Subasta de la Colección de Enrique Freyman en Francia

Luis C. López Morton Z.

El jueves 10 de diciembre del año pasado, Aguttes, casa de subastas francesa situada en Neuilly-sur-Seine al oeste de París, realizó una subasta de Viejos Maestros, pinturas y dibujos, incluyó pinturas relevantes de la colección de Enrique Ramón Freyman (1888-1954), mexicano de origen judío que iniciara su carrera como agregado cultural en la capital francesa, donde conoció a Diego Rivera quien jugó un papel destacado en los encuentros eruditos que organizaría este amante de la cultura y la ciencia, presentándolo con Albert Einstein (1879-1955) y Paul Longevin (1872-1946). Dado su conocimiento de las ciencias exactas dirigió la Editorial Herrmann desde 1926, fundada por Arthur Herrmann en 1876, a quien sucedería su primogénito del mismo nombre y a la postre su suegro, quien publicó una serie dedicada a las matemáticas preparada por el colectivo Nicholas Bourbaki (seudónimo de un grupo de especialistas predominantemente franceses) integrado en 1934-35 por exalumnos de la École Normale Supérieure (ENS) para superar la muerte de toda una generación de investigadores y docentes en dicha disciplina durante la Primera Guerra Mundial, lo que generó que los jóvenes instructores universitarios utilizaran textos obsoletos. Fortalecería su compromiso de divulgación al lanzar una nueva colección coordinada por Louis Broglie (1892-1987), futuro premio Nobel de física en 1929, quien formuló la teoría de la dualidad onda-corpúsculo.

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La colección de pintura Freyman es heterogénea, sale a la venta en Aguttes siendo poco común este tipo de obras latinoamericanas para el mercado de arte francés (dicho en el catálogo de la subastadora), dos obras de este coleccionista registraron más de la mitad del precio de martillo de 1’240,000 euros (no incluye premio de la casa de subastas) del total de venta de los 99 lotes de la
oferta en la subasta de Viejos Maestros. El precio más elevado fue para una monja coronada (estimada entre 40,000 y 60,000 euros), Retrato de la Hermana Juana (102 x 82.8 cm), escuela mexicana, siglo XVIII, firmada por el pintor poco noto Domingo Ortiz, en cuya parte inferior se incorpora la leyenda: Rto de la Ma Sor Juana de Ntra. ora de Guadalupe, en el siglo, Doña Juana Valdés Tellez Caron que profeso en el convento de Regina Celi el 27 de Abril de 1797 a los 16 años de su edad sus padres Dn Manuel Ant Valdés y Doña Ana Tellez Caron.

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El género de las monjas coronadas surgió durante el periodo colonial de la Nueva España en el siglo XVII extendiéndose hasta principios del siglo XIX. Los retratos se realizaban antes de que las novicias-niñas abandonaran la vida laica y permanecían en la casa familiar como última imagen previa a la jura de votos perpetuos (obediencia, pobreza, castidad y clausura), matrimonio místico o toma de velo, cuando se despedían del mundo y sus tentaciones. La indumentaria compuesta y sofisticada se acompañaba de joyería, plata y flores, con diademas-guirnaldas de estos mismos materiales. La novicia sostenía vela y crucifijo o imagen del niño Jesús; en postura estática, mirando al suelo o al espectador, fondeada con sencillez. Algunas de las congregaciones de las concepcionistas y las jerónimas portaban en el pecho medallones pintados en lino o lámina de cobre montados en carey con escenas religiosas, muchos de ellos de la autoría de los artistas más prestigiosos de la época; siendo verdaderas obras de arte, que suelen ofrecerse en subastas. El precio alcanzado por esta monja coronada fue de 482,100 euros (incluye premio de la casa de subastas) sin duda el precio más alto alcanzado por una pieza semejante.

La otra obra que también obtuvo un precio de consideración fue la de un pintor viajero desconocido, tal vez un etnógrafo aficionado, titulada La danza del Volador (óleo sobre tela, 72.5 x 52.5 cm, de “escuela colonial”, siglo XVII), con estimados de 60,000 a 80,000 euros,
batiendo estas cifras hasta un monto de 284,320 euros. Recuérdese que el rito de los voladores, conocidos como de Papantla, fue proclamado en 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

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El cuadro nos muestra una comunidad en un día de fiesta, en primer plano aparecen los espectadores mirando hacia el cielo donde se alza la columna superior a los treinta metros de altura, donde los seis voladores o danzantes, que en teoría deberían de ser sólo cuatro en correspondencia con los rumbos del universo y ataviarse de aves, cuelgan del bastidor unido al aparato giratorio (tecomate) colocado a la cabeza de descomunal tronco, donde se atan las sogas a las piernas, lanzándose al vacío, que les permite girar y descender hasta llegar al piso, dirigidos por un personaje denominado el caporal que oficia la ceremonia desde la cúspide. Dos participantes más intentan ayudar, otros pretenden ascender, mientras una multitud vestida con tocados de plumas y flores, baila al ritmo de los tambores. En la distancia se aprecia una construcción frente a un lago en el que navegan cayucos, así como un paisaje montañoso con un volcán y la cresta de una cordillera nevados.

El catálogo de Aguttes anota que quien pintó la escena estaba familiarizado con las tradiciones pictóricas del norte de Europa y de Italia en particular. Es un precioso testimonio de las costumbres originarias que sobrevivieron la llegada de los conquistadores españoles.

Se trata de un rito dedicado a la fecundidad de la tierra, escenificado primordialmente en épocas de siembra y cosecha (primavera y otoño). El rito de los voladores se incorporó a la vida
cotidiana durante el virreinato, celebrándose en honor del santo patrono de algún barrio (mayordomía) o para significar efemérides de importancia política o histórica, representando un gran entretenimiento por lo que no era censurado sino, incluso, alentado por las autoridades. Lo que recuerda la sentencia del poeta satírico Juvenal en la Roma decadente: Panem et circenses (Pan y circo). A la fecha se puede ver a los voladores fuera del Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, entre otros sitios del país.

Del mismo coleccionista, en noviembre de 2016 se subastó en Sotheby’s Nueva York, un cuadro de Diego Rivera Paisaje cerca de Toledo (óleo sobre tela, 88 x 109 cm) en 1’212,500 dólares (incluye premio de la casa de subastas).

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