De acuerdo con la UNESCO, en voz de su directora Audrey Azoulay, son cada vez más los estudios que coinciden en el impacto negativo que tienen las redes sociales y las plataformas digitales, en las niñas, niños y adolescentes. Desde problemas de aprendizaje, exposición a contenidos inapropiados, efectos perjudiciales en el autoestima y la construcción de identidad, hasta temas más graves como el acoso, el robo de identidad y/o el uso ilegal de su imagen.

En consecuencia, los países más desarrollados han dado pasos importantes en la regulación del acceso de los menores de edad a las redes sociales, ya sea como consumidores de contenidos o como creadores. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Sanidad considera que es hasta los 16 años cuando una persona cuenta con los elementos para filtrar la información y hacer un uso responsable (y consciente) de las redes sociales.

Pese a todo lo anterior, el boom de las redes sociales y el entorno digital, ha marcado en su totalidad a las nuevas generaciones, quienes han dejado atrás la vida real para adentrarse todos los días en la realidad virtual. En este contexto, México se ha colocado como uno de los países con mayor penetración, a nivel mundial, en cuanto a consumo de redes sociales y plataformas digitales, entre menores de edad. YouTube se ha convertido en la plataforma predilecta, sin mayores candidatos o restricciones en cuanto a los contenidos que ahí circulan.

De hecho, en su Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales del 2024, el IFT reveló que en nuestro país el setenta y cuatro por ciento de las niñas, niños y adolescentes usan redes sociales. Esto es nueve de cada diez. Entre las plataformas más usadas, de acuerdo con este organismo, se encuentran TikTok (71%) y Youtube (59%). Y un dato muy importante es el tiempo que destinan a éstas: en promedio entre tres y cinco horas de su día.

La advertencia de la UNESCO no es fortuita. Son cada vez más los casos documentados de menores de edad que han sido víctimas de ciberdelitos (phishing, grooming), así como los indicadores de depresión, ansiedad y problemas para relacionarse con otros; producto del exceso de consumo de redes sociales y plataformas digitales. En este sentido, el debate público sobre las edades, controles parentales, contenidos y exposición de menores de edad en el entorno digital, se ha vuelto fundamental para sociedad y gobierno.

En México, no existe actualmente una ley que regule la participación de los menores de edad en las plataformas digitales y redes sociales, ni tampoco su acceso a éstas en términos de usuarios. Más allá de algunos controles parentales, un menor de edad puede subir videos y fotos al entorno digital y esta información circulará en adelante, con el infinito algoritmo de alcance que tienen los contenidos en estos espacios.

Más grave aún, si es un tercero el que lo hace, el marco normativo actual es todavía muy endeble en lo que se refiere a protección de los menores de edad. Lo anterior abre una pregunta crucial: ¿debemos regular las redes sociales en nuestro país?, sobre todo en lo que se refiere a la exposición de menores de edad en éstas. Mi postura es que sí. Y no se trata de un tema de censura. La regulación, repito, es ya una práctica común de política pública y de legislación, en los países más desarrollados.

Esta semana, desde el Congreso de la Ciudad de México presenté una iniciativa para expedir una nueva Ley de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes en entornos digitales; que tiene como objetivo salvaguardar la integridad de éstos en las redes sociales e internet, así como el uso ilícito de su imagen y el robo de datos personales. Como parte de esta ley, sostengo que es necesario establecer límites y responsabilidades para los representantes legales, instituciones educativas, plataformas digitales y creadores de contenido; porque debe haber una responsabilidad compartida, cuando se trata de menores de edad.

Esta iniciativa que ya se encuentra en la Comisión de Atención al Desarrollo de la Niñez para ser dictaminada y que fue suscrita por diversos legisladores, concibe también lo siguiente: verificación obligatoria de la edad en plataformas, filtros contra contenidos inapropiados, controles parentales robustos, medidas educativas preventivas, límites de tiempos, protección emocional y psicológica, y protección a la privacidad mediante la eliminación de la huella digital (información que se guarda en la red).

El entorno digital ha cambiado sustancialmente la forma en la que nos relacionamos, nuestros patrones culturales y la forma en la cual nos comunicamos. Por ende, la ley debe acompañar esa evolución social y tecnológica para garantizar que nuestras niñas, niños y adolescentes, estén seguros en éste espacio. Agradezco a quienes se sumaron a esta iniciativa.

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