El precursor

Lorenzo Meyer

El navismo se desarrolló como reacción a un entorno dominado por el estilo caciquil de Cedillo, Santos y Barrios

En San Luis Potosí (SLP) Camilo Arriaga y su Partido Liberal contribuyeron a poner fin al Porfiriato y hoy, en El navismo o los motivos de la dignidad: una tradición democrática regional (2021), Tomás Calvillo Unna vuelve a situar a SLP, pero esta vez al del Dr. Salvador Nava, entre las fuerzas que otra vez han contribuido a superar el autoritarismo.

Calvillo muestra cómo un médico oftalmólogo de una ciudad del centro de México, armado sólo de convicciones y sensibilidad para pulsar las cuerdas que movilizaron a sectores medios y a trabajadores urbanos, enfrentó a una “dictadura imperfecta”. Su historia descubre los alcances y límites de un singular esfuerzo democratizador en un ámbito local. Nava murió en 1992 cuando el PRI aún retenía el palacio del gobierno de SLP, pero su viabilidad ya no existía.

El navismo se desarrolló como reacción a un entorno dominado por el estilo caciquil de Saturnino Cedillo, Gonzalo N. Santos y Jonguitud Barrios. El descontento encontró a su líder en un médico que se movía con soltura lo mismo en el ámbito universitario que en el de la clase media y en el de los trabajadores que acudían al consultorio.

Una vez decididos a luchar en contra del caciquismo, Nava y su grupo optaron por actuar dentro del PRI sin aceptar sus prácticas como la mejor vía de llegar a gobernar la ciudad de San Luis. En 1959, y después de vencer resistencias internas, una movilización pluriclasista depositó al Dr. Nava en el palacio municipal.

En 1960 una gestión urbana eficaz y transparente llevó a Nava a plantearse una meta más ambiciosa: la gubernatura. Ahí topó con la regla central de todo sistema autoritario: que a los círculos superiores del gobierno sólo acceden aquellos a los que les franquea la entrada no el voto sino la voluntad suprema, en México, la del Presidente. En septiembre de 1961 —siete años antes de Tlatelolco— el ejército llegó con fuerza aplastante a SLP, reprimió a los navistas y apresó a su líder. Como esa “lección” no resultó suficiente, en febrero de 1963 la Presidencia la repitió: volvió a capturar a Nava y esta vez lo torturó. El navismo pareció desaparecer en tanto que las razones que lo hicieron surgir permanecieron. Pese a que nunca se calificó de militarista al régimen priísta, era claro que sin el ejército para reprimir a aquellos a quienes la negociación o la corrupción no cooptaba, no hubiera durado lo que duró.

Como persistieron las causas que le habían originado, el navismo resurgió en 1981, recuperó la presidencia municipal y volvió a intentar ganar la gubernatura. Esta vez lo hizo vía un Frente Cívico Potosino (FCP), que apoyó una pluralidad opositora nacional: PAN, sinarquismo y finalmente PRD.

Carlos Salinas se vio forzado a aceptar un gobernador del PAN en Baja California en 1989 pero se negó a hacerlo en 1991 en SLP donde sostuvo a su enviado, Fausto Zapata, un potosino sin arraigo que apenas pudo sostenerse 15 días en el cargo. Una marcha por la dignidad encabezada por Nava y una manifestación de mujeres lo anularon. Volver a recurrir al ejército en SLP era ya inviable por las mismas razones que en 1994 Salinas desistió de emplearlo para acabar con el EZLN en Chiapas.

El navismo surgió en plena Guerra Fría, pero como se limitó a demandar sólo democracia política sin repudiar la estructura social, el régimen no pudo atacarlo con su arma ideológica favorita: el anticomunismo. En cambio, el navismo de los 1980 sí pudo apoyarse en la “tercera ola democrática” latinoamericana.

La muerte reclamó al Dr. Nava cuando ya estaba en posibilidades de hacer realidad su proyecto original y quizá algo más. Sin embargo, como en el caso de Camilo Arriaga, él y SLP, Tomás Calvillo sostiene que el Dr. Nava debe ser recordado y reconocido por su contribución antiautoritaria, democrática
 

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