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19/04/2020
01:45
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Jurgen Habermas, filósofo alemán, consideró que su tarea como intelectual era “mejorar el lamentable nivel de discurso de las confrontaciones públicas” (Babelia 09/04/20). A ese célebre miembro de la Escuela de Frankfurt, le sería difícil cumplir su tarea en el actual tiempo mexicano. Aquí y hoy el tono de la confrontación pública no puede elevarse porque la furia le mantiene a ras de suelo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha declarado que ve a sus oponentes como adversarios, no como enemigos. Sin embargo, desde la orilla opuesta, muchos han optado por posicionarse como auténticos y duros enemigos del gobierno, de su “Cuarta Transformación” (4T) y su liderazgo.

Carl von Clausewitz, (1780-1831), militar prusiano, consideró a la guerra como un tipo de política. Siguiendo la lógica del general y teórico de su oficio, cierto tipo de coyunturas políticas son guerras por otros medios. Ese es el caso de México hoy en la relación entre la 4T y quienes desean terminar con ella.

Hoy, toda decisión importante del gobierno en torno a la crisis provocada por el Covid-19 es puesta en duda y sometida a una crítica más destructiva que constructiva por los enemigos de la 4T. En este momento lo que ya se perfila como otra decisión importante y por ello como futuro campo de batalla política es la decisión de cuándo y cómo debe llegar a su fin el “quédate en casa” y permitir que el sistema económico vuelva a operar para intentar recrear la normalidad que sustituirá a aquella que la pandemia interrumpió de manera tan inesperada y brutal ¿Hasta qué punto esa normalidad puede y debe ser similar o distinta de la que había hasta el inicio del año?

Una posición interesante es la elaborada por el semanario inglés The Economist (04/04/20) y se resume así: frente a la pandemia, y según varios modelos desarrollados en centros de investigación, el costo de no hacer nada hubiera sido mayor que el costo ocasionado por las medidas de “distanciamiento social” que interfirieron con casi todas las relaciones sociales rutinarias. Sin embargo, “algún día, el hacer [interferir] menos tendrá sentido” En otras palabras, bien por el frenazo que salvó vidas pero hay que volver a echar a andar la actividad económica a plenitud incluso antes de que la pandemia concluya del todo, pues si bien cada día que pasa “quedándose en casa” disminuye la capacidad de expansión del virus, es también un día en que aumenta el costo económico de la medida y afecta negativamente no sólo al capital sino a millones de trabajadores y pequeños negocios.

Para preparar nuestro propio retorno a una nueva normalidad en medio de la polarización política, conviene estudiar de cerca el caso de otra sociedad igualmente polarizada: Estados Unidos. Al llegar el virus al país vecino, su presidente se manifestó inicialmente por no hacer nada, pero finalmente los pronósticos de los modelos de expansión de la pandemia lo llevaron a aceptar el “quédate en casa”. Hace un mes (22 de marzo) propuso mantener el confinamiento por sólo 15 días y evitar que “saliera más cara la cura que la enfermedad”, pues el Fondo Monetario calculaba en 6% la caída del PIB norteamericano, (para México, la cifra era 6.6%), (IMFBlog, consultado 16/04/20).
Ante la falta de apoyo del establishment epidemiológico, en particular del ahora célebre Dr. Anthony Fauci y del gobernador de Nueva York, Andrew Mark Cuomo, cuyo estado ha sufrido el peor embate de la epidemia, el presidente reculó, aunque no sin dejar saber su malestar por la imposición de políticas sanitarias que “dañaban a la economía”, (The New York Times, 23/03/20), y es que el desempeño de la economía y la campaña de reelección del presidente están ligados.

Con renuencia, el mandatario norteamericano pareciera haber optado por dejar en manos de cada gobernador la decisión de cuando y como levantar las cuarentenas. Todo indica que será por regiones. Las menos afectadas la levantarán primero y con modalidades y otras, como Nueva York, la mantendrán por más tiempo pese al costo.

En México, lo más duro está por venir, pero examinando el mapa de la infección por municipios, es muy posible que las restricciones en torno a la “sana distancia” recomendadas por la Secretaría de Salud se mantengan por más tiempo en los estados y municipios que, según el monitoreo oficial, son los mayores focos de infección: el Valle de México, Puebla, Monterrey, Guadalajara, Cancún, Tijuana y Mexicali. Se abre la posibilidad de que esta decisión se tome y se acepte con base en cifras y datos, pero dado lo polarizado y lo encrespado del ambiente en que las decisiones se tienen que tomar y de sus resultados inmediatos en relación a contagios, medidas de seguimiento y fallecimientos, es igualmente posible que el tema se politice y se convierta en otro frente más de la política como guerra que vivimos en México. Ojalá la emergencia llevara, como sugirió Habermas, a elevar el nivel de discurso de las confrontaciones públicas, pero eso es casi un imposible.

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Lorenzo Meyer Agenda ciudadana
Profesor emérito de El Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT. Licenciado en relaciones internacionales por el Centro de Estudios Internacionales de...