Sorpresa en una compra de segunda mano

Luis C. López Morton Z.

Todos los que nos dedicamos a la compra-venta de segunda mano podemos platicar anécdotas de objetos que nos llegan y que por coincidencias vuelven a ser relevantes y protagonistas en la historia de alguien del pasado.

Sobre esto nos cuenta la periodista francesa Brigitte Benkemoun en su libro, cuando su marido sufrió la pérdida de su agenda Hermès …que para él era como un talismán, y a la que estaba unido física y sensualmente…

La buscaron por todos lados sin suerte, el marido con iniciales T.D. se resignó a comprar una nueva… "tristemente, esa clase de piel ya no la fabricamos"…contestó la dependienta de Hermès con pena, muy segura y educada. Alguien más se hubiera conformado con otra piel…de cocodrilo, más fina, estriada… pero no T.D. Él quería una igual.

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Sin darse por vencido, encontró la felicidad bajo Artículos de Piel Vintage en eBay, comprando una agenda usada con las iniciales grabadas T.D. por 70 euros. Días más tarde llegó envuelta en burbuja.

Brigitte comenta que siendo compulsiva, en ausencia de su marido revisó la nueva agenda, más roja, más vieja, de las mismas dimensiones, la inspeccionó en todos sus ángulos, la abrió, notó que el vendedor había quitado el calendario anual donde el dueño anterior hubiera escrito sus citas, invitaciones o secretos, pero no removió un directorio telefónico metido en una de las solapas interiores.

El directorio telefónico traía veinte páginas, todas escritas a mano con nombres y números telefónicos en tinta sepia y no eran nombres comunes, sino que se trataba de los nombres de los más grandes artistas, galeristas, poetas de la postguerra en orden alfabético: Aragón, Balthus, Breton, Brassaï, Chagall, Cocteau, Éluard, Fini, Giacometti, Lacan, Leiris, Ponge, Poulenc, Signac, Staël, Sarraute, Tzara. Veinte páginas de surrealismo y arte moderno junto con los nombres de peleteros, psicoanalistas, estilistas.

¿A quién perteneció este directorio? ¿Quién era el fantasma que hizo todas las anotaciones? Era un misterio que tenía que ser descubierto y Brigitte como periodista sabía que valía la pena desentrañar esta historia.

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La primera pista fue el calendario que venía al final de las páginas manuscritas: 1952. Lo que significó un comienzo, compró en una librería de viejo un directorio telefónico de París del mismo año para cruzar los nombres y direcciones con los de la agenda.

Contactó al vendedor de eBay y le informó que la agenda la había comprado en una subasta en el suroeste de Francia en el 2013. Buscó a la Casa de Subastas y el subastador no quiso proporcionar ninguna información por la secrecía que se guarda tanto de vendedores como de compradores.

La persona que escribió el directorio o era disléxica o no era francesa por los errores en la escritura, Brigitte tenía la corazonada de que era mujer.

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La clave vital para saber a quien perteneció el directorio fue un nombre que decía Architecte de Ménerbes.  Buscando en Wikipedia encontró dos nombres de artistas que vivieron en la Villa de Ménerbes en los cuarentas, uno era el pintor de origen ruso Nicolás de Staël que inmediatamente lo descartó porque aparecía en el directorio, el otro nombre era de una mujer, una pintora fotógrafa, que perteneció al movimiento surrealista, amiga de Éluard y Balthus, paciente del psicoanalista Lacan, todo coincidía incluyendo la ausencia del nombre y la dirección de Picasso bajo la letra P. En 1951, seis años después del rompimiento entre ella y el pintor, no lo incluyó en el directorio, no lo podía quitar de su mente, ¡se trataba lo más seguro de la libreta de direcciones de Dora Maar!

Nacida Henrietta Theodora Markovitch en París en 1907, Dora Maar creció y vivió en Argentina y Francia, estudio fotografía y compartió cuarto oscuro con Brassaï. En 1932 tuvo su propio estudio haciendo fotografía publicitaria y de modas, además de hacer experimentos en fotomontaje, collage e innovaciones que la tuvieron en el corazón del movimiento surrealista, amiga de André Breton y de los miembros de este grupo.

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Musa, amante y modelo de Picasso por nueve años, quien la retrató en una de sus obras más famosas: Mujer llorando, 1937 (Tate Modern, Londres). En 1945 rompe con el pintor y termina en el hospital bajo tratamiento psiquiátrico, convertida en una reclusa, refugiándose en la religión.

Dora Maar pudo haber sido tan famosa como fotógrafa o incluso más que Lee Miller o Dorothea Lange, pero Picasso siempre desdeñó la fotografía, viéndola como algo inferior a la pintura, por lo que ella la abandonó dedicándose a pintar cuadros abstractos y naturalezas muertas.

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Marcel Fleiss (Galerie 1900-2000, 8 rue Bonaparte) organizó la última exhibición de Dora Maar en 1990 y comenta que era una vieja cascarrabias, desaliñada, desconfiada, viviendo en un departamento lleno de pinturas, fotografías y papeles. Cuando Fleiss vio la libreta de direcciones no tardó mucho en decir que la escritura era definitivamente de la artista.

Dora Maar murió en París en 1997. Los contenidos del departamento se subastaron y alcanzaron los 213 millones de euros, incluyendo otra versión del óleo de Picasso Mujer llorando, que se vendió en 6.6 millones de euros. El monto de la venta se dividió entre los expertos, subastadores, genealogistas, el estado y dos herederos distantes uno en Francia y el otro en Croacia que nunca la conocieron.

“Fue la musa de Pablo Picasso, un papel que la eclipsó la totalidad de su vida”, dice Fleiss. Hasta ahora se empieza a conocer su obra y a aquilatar el talento de Dora Maar. El año pasado durante el verano una exposición suya se inauguró en el Centro Georges Pompidou, continuando su itinerancia en la Tate Modern de Londres y su próxima escala será en Los Ángeles en el Getty Center.

No hay tal cosa como la casualidad, solo hay coincidencias, escribe Jody Gladding, traductora de Je suis le carnet de Dora Maar, el libro de Brigitte Benkemoun que en inglés se titula Finding Dora Maar. An Artist, An Address Book, A Life. Lectura que recomiendo mucho, desafortunadamente todavía no está traducido al español.
 

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