Del Mazo: caravana con sombrero ajeno

Luis Cárdenas

No ha sido jamás un ejemplo de contrapeso u oposición al gobierno de AMLO

“Otra victoria como ésta y estaré vencido”

Rey Pirro.

Hoy, el gobernador Alfredo Del Mazo se vende, para todo aquel que quiera escucharlo, como el gran triunfador de las pasadas elecciones.

No es para menos, la alianza con su partido recuperó la mitad del congreso local y se hizo de unos 77 municipios de los 125 que tiene el Estado de México. Sí, la misma alianza que todavía a finales del año pasado Del Mazo desdeñaba, la misma alianza para la que puso el pie, la misma que intentó por todos los medios desarticular y en la que tuvo, pese a él mismo, que ceder.

El gobernador no ha sido jamás un ejemplo de contrapeso u oposición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. A diferencia de otros actores políticos a Del Mazo se le percibe, más bien, como un elemento servil a la Cuarta Transformación, mucho más preocupado por salvar el pellejo dada su estirpe peñanietista frente a la andanada de acusaciones de corrupción que abundan en la pasada administración.

Además, López Obrador no mira a Del Mazo como un opositor, tampoco como un aliado sino, más bien, como un empleado fiel. En febrero del 2020, en plena crisis de salud por la imposición del Insabi que dejó sin medicamentos ni atención médica a millones de mexicanos en el país, el presidente palmoteaba al gobernador: “Se ha portado al cien, Del Mazo”, dijo el presidente cuando el Estado de México se adhirió sin chistar al desastre que hoy, todavía, sufren muchos de sus habitantes.

Incluso, en diciembre de 2020, el presidente del PAN en el Edomex, Jorge Inzunza Armas, descartaba la posibilidad de construir una alianza opositora debido a la cercanía política del gobernador con la 4T.

Pero, al final, a Del Mazo no le quedó otra opción más que la de aceptar las alianzas para la mayoría de los municipios y el congreso local. Seguramente, vio con reticencia y desdén la dura campaña en medios de comunicación, con spots agresivos y dirigidos a las vapuleadas clases medias, que emprendió el presidente del PRI, Alejandro Moreno, contra Morena y el gobierno de López Obrador.

Es probable que muchos de los municipios ganados no hayan sido un premio a la administración del gobernador, sino por el contrario un castigo al gobierno federal y a los municipios gobernados por Morena y sus aliados, ¿o alguien puede creer que la clase media mexiquense se siente defendida o respaldada por Del Mazo?

En los próximos años, el PRI se jugará la supervivencia bajo el timón de Alejandro Moreno, la cercanía del presidente López Obrador con varios de sus gobernadores podría terminar por fracturar una compleja negociación que ha dado un respiro a la oposición en la defensa de la democracia y las instituciones que quieren destruirse desde Palacio Nacional.

Ahora, toca a sus militantes y simpatizantes decidir si optarán por ser parte de un proyecto de contrapeso real o si, por el contrario, prefieren convertirse en un satélite faldero más de López Obrador. ¿Habrá, por fin, un nuevo PRI?

De Colofón

¿Qué gana López Obrador acosando y espiando periodistas?, ¿se siente ya igual a Daniel Ortega o Nicolás Maduro?

Los sistemas de seguridad e inteligencia del Estado Mexicano obtendrían mejores resultados investigando a los narcos o, de perdida, a los políticos corruptos que arropan en su administración. De nada les servirá saber a qué hora se durmió Mario Maldonado o qué comió Carlos Loret De Mola, si piensan que el acoso amedrenta, sepan que logran el efecto contrario. 


@LuisCardenasMX

 

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