El jueves, como la conferencia mañanera empezó a las 9:30, la vi por Canal 11. Al terminar el noticiero, que es centralmente la mañanera, empezó un interesante programa llamado “Diálogos en confianza”, un clásico de ese canal antes público y ahora abiertamente gubernamental.
El programa versaba sobre finanzas personales. La conductora, con habilidad, iba presentando testimonios de gente con algún aprieto económico y en el estudio varios especialistas hacían sugerencias del tipo: ordenar tus finanzas, pedir prestado a un familiar, revisar tu póliza de seguro. En fin, todo muy útil. Un testimonio, sin embargo, me sobrecogió. Una mujer joven con la cara sombreada narraba una historia muy triste. Su madre requería un marcapasos y antibióticos, cuyo costo, recuerdo, ascendía a 6 mil pesos diarios. La joven explicaba que acudió a la institución de seguridad social a la que estaba adscrita (no dijo cuál era) y el médico señaló que el marcapasos era urgente, sin embargo, el servicio público no se lo podía proveer.
A partir de esa vulneración de su derecho a la salud, la joven y su hermana buscaron denodadamente fuentes de financiamiento para reunir 220 mil pesos y poder dar a su madre una mejor vida, dentro de la gravedad de las circunstancias.
Me resultó muy interesante que la joven explicara que pidió un préstamo a un banco con elevados intereses y que entre eso y los carísimos antibióticos, que el servicio público no podía proveer, perdieron el equilibrio de sus finanzas. Con expresiones de dolor e impotencia criticó los tipos de interés, pero nunca se refirió al origen de su problema y es que el gobierno, que presume de darnos cobertura universal a todos, simple y llanamente la dejó desamparada.
Es interesante ver cómo las distintas sociedades tienen diferentes umbrales de desempeño para evaluar a sus gobiernos. Para la sufrida joven, el problema nunca fue el servicio público, no estuvo en condiciones de apoyar a su madre cuando lo necesitaba, lo que la llevó a un quebranto patrimonial.
Fue muy interesante ver también que, tanto los expertos como la conductora, hicieron un montón de consideraciones sobre las desventuras financieras de quien tiene una enfermedad, pero, en ningún momento, se enderezó una crítica a un sistema de seguridad social que no provee los derechos que promete. En casi cualquier sociedad europea, el hecho de que el sistema de salud no provea una cosa tan sensible como un marcapasos para permitir a una persona vivir, sería motivo de escándalo y probablemente de peticiones de dimisión de los secretarios y directores de la clínica. En México, los ciudadanos no han logrado alinear este sentido de responsabilidad que se deriva del pago de sus impuestos y las cargas sociales. La mujer en cuestión pagó impuestos, los costos provenientes del sistema y cuando lo requirió tuvo que recurrir a un banco y rascarse la sarna con sus uñas.
Esa mañana aprendí mucho de nuestra cultura política. El mexicano en promedio nunca supone que el deterioro de su vida cotidiana es responsabilidad de alguien a quien paga y finalmente no cumple, porque el dinero se gasta en cualquier otra cosa. Un gobierno que gasta 10 billones ¿no tiene los recursos para darle a esa mujer el marcapasos que requería? Esa mujer y su hija nunca pensaron que había alguien obligado a cumplir o asumieron que el gobierno es una fatalidad. Así se van diluyendo responsabilidades hasta llegar a esta paradoja de tener un Estado que concentra poder, pero no resuelve lo más elemental. Triste historia. El malo de la película resultó el banco y no quien debió haberle puesto el marcapasos.
Analista. @leonardocurzio

