Cuba es hoy más que nunca una isla aislada. Sobre el cocodrilo se ve proyectada más grande que nunca la sombra de su enemigo mayor: el imperialismo yanqui, como lo nombraba Fidel. Cuba necesita pan y futuro. El jueves pasado, el presidente Díaz Canel habló de colapso; admitió las carencias que hoy sufre la isla y abrió la posibilidad de un diálogo —entre iguales, dijo— con los Estados Unidos.
Cuba ha pasado por varios momentos críticos en su historia, pero ninguno como el que se vive hoy. Más de 6 décadas del actual régimen están llegando a su fin y veremos cómo se rediseña lo nuevo con distinta visión generacional. La mayor de las generaciones que hoy habita la isla ya vivía al momento de la revolución y está integrada por quienes tienen entre 70 y 100 años o más. A ella pertenece con 79 años un cubano universal: Silvio Rodríguez. En una entrevista, Silvio contó que la épica del Che se dio cuando él y los de su generación se estaban haciendo hombres y los adolescentes —dijo— están ávidos de grandes ejemplos. El Che fue referente para toda la izquierda latinoamericana, pero el ícono envejeció y ya es muy distante para milenials y generación zeta aún en Cuba.
Cuando Silvio escribe la canción Hombre en homenaje al Che, describe, con décadas de anticipación, a quien sería el último verdugo cuando dice: “Supiste cabalgar contra quien odia desde su torre de oro y exterminio”.
La generación de Silvio hizo esfuerzos para construir el nuevo país producto de la revolución. Estos se tradujeron en educación, salud, alimento y alegría de vivir para los que hoy tienen entre 40 y 70 años. Lo lograron a pesar del bloqueo económico estadounidense, porque la entonces Unión Soviética le entró al quite. Cuba fue gloria en el deporte, en el arte, en la cultura, en la producción de azúcar y tabaco. Sus niños pioneros construían futuro. Pero cayó el muro y con él 30 años de protección. Vino el llamado periodo especial con una escasez que se extendió toda la década de los noventa.
No todos los cubanos estaban dispuestos a nuevos sacrificios y Fidel enfrentó la crisis de los balseros que intentaban huir a Miami. El maleconazo, de agosto del 94, fue la mayor protesta masiva que se dio en la Cuba de Fidel. Aumentó la represión para los disidentes y se restringieron aún más las libertades de expresión y de reunión. La llegada de Chávez al poder en Venezuela trajo un alivio para la isla. Bolivia, durante el gobierno de Evo, también contribuyó con insumos vitales. Obama les dio un breve respiro y México siguió acompañando a Cuba con gobiernos de todos los colores.
La migración registra en los dos últimos años la cifra más alta de toda la historia cubana. Se calcula que ha salido de la isla el 20 por ciento de la población. La mayoría, jóvenes que ya no ven futuro ahí. Los mayores, con contradicciones en su corazón, ven crecer a sus nietos a través de una pantalla.
Desde fuera, algunos, anclados en la nostalgia, ven el desenlace con desilusión; otros, desde la desesperanza y, algunos más, con optimismo. Sólo esperamos que el nuevo modelo no provenga del dictado unilateral del poderoso y dé cabida a todas las voces al interior de Cuba. Ahí hay un pueblo que se ha forjado en la adversidad y ha tenido a la creatividad siempre como aliada. Sus grandes fortalezas habrán de emerger para la reinvención de un país que hoy enfrenta el mayor de los desafíos.
Catedrática de la UNAM @leticia_bonifaz

