Las aventuras de Tintín y Milú: El loto azul

Luis C. López Morton Z.

Originalmente rechazada por el editor Louis Casterman (1893-1981) por ser demasiado costosa su impresión a cuatro tintas, el proyecto de ilustración para la portada de la edición original de El loto azul, quinta entrega de la serie de historietas del reportero Tintín y su perro Milú, salió a la venta en la subasta de El Mundo de Hergé, el creador de Tintín, el 14 de enero de este segundo año de pandemia en Artcurial, casa parisina, alcanzando la suma de 3.8 millones de dólares (3’175,400 euros).

Se trata de una tinta, acuarela y gouache sobre papel doble japonés de 34 x 34 cm realizada en 1939 por el belga Georges Prosper Remi (1907-1983), mejor conocido como Hergé (por la pronunciación en francés de sus iniciales en orden inverso, RG). La obra nos muestra al reportero y su mascota cómplice asomándose desde un enorme tibor chino en azul y blanco, enfrentando a un dragón pintado en la pared detrás de ellos, todos mostrando una cara de sorpresa del encuentro.

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Tintín y Milú fueron creados en 1929 por el dibujante e historietista Hergé quien un año antes se convirtió en el director del suplemento infantil Le Petit Vingtième del diario católico Le Vingtième Siècle donde se publicaron las primeras viñetas de Las aventuras de Tintín. La primera historia de esta pareja dispareja se tituló Tintín en el país de los soviets y sus secuelas aparecieron hasta el cierre del periódico en 1940, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Continuó en el rotativo Le Soir, única publicación autorizada por los nazis. Este hecho provocó que, al finalizar la contienda, a Hergé se le acusara de colaboracionista.

Según Eric Leroy, especialista de Comics Books de Artcurial, existe un Hergé antes y un Hergé después de la aventura de El loto azul, concebida antes de que cumpliera la treintena de edad. En toda la serie, las tramas se sitúan en la URSS, Egipto, el Congo belga, siempre en escenarios reales, inspirándose en paisajes y objetos conocidos y reconocibles, documentados meticulosamente. Sin embargo, fue justo en El loto azul –y con la colaboración del estudiante de arte en Bruselas Zhan Chongren (1907-1998) que un amigo le presentó– que convenció al historietista para que sus cuentos tuvieran una visión menos estereotipada, sobre todo de cómo los europeos miraban a China en esa época.

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Con Zhan aprendió mucho de la vida cotidiana china, su historia y tradiciones, además a utilizar un pincel más fino con el que logró se matizaran los efectos del dibujo, recurriendo a la ligne claire o línea clara que utiliza trazos fuertes del mismo ancho sin rayado transversal o juego de sombras. En El loto azul se logró un realismo antes desconocido, al aparecer Tintín y Zhan, éste con el nombre de Chang Chong Yen (Al Capone y Zhang son los únicos personajes reales que aparecieron en las correrías del reportero).

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El episodio describe cómo Tintín viaja a China donde será testigo de la brutalidad del expansionismo japonés. El “corresponsal de guerra” arriesga su vida para desbaratar una banda de traficantes de opio. Hergé se basa en el “Incidente Mukden” de 1931, cuando soldados nipones dinamitaron una sección del Ferrocarril del Sur de Manchuria, responsabilizando a los chinos del sabotaje. Se creaba así, el pretexto perfecto para justificar la invasión del Ejército Imperial de Kwantung bajo las órdenes del comandante Yoshijiro Umezu (1882-1949), –quien terminaría por llamarse Manchukuo– con el gobierno títere del último emperador chino Pu-Yi de la dinastía manchú (1906-1965). Los ánimos europeos eran favorables a Japón, por lo que el gobierno del Sol Naciente protestó ante el canciller de Bélgica, cuando se serializó El loto azul en 1934.

Cuando el proyecto de ilustración fue rechazado por el editor de Casterman, Hergé hizo otra más sencilla para que la impresión de la cubierta no fuera tan costosa y la original se la regaló a Jean-Paul Casterman (1929-2009), hijo del editor quien la dobló en 6 (un doblez vertical y dos horizontales) y la guardó en un cajón hasta que sus herederos decidieron ofrecerla en subasta. Se dice que es la más bella ilustración realizada por Hergé y se vendió a un coleccionista particular tras competir contra otros 3 postores al teléfono, llegando al precio de martillo ya mencionado de 3’175,400 euros (incluye premio de la casa de subastas), convirtiéndola en la más cara de su tipo a nivel mundial, rompiendo la marca de una hoja con dibujos también de Hergé en la que aparece Tintín, la cual alcanzó 2’500,000 euros (no incluye premio de la casa de subastas) en la misma subastadora Artcurial en 2014.

El día anterior a la venta de El loto azul, en la casa de subastas Heritage de Dallas se subastó, en perfecto estado de conservación (mint condition) el número 1 de la revista Batman (1940) por 2’200,000 dólares (incluye premio de la casa de subastas), estableciendo una nueva marca para un ejemplar basado en un personaje, y aunque es nueva marca para Batman, Tintín sigue siendo el ganador absoluto.

Para los interesados en la venta de los Bugatti (columna del viernes 22 de enero) el subastado en RM Sotheby’s en Arizona, el Bugatti Tipo 57 SC con el chasis No. 57512 se vendió en $4’735,000 dólares (incluye premio de la casa de subastas). Hay que esperar resultados del que sale a subasta en febrero en Bonhams, Reino Unido.

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