Arqueólogos y viajeros

Luis C. López Morton Z.

Tomamos el vuelo 533 de Aeroméxico que nos llevó a Mérida para asistir a una boda el sábado en la Hacienda de San Pedro Ochil, municipio de Abalá en Yucatán. El jueves y viernes previos a la boda, visitamos las ruinas de Chichén Itzá hospedándonos en el Hotel Mayaland, un hotel construido en los años 40 que se encuentra dentro de Chichén Itzá; el hotel muy amplio y de época, con jardines muy bien cuidados, albercas, todo muy bien organizado. Frente al bar hay un árbol de acacia blanca de proporciones fabulosas que vale la pena admirar.

El año pasado tuve la suerte de hospedarme en el mismo hotel cuando participamos en el Rally Maya y en esa ocasión no hubo oportunidad de visitar con detalle las ruinas, fuimos con mucha prisa porque había que seguir el recorrido de la carrera, lo que sí disfrutamos mucho esa vez fue el espectáculo de luz y sonido que se proyecta sobre la pirámide principal y que lleva el nombre de “Noches de Kukulkán”. Esa noche, la presentación estuvo más grandiosa por todos los rayos que estaban cayendo a lo lejos detrás de la pirámide mientras presenciábamos el espectáculo. Desafortunadamente esta vez que fuimos, el espectáculo se canceló por un poco de lluvia previo de la hora de inicio del evento y con pena nos resignamos a que nos devolvieran el dinero de las entradas. Nosotros como mexicanos todavía tenemos más oportunidad de volver y verlo, pero para todos los visitantes japoneses, franceses e italianos fue una oportunidad perdida.

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Al día siguiente, temprano por la mañana, visitamos las ruinas caminando de la puerta del hotel a una entrada que se encuentra a unos pasos donde está la taquilla para poder ingresar a Chichén. Nuestro guía recomendado por el hotel, don Víctor González, un hombre maduro con cuarenta y cinco años de experiencia como guía, no sólo de Chichén sino de todas las ruinas de la Península y también de Guatemala y Honduras, ya nos esperaba, un verdadero profesional y conocedor que nos hizo muy amena la visita mostrándonos y enseñándonos cosas nuevas para los que fuimos.

Como digo, un profesional experimentado que cuando nos mostró detalles de los relieves que se encuentran en el juego de pelota, nos los señaló con un rayo de luz que él manipulaba con la mano pegada al pecho, esto para dirigir la mirada a un punto específico de lo que nos estaba explicando; la sorpresa fue cuando vimos que el rayo de luz venía del espejo que se encontraba al reverso de su credencial de guía y que era luz del sol. Suena tonto pero, acostumbrados a la luz de los celulares, utilizar un medio tan natural nos sorprendió.

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Las ruinas, maravillosas, aunque hay que comentar que están llenas de vendedores ambulantes por todos los pasillos, ofreciendo cualquier cantidad de vaciladas, como los silbatos que al soplarlos rugen como el jaguar, pasando por una gran cantidad de cráneos de cerámica pintados de las más diversas formas, tallas en madera de cedro de juegos de pelota, calendarios mayas, máscaras de jaguar o de ídolos, pirámides de resina junto con decenas de otros objetos. También es de sorprenderse lo que nos comentó don Víctor, que son más de dos millones de visitantes los que recibe Chichén Itzá al año.
 
Fue muy divertida y entretenida la visita que realizamos. A mí en lo personal, me gusta la arqueología y leer sobre los viajes de arqueólogos que fueron redescubriendo estas ruinas. De la gran mayoría se tenía idea de su existencia, pero todas estaban cubiertas de vegetación y difíciles de acceder, esto las hacía prácticamente invisibles, sobre esto hay que leer el libro con los textos de John Lloyd Stephens y los dibujos de Frederick Catherwood. Estos dos exploradores volvieron a poner en el mapa todas estas ciudades mayas; es en 1842 cuando se publica su libro “Incidents of Travel in Yucatán” (“Viaje a Yucatán” en español y publicado en 1848). El gran escritor Edgar Allan Poe comenta del libro de Stephens y Catherwood que… “Quizás sea el libro más interesante de viaje jamás publicado…”. Las primeras ediciones en inglés las hemos subastado entre $10,000 y $15,000 pesos. También hemos vendido el libro monumental de las cromolitografías de Catherwood “Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and Yucatán”, Londres 1844, en más de $400,000 pesos; todas las cromolitografías son una joya y también las hemos subastado sueltas, alcanzando precios de $8,000 a $10,000 pesos.

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Hay muchos más visitantes extranjeros viajeros que trabajaron y que reconstruyeron muchas de las ruinas, tanto en el siglo XIX como principios del siglo XX. Uno de los más famosos es Sylvannus Morley quien fuera jefe de la expedición enviada por el Instituto Carnegie de Washington en el año de 1925 (pidieron permiso para cavar y reconstruir al gobierno de México en 1924, pero por la Revolución Mexicana no obtuvieron los permisos sino hasta el año siguiente). Estuvieron más de diez temporadas y fueron los que reconstruyeron el “Templo de los Guerreros” en Chichén Itzá, a este arqueólogo, Morley, se le consideraba que era un espía del gobierno de los Estados Unidos y según dicen, fue el modelo de arqueólogo, viajero y explorador en el que se basó Steven Spielberg para crear a su personaje de película, el famoso Indiana Jones, actuado por Harrison Ford. Morley tiene varios libros sobre sus temporadas en Yucatán y Centro América, el más famoso es “La Civilización Maya”.

Para los que les interese saber sobre estos temas, hay mucho escrito por prácticamente todos los que vinieron a trabajar y excavar en los sitios de nuestro país, con fotografías, grabados y dibujos para darnos una idea de lo difícil que muchas veces era llegar a los sitios, hay que ubicarse en la época, no había caminos, había que entrar a la selva a machetazos para encontrar el lugar que alguien había “platicado” o “escuchado” o que habían visto algunos vestigios, lidiar con toda clase de animales, mosquitos, víboras, cargando el equipo y víveres a lomo de mula por lugares donde no sabían si iban a encontrar agua o alimento para las mulas y para ellos mismos. Muchos de ellos muy entregados a esa pasión de encontrar y rescatar lo que fueron esas antiguas civilizaciones. Son lecturas fascinantes que ayudan a comprender a los que iban a buscar los tesoros y a los que dejaron esos tesoros. Libros sobre viajeros pueden ser buen regalo de Navidad.

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