El Waterloo de López Obrador

Lía Limón García

El zócalo se llenó a pesar de la pandemia. La marcha del 8M del 2021 ha sido la única movilización multitudinaria desde marzo del 2020 cuando después de marchar, el COVID nos obligó a guardarnos. Ha habido muchos temas que han generado discrepancia con el gobierno, pero ni una sola causa provoca mayor movilización hoy en día que el descontento de las mujeres contra la violencia sistemática de género, los feminicidios, las violaciones y la impunidad, la constante vulneración a nuestros derechos y un gobierno exterminador de los programas y políticas que estaban enfocados a atender a la mujer.

La imposibilidad estructural de vivir en condiciones de igualdad y la falta de una agenda de género que garantice políticas, presupuesto y programas en beneficio de las mujeres.

Las mujeres nos hemos sentido constantemente agredidas e ignoradas por el presidente y la causa que hoy nos convoca moviliza a cientos de miles de mujeres que genuinamente han decidido salir a pelear por sus derechos. El mensaje es claro: nuestro mayor temor no es el COVID sino la otra pandemia, la de la violencia contra la mujer.

La mayoría de quienes llenaron las calles del centro de la CDMX y el zócalo eran mujeres jóvenes, en edad universitaria, hartas de no poder vivir en paz y de no ser escuchadas “queremos poder salir a las calles sin miedo a que nos maten o nos violen” decían muchas de ellas. Seguramente la gran mayoría de las que ahí estaban han sido víctimas de alguna agresión, de acoso, de violencia y muchas de abuso o violación. Todas tienen una historia que contar y que explica su presencia: la joven de 25 años que de niña que fue abusada por el esposo de su abuela y que denunció hace un año sin ninguna respuesta por parte de las autoridades; la mujer cuya hija fue violada y golpeada a los 4 años; la hermana de la que fue asesinada y encontrada en una bolsa de plástico; la que fue golpeada por el novio hasta dejarla inconsciente y cuya denuncia sigue sin avanzar en la fiscalía de la CDMX; la que está harta de vivir acoso en el transporte público todos los días, la que quiere salir vestida como le dé la gana sin que su vestimenta sea el pretexto para que le falten al respeto; la hermana, la prima, la amiga…todas con causa justificada…para marchar nos sobran los motivos.

Que el presidente siga pensando que son mujeres manipuladas por grupos conservadores que buscan desestabilizar su gobierno y frenar su “proyecto de transformación” quiere decir que no oye, no ve y peor aún, que carece de asesores que le digan la verdad.

No he visto un movimiento más genuino que lo que vi este lunes y el pasado 8 de marzo del 2020. Nadie traía un discurso aprendido, había dolor, rabia, frustración, enojo y hartazgo. Porque lo que hoy se está evidenciando públicamente con casos como el de Félix Salgado Macedonio: impunidad al agresor, revictimización a las víctimas y violencia institucional, es lo que vivimos las mujeres en México todos los días.

Si el presidente no lo cree, sus giras por todo el país sirven de un carajo. Más allá de leer las cifras oficiales sobre violencia contra la mujer que son alarmantes, basta con escuchar a las que asistieron a la marcha para saber la situación. Y ante la negación de hacerlo, las mujeres serán el Waterloo de López Obrador. Se ha topado con un ejército de guerreras a las que ni las vallas, ni los gases lacrimógenos, ni su sordera podrán frenar.

Consultora y directora de LIMA Diversidad e Inclusión
@lialimon

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