Si Donald Trump ha menospreciado sistemáticamente a las Naciones Unidas ¿por qué envió a su esposa a presidir una sesión del Consejo de Seguridad? ¿Qué hay detrás de esta acción del frío y calculador presidente? La imagen parecía irreal. Melania estaba al frente del órgano creado ex profeso para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales al mismo tiempo que, del otro lado del mundo, estallaban bombas en una guerra que su propio país e Israel iniciaron fuera de los cauces del Derecho Internacional.

Cada Estado integrante de las Naciones Unidas acredita personas formadas en la diplomacia —generalmente ratificadas por las Cámaras Altas— para llevar la representación de un país. En estas sedes donde las normas internacionales priman, se tejen los acuerdos mínimos para la convivencia pacífica. Hoy, sin embargo, en un tiempo de barbarie, la experiencia diplomática se menosprecia y se pretende arrumbar, injustamente, al lado de objetos de utilería. La irrupción de Melania es una afrenta.

Ningún líder mundial antes, en los 80 años de vida de las Naciones Unidas, había pensado, ni en un lejano sueño, enviar a su esposa a presidir el Consejo de Seguridad. Ni Mitterrand a Danielle, ni Obama a Michelle, a pesar de la sobrada preparación de ambas.

En su momento, Eleanor Roosevelt participó en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero ya no era primera dama. Hizo un trabajo extraordinario no en solitario, sino como líder de un grupo de diplomáticas que contribuyó a reconstruir con normas el mundo después de la segunda guerra.

La presencia de Melania en el Consejo de Seguridad ya quedó registrada junto a las poquísimas mujeres que lo han presidido, no por ser esposas de, sino por propios y sobrados méritos. Ahí están Jeanne Martin Cissé, de Guinea, en 1972; Madeleine Albright en su carácter de Embajadora de los Estados Unidos ante Naciones Unidas en varias ocasiones entre 1993 y 1997; Dina Kawar de Jordania en 2015 o las representantes del Reino Unido, Dame Karen Pierce, en 2018 y Dame Barbara Woodward, en 2022 y 2024. La presidencia es rotativa y dura un mes. Melania asistió a una sesión.

En el momento más crítico para las Naciones Unidas y cuando ya se habla de su posible refundación ante los embates de los poderes fácticos de las grandes potencias, dos mujeres latinoamericanas están apuntadas para suceder a Antonio Guterres: Michelle Bachelet propuesta por Chile, Brasil y México, y Rebeca Grynspan propuesta por Costa Rica. Ellas competirían, hasta ahora, con el argentino Rafael Grossi y con el senegalés Macky Sall propuesto por Burundi.

Por la celeridad que lleva el belicismo actual, es difícil saber en qué condiciones estará nuestro planeta para finales de año, momento en que habrá de elegirse al nuevo Secretario o Primera Secretaria General de la ONU. No sabemos tampoco si la fuerza de los mecanismos civilizados contenidos en todo el orden de Convenciones y Tratados se habrán de imponer a los impulsos actuales de la sinrazón y la barbarie. Si algo está claro, es que uno de los puntos a considerar en el rediseño de Naciones Unidas es el funcionamiento del Consejo de Seguridad, —ese que fugazmente presidió Melania— y que hasta ahora es un espacio en el que cinco poderosos tienen un lugar permanente y privilegiado con capacidad de veto en decisiones de impacto global, generalmente en perjuicio de los más débiles.

Catedrática de la UNAM. @leticia_bonifaz

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