Para resolver un problema de carácter nacional es vital el diagnóstico . Si uno correcto no avala su solución uno equivocado menos.

En entrevista con Álvaro Delgado (SinEmbargo, 19/04/21), Santiago Creel , exsecretario de Gobernación y hoy activo miembro del grupo organizador de la coalición opositora “ Va por México ” ( PAN-PRI-PRD ), comentó que a lo largo de varios meses los dirigentes de ese grupo se reunieron en casa de Claudio X González Guajardo para armar algo que denominaron “ agenda ciudadana ”, como se llama esta añeja columna. Buscan “ reequilibrar los poderes ” y revertir su concentración creciente en manos del Presidente y su partido que intentan avasallar al poder judicial, a los organismos autónomos y a los gobiernos locales. Si en 2012 los partidos de esta coalición suscribieron con Peña Nieto un “Pacto por México” que, con todo y sus 95 compromisos resultó un fracaso, esta vez buscan una coalición de “largo plazo” con una plataforma electoral más compacta, de sólo 30 compromisos.

Según dicha entrevista, el primer compromiso y que por encabezar la lista se le puede suponer el más urgente, es “ desmilitarizar al país ”. Pero si este es, según el grupo opositor, el primero de los grandes problemas del país puede ser que su diagnóstico tenga una falla de origen: no coincide con el de los ciudadanos de a pie. Según la última encuesta del INEGI sobre seguridad (ENSU), el 66.4% de los mexicanos mayores de 18 años considera insegura la ciudad donde vive, pero ve como “muy o algo efectiva” el actuar de la Marina (87.5%), del Ejército (84.9%) y de la Guardia Nacional (75.1%) en la tarea de prevenir o combatir a la causa de esa inseguridad: la delincuencia.

Y hay algo más, afirmar que México marcha camino a la militarización no se corresponde con las definiciones. Por ejemplo, A. Bickford en la Encyclopedia of the Social & Behavioral Sciences (2015), señala que a la militarización se le define “como la preparación cultural, simbólica y material para la guerra… trata de transformar a los civiles en soldados, y mediante la creación de determinado tipo de soldados, la creación de determinado tipo de hombres y mujeres… Se trata de la reproducción del Estado a través de los valores e identidades militares; y de la naturalización de la creatividad y (re)producción de la violencia del Estado en y mediante el conjunto de sus ciudadanos”. Obviamente esta descripción del fenómeno no cuadra con la realidad mexicana.

En 2020 México tenía una población de 126 millones, de ellos 1,427 193 tenían una plaza en el gobierno federal y de ese total sólo 321,482 (22.5%) pertenecían a las fuerzas armadas (FA). Por nuestra situación geopolítica , la probabilidad de que México tenga que enfrentar a un ejército invasor es casi nula. Por otro lado, del conjunto de servidores públicos, las FA constituyen el contingente más disciplinado y preparado del gobierno federal para enfrentar la violencia de los cárteles de la droga, pero también para poner orden en aduanas y puertos, construir en tiempo y dentro de presupuesto aeropuertos y otras obras públicas y sin que ello se corresponda con el concepto de militarización.

El único ensayo de militarizar al país

lo llevó a cabo el Gral. Victoriano Huerta entre 1913 y 1914. Supuso que así podría detener el avance de la Revolución. El intento fue claro y brutal, se derramó mucha sangre, resultó en un fracaso total… y en una lección: ni el gobierno ni el ejército ni menos la sociedad mexicana están para repetir tamaño error histórico. La militarización no está entre nuestros grandes problemas nacionales, pero si la pobreza, la corrupción, la violencia criminal, la desigualdad, el clasismo. Esos son problemas nacionales reales que debemos enfrentar y no el supuesto militarismo.

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