Sandro Botticelli: Joven sosteniendo un medallón

Luis C. López Morton Z.

El jueves 28 de enero de este segundo año de pandemia la casa de subastas Sotheby’s, Nueva York, vendió en su sesión dedicada a “Pinturas y Esculturas de Viejos Maestros, Parte I”, Joven sosteniendo un medallón, temple sobre álamo de 58.4 x 39.4 cm de Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, conocido como Sandro Botticelli1 (1444/5-1510). La pintura fue comprada por un coleccionista vía telefónica con Lilija Sitnika, directora y enlace senior con clientes de Sotheby’s, Rusia, responsable de manejar relaciones con clientes de dicha nacionalidad a nivel mundial, por lo que se infiere que el ganador sería justo ruso, quien batió en la puja a un coleccionista asiático participante también a distancia.

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El precio de venta ascendió a 92’184,000 dólares (incluye premio de la subastadora), registro de venta más alto para una obra de quien fuera discípulo de fray Filippo Lippi en Prato, y segunda solo después del Salvatore Mundi atribuido a Leonardo da Vinci, vendido por Christie’s, en 450’312,500 dólares (incluye premio de la subastadora) en noviembre de 2017.

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Joven sosteniendo un medallón fue consignada para su venta por Sheldon Solow (1928-2020), magnate inmobiliario, hijo de un albañil de Brooklyn y gran coleccionista de arte, negoció las condiciones del contrato de venta meses antes de su muerte, saliendo la pintura sin reserva en la subasta. Por si fuera poca la belleza de la composición, suma la peculiaridad de integrar un medallón con un retrato que representa a un santo, cuyo estilo hace suponer que sea del pincel del sienés Bartolomeo Bulgarini (1337-1378).

Solow adquirió el Botticelli en diciembre de 1982 en Christie’s, en la almoneda de la colección de la difunta lady Violet Marjory Merton (1891-1976) reunida por su marido, sir Thomas Ralph Merton (1888-1969), KBE (miembro de la Orden del Imperio Británico), DSC (Doctor en Ciencias), FRS (miembro de la Sociedad Real), físico e inventor muy reconocido por su trabajo en espectroscopía y rejillas de difracción, además de sus aportaciones al perfeccionamiento de “la bomba de rebote” (bouncing bomb) en el mar y destacado coleccionista de arte. Susy Lewis, nieta de Merton, lo describe como un hombre del Quattrocento, que los domingos solía invitar, uno a uno, a los miembros de la familia para conversar en su estudio, arrellanado en un sillón Lazy Boy (marca de los reclinables “muchacho perezoso”) con un calentador eléctrico para pies, fumando un puro Romeo y Julieta2 y sosteniendo sobre sus piernas un ejemplar de la revista The New Scientist, frente a él una pintura, Retrato de un hombre de Antonio di Jacopo Benci, llamado Antonio Pollaiuolo (1432/1433–1498), a su izquierda el Joven sosteniendo un medallón de Botticelli y a su derecha Madonna con Niño de Bartolommeo Montagna (1450-1523), discípulo de Andrea Mantegna (1431-1506). Imagínense semejante festín visual.

Previo a la subasta de la colección de lady Merton había grandes expectativas para la venta del Botticelli, se hablaba que la Getty Foundation lo compraría, pero la noche previa a la subasta ocurrió un incidente que imprimiría un derrotero distinto a la venta. El crítico de arte del Evening Standard de Londres, antiguo empleado de Christie’s, especialista en dibujo y pintura de antiguos maestros, Brian Sewell (1931-2015), apareció en televisión y en un ataque de resentimiento contra la empresa que lo vetó para integrarse a su Consejo Directivo, opinó que Joven sosteniendo un medallón no era de Botticelli, sino de Francesco Botticini (1446-1498). Su comentario, aprobado y respaldado por Everett Fahy (1941-2018) quien fuera director de la Frick Gallery (1973-1986) y hasta 2009 jefe del Departamento de Pintura Europea del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, hizo que la Getty se desistiera de su intención. Este capolavoro fue adquirido por Solow en 810,000 libras esterlinas.

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Por su cuenta, Sheldon Solow la misma noche en que Sewell daba su opinión de la pintura de Christie’s, habló de forma anónima con Norman Rosenthal (1944), hoy con el nombramiento de “sir” y en aquel momento secretario de exposiciones de la Royal Academy de Londres, para pedirle que revisara el lote no. 92, descrito en el catálogo como Portrait of Giovanni Pierfrancesco di Medici, confiándole que pensaba comprar la pintura y quería su opinión de si era un Botticini o un Botticelli. Rosenthal respondió que accedía, pero que no era experto en pintura renacentista; se presentó en King Street, St. James, a valorar el retrato. Su comentario fue que no podía asegurar la identidad del pincel, pero que la obra poseía todas las características de un notable retrato del Renacimiento. Con esta información Sheldon Solow adquirió un Botticelli que se vendió como un Botticini. Tremendo negocio. No cabe duda que la fortuna brinda la ocasión, pero sólo la virtud la aprovecha.

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El comentario de Brian Sewell dio como resultado que la fundación Getty perdiera una obra muy importante para su acervo y que los herederos de la colección Merton recibieran prácticamente nada de obra tan importante, al igual que la pérdida de comisiones para la casa de subastas. Sewell, ha sido un famoso, controvertido y aclamado crítico de arte, y sobre todo férreo detractor del vanguardismo conceptual y del Turner Prize, contrario a la estética de David Hockney (1937), Banksy (1974) o Damien Hirst (1965), y por si fuera poca su miopía, habría que agregar que nunca creyó en la existencia de creadoras de impacto y trascendencia, clasificándolas como artistas de segunda o tercera categoría, de acuerdo con su paupérrimo entendimiento “exclusivamente los hombres son capaces de grandeza estética”. En 1994 fue acusado por treinta y cinco figuras señeras de la cultura como misógino, homofóbico, demagogo, hipócrita, mientras otras veinte emprendieron su defensa.
Sus comentarios y programas de televisión quedan para la posteridad, pero siempre será recordado por su ofuscación que le permitió a Sheldon Solow materializar tan sabia compra.

1El calificativo de “Botticelli” le venía de familia, pues su hermano Antonio fue orfebre notable y maestro de infancia de Sandro, además, de acuerdo con la información que proporciona Giorgio Vasari, era llamado así, sin que sepamos a ciencia cierta si fue por su condición robusta o por su afición a la bebida. Por otro lado, Sandro es el diminutivo cariñoso de Alessandro.

2Marca de cigarros de tabaco negro habano (y por extensión se les denomina “habanos”) establecida en 1875 en la isla de Cuba por don “Pepín” Rodríguez, el primer dueño forjador de puros que incorporó los famosos anillos a la cabeza de estos tremendos tabacos, donde se asentaba y —se sigue haciendo— la razón de la empresa, el nombre del producto y su calibre (grosor y longitud) conocido como “vitola”. Así, desde 1946 Winston Churchill, uno de sus más devotos consumidores, terminó por darle apellido al tamaño que solía degustar: Churchill de Romero y Julieta

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