Radios en baquelita y catalin

Luis C. López Morton Z.

En los años treinta del siglo pasado se desarrolló una relación muy estrecha entre la industria y el diseño con la invención de nuevos plásticos. Para entonces, ya se utilizaba un polímero descubierto en 1907 en Nueva York por el químico belga Leo Hendrik Baekeland (1863-1944): la baquelita, primera sustancia sintética (véase el portal http://www.bakelitmuseum.de/). Sin embargo, su color oscuro limitaba su uso, sus componentes a base de fenol y formaldehído sólo generaban productos en tonalidad negra o café. A partir de 1927 mejorarían las cosas con el desarrollo de un polímero termo-endurecible, una resina registrada con el nombre de la compañía que la inventó: Catalin (American Catalin Corporation of New York City).

Diferente a la baquelita, la resina catalin más versátil, ofrecía una gama de colores brillantes, inclusive marmoleado. Esto la popularizó en los artículos de consumo tras la Gran Depresión* (1929), en especial en las carcasas de teléfonos y radios.

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El próximo 25 de marzo en la ciudad de Los Ángeles la casa de subastas Bonhams dedicará su venta al Modern Design/Art, que incluye una colección de 86 radios vintage de los años treinta, fabricados en baquelita, catalin y plaskon. Esta es la oferta más sobresaliente de los últimos tiempos, desde que en 2012 se vendiera el repertorio de Richard Basbaugh con la misma firma. Los precios de estos aparatos receptores se han ido incrementando, desde que se popularizaran en la década de los noventa, ahora los estimados oscilan entre los 1,000 y 25,000 dólares.

Con la invención de la tecnología inalámbrica a principios del siglo XX el mundo cambió en sus formas de comunicación y conexión, haciendo del radio un elemento nuclear del hogar en cuyo alrededor se daba la convivencia familiar. De los orígenes con artefactos de bulbos instalados en gabinetes de madera, se pasará a la utilización de plásticos originales que permitirán diseños aerodinámicos Art Deco, lográndose significativos avances técnicos.

A partir de 1930 fabricantes como Motorola, Fada, Emerson, Air King, Sentinel, Sparton y Tom Thumb (Automatic Radio Manufacturing) aprovecharán las ventajas de los nuevos materiales y recurrirán a diseñadores industriales para sus nuevos productos de consumo. Varias de estas corporaciones hasta la fecha siguen en el negocio, aunque desconocemos el nombre de quienes idearon los “envases” y “repositorios” de estos aparatos, su habilidad y talento son incuestionables; al observar algunos de los radios que saldrán a subasta no podemos menos que quedar boquiabiertos.

Tres de estos creadores, promotores de la estética aerodinámica (streamlined) se sobrepusieron al anonimato: Walter Dorwin Teague (1883-1960), responsable del Bluebird Radio para Sparton en 1934; Harold Van Doren (1895-1957), quien decidió que las lavadoras Maytag fuesen blancas, y John Gordon Rideout (1898-1933), el de las básculas para Toledo Scales, en 1933 diseñaron al alimón el Air King “Skyscraper”, imitando diseños de los rascacielos más modernos de la época como el Empire State Building, la pieza más grande moldeada en plaskon y baquelita de la época. La subasta presenta auténticas obras de arte creadas por estos talentos de las artes aplicadas.

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Diferente a la baquelita, la resina catalin más versátil, ofrecía una gama de colores brillantes, inclusive marmoleado. Esto la popularizó en los artículos de consumo tras la Gran Depresión* (1929), en especial en las carcasas de teléfonos y radios.

Los radios fabricados en catalin se han hecho populares con un diseño bien reconocido, encontrándose en colecciones particulares y algunos museos que los tienen en su acervo: Metropolitan Museum of Art, Milwaukee Art Museum, Dallas Museum of Art, entre otros.

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Para los interesados recomiendo los siguientes libros: Classic Plastic Radios of the 1930s and 1940s por John Sideli (E. P. Dutton, 1990) y Deco Radios: The Most Beautiful Radios Ever Made por John Sheridan (Schiffer Publishing, Ltd., 2014).

*El 24 de octubre de 1929 la Bolsa de Valores de Nueva York (Wall Street) se desplomó, generando la mayor crisis económico-financiera del siglo XX que se extendería a lo largo de la década de los treinta, previo a la Segunda Guerra Mundial.

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