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Artemisa y la justicia electoral

Lourdes Morales Canales

Artemisa Gentileschi fue la primera mujer en conseguir un lugar en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Con tan solo 17 años de edad, su obra daba muestras de un excepcional talento. Su estilo conjugaba las enseñanzas de su padre Orazio y el estilo barroco contemporáneo del legendario Caravaggio. Pero ser mujer y artista en un mundo controlado por hombres la enfrentó muy pronto a la injusticia. A los 18 años fue violada por Agostino Tassi, su profesor de pintura. Su denuncia tardaría un año en aparecer, motivo por el cual Artemisa padeció el descrédito de quienes opinaban que la relación había sido consensuada. Cuando el padre denunció al agresor ante un tribunal papal, la artista fue sometida a un humillante examen ginecológico y a sesiones que buscaban confirmar si los dichos se sostenían bajo tortura. Tassi fue acusado por tentativa de asesinato, incesto en contra de su cuñada, violación y robo. Solo así le dieron una pena menor de cárcel con opción al exilio. En esos años, la lucha de Artemisa por la justicia y su pasión por la pintura la llevarían a plasmar su obra más famosa: “Judith decapitando a Holofernes”. Bajo la mirada de Artemisa, el conocido pasaje bíblico es una especie de justicia por propia mano. El lienzo de casi dos metros refleja con crudeza a la heroína de Israel que con ayuda de su doncella hunde la espada en el cuello de un Holofernes alcoholizado, sometido y pronto agonizante sobre su lecho ensangrentado. Su vida a merced de las dos mujeres.

Pasarían años antes de que Artemisa Gentileschi encontrara el reconocimiento que merece en el mundo de las artes. Su historia y su obra protagonizada por Lucrecia, Cleopatra, Betsabé y otras mujeres fuertes y victoriosas, sería fuente de inspiración para las luchas feministas de los años setenta.

En algunos lugares del país, las normas del México de hoy se aplican al estilo de la Italia del siglo XVII. Solo así se explica que un personaje como Félix Salgado Macedonio, con acusaciones de violación y ejercicio de violencia por razones de género, sea el candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero. Solo así se explica que los dirigentes de ese partido ignoren las exigencias de valientes militantes, funcionarias y diputadas de Morena que han pedido a sus líderes un poco de congruencia.

El año pasado, la legislatura que se hacía llamar “de la paridad de género” aprobó una serie de reformas que garantizan el ejercicio de derechos políticos de las mujeres. Una de las más importantes aportaciones fue la definición de violencia política en razón de género. Esta es toda acción u omisión basada en elementos de género y ejercida dentro de la esfera pública o privada, que tenga por objeto o resultado limitar, anular o menoscabar el ejercicio efectivo de los derechos político y electorales de una o varias mujeres, el acceso al pleno ejercicio de las atribuciones inherentes a su cargo labor o actividad, el libre desarrollo de la función pública, la toma de decisiones y la libertad de organización.

La ley contempla las conductas que constituyen una infracción así como la aplicación de medidas cautelares y de reparación hacia las víctimas. También incluye la obligación de los partidos de sancionar todo acto relacionado con violencia política de género.

Desde la aprobación de la reforma, cerca de 300 casos han ido a a parar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En Sinaloa y Tlaxcala se impidió la acción y reelección de políticos misóginos. Están por resolverse casos como el de la indígena zapoteca Reyna Miguel Santillán, del Comité de Participación Ciudadana de Oaxaca, quien ha sido descalificada con infundios y excluida de las decisiones de su colegiado. El caso Salgado Macedonio también podría terminar en el TEPJF. Quizá entonces gane la justicia.

 

Coordinadora de la Red por la Rendición de Cuentas.
@louloumorales

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