“El trabajo dignifica al hombre” (podríamos decir que a las personas), esa es quizás una de las frases más recordadas de Karl Marx. La frase tiene que ver con la forma en la que cada una de nosotras y nosotros se gana la vida y el papel que jugamos en la sociedad. Es por eso que poner este espacio en el centro de acciones y políticas públicas de una administración, cambia no solo espacio laboral, sino que mejora la vida entera de las personas. Y eso es justamente lo que se ha hecho desde la administración federal pasada y que continúa en esta.

Es importante recordar el aumento al salario mínimo que desde el 2019 el ex presidente López Obrador llevó a a cabo. Gracias a esta y otras medidas, 6.64 millones salieron de la pobreza gracias a los aumentos en el salario mínimo. Mientras que fe 1995 a 2017 se pasó de 18 a 80 pesos la jornada laboral (es decir, un mínimo del mínimo que no alcanzaba para nada), de 2018 a 2026 (a partir de la llegada de la Cuarta Transformación), se pasó de 86 a 315 pesos.

Antes de 2018, los gobiernos priistas y panistas sostenían que si se subía el salario iba a desatarse una inflación sin precedentes en el país y que tal cosa colapsaría la economía, a esta conclusión llegaban los organismos internacionales monetarios y acá solo se les daba la razón. de 2018 en adelante el aumento no solo no ha colapsado la economía, ha logrado que miles de personas salgan de la pobreza y puedan visualizar un futuro distinto para sus familias.

El segundo semestre del año pasado legislamos a favor de la llamada ley silla, que no es otra cosa (muy simple y aparentemente lógica pero que hubo que legislar para que sea un derecho y no una opción) que obligar a los empleadores a brindar una silla con respaldo a las personas que laboran la mayor parte de su tiempo de pie. Parece muy lógico pero no lo es, y es que permanecer de pie mucho tiempo provoca desde dolores de espalda y rodillas, várices y problemas circulatorios, fatiga crónica y afectaciones a largo plazo en la salud, es por que esta ley busca proteger la salud, la dignidad y los derechos laborales.

Y la cereza del pastel, la reducción de la jornada laboral de 40 horas que fue propuesta inicialmente en el Senado por el Partido del Trabajo y que las próximas semanas se discutirá en comisiones de la Cámara Alta. La propuesta busca reducir gradualmente la jornada laboral máxima de 48 a 40 horas semanales con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas trabajadoras, fomentar un mejor equilibrio entre vida laboral y personal y alinear la legislación laboral con estándares internacionales de trabajo decente.

La verdad es que este es un paso en el México va tarde, países europeos y de América Latina ya cuentan con esta reforma pues se están poniendo las necesidades de las personas para mejorar más aún sus condiciones de vida y lograrlo, pasa necesariamente por esta reducción.

Uno de los éxitos más grandes de esta Cuarta Transformación es haber reconocido estas necesidades, pero no solo eso, haber hecho lo posible para que se llevaran a cabo, dejando de lado pretextos como la inflación o cualquier otro cosa. Mientras la oposición no deja de lamentarse en silencio por no haber hecho nada para lograrlo, nosotras seguimos adelante en la conquista de más y mejores derechos laborales.

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