Desde que López Obrador llegó al gobierno se ha venido repitiendo hasta el cansancio una mentira con la que se han sustentado todos sus intentos de reforma electoral (que, en realidad, han buscado minar la autonomía del INE y la integridad de los procesos electorales): que las elecciones en México son las más caras del mundo.
Se trata de una cantaleta, falaz, que todavía hace un par de días, la presidenta Sheinbaum retomó como eje de la iniciativa de reforma que, dijo, presentará (ahora sí) la próxima semana. “Que disminuyan los costos porque México tiene las elecciones más caras del mundo”, dijo apenas el martes pasado.
En los últimos siete años y medio sólo una vez López Obrador se atrevió a presentar en su conferencia matutina una gráfica con datos comparados —incorrectos e incompletos— con los que pretendió justificar esa descalificación al sistema electoral mexicano. Sheinbaum ha seguido el mismo libreto gastado y mentiroso, sin ofrecer ninguna evidencia y repitiendo una y otra vez el mantra morenista hasta el cansancio.
Nadie sostiene que las elecciones en México no cuesten. Pero existen razones para ello: en ningún país se le pide a la autoridad electoral que despliegue tantos controles y mecanismos de vigilancia para inyectar certeza a las elecciones como ocurre con el INE (piénsese sólo que el trabajo de campo para reclutar y capacitar a los funcionarios de casilla es el más grande que realiza el Estado mexicano, solo detrás del Censo General de Población).
Que las elecciones mexicanas cuesten más que en el resto del mundo es una mentira. El costo de las elecciones federales de 2024, a cargo del INE, fue de $8 mil 803 millones de pesos (unos $511.4 millones de dólares), que nos da un costo por elector de $5.19 dólares (tomando en cuenta que el padrón tenía 98.5 millones de posibles votantes). Un estudio comparado de Forbes (https://bit.ly/4aGgUgE) revela que el costo de las últimas elecciones generales en Brasil ascendió a $859 mdd ($5.81 USD/elector); en Argentina a $240 mdd ($6.68 USD/elector); en Perú a $250 mdd ($9.89 USD/elector); en Ecuador a $91 mdd ($6.6 USD/elector); en Uruguay $14 mdd ($5.73 USD/elector); en Paraguay a $80 mdd ($16.73 USD/elector); países todos en los que el costo relativo de las elecciones es mayor que el de México.
Además, la obsesión morenista por el costo del INE, no resiste una comparación seria con algunos de los despilfarros o malos manejos de recursos públicos que han cometido sus gobiernos federales. Dos ejemplos contundentes develan el tamaño de la patraña.
Uno: Según cálculos de Carlos Urzúa en una entrevista a EL UNIVERSAL (https://bit.ly/4aDHUgF), la arbitraria decisión de López Obrador de cancelar el NAICM, por sí sola, tuvo un costo para el erario de $331mmdp, lo que equivale al gasto total del sistema electoral (INE+TEPJF+OPLEs+Tribunales locales+financiamiento público a los partidos) de los 10 años que van de 2014 a 2024. ¡Un carpicho presidencial costó lo mismo que diez años de democracia en México!
Si el cálculo del costo del no-aeropuerto hecho por Urzúa parece exagerado, bueno, pues los $113 mmdp en los que cifró la ASF el boquete al erario por ese concepto (luego de ceder a las presiones y amenazas de AMLO para que redujera drásticamente el cálculo inicialmente hecho), es equivalente al costo total del INE durante los primeros 8 años de su existencia.
Dos: La misma ASF acaba de señalar en su revisión de la cuenta pública 2024 que las irregularidades no aclaradas por los gobiernos morenistas ascienden a $65 mmdp, es decir 3 veces más que el presupuesto total del INE de ese año cuando se realizaron las elecciones más grandes de la historia del país.
Eso por no decir que en 2026 el presupuesto del INE ($14.09 mmdp) representa apenas el 0.14% del total del PEF ($10.19 billones de pesos), 14 centavos de cada 100 pesos.
Datos duros frente a la demagogia autoritaria.
Investigador del IIJ-UNAM. @lorenzocordovav

