La habíamos escuchado en discursos y proclamas, pero la nueva mirada de la potencia, escrita en un documento programático (la Estrategia de Seguridad Nacional), adquiere una nueva relevancia. El pensamiento de Trump se expresa con un pragmatismo crudo.
La Estrategia plantea una nueva concepción del mundo que nada tiene que ver con una lista de buenos deseos, ni con la mirada responsable de la potencia benigna que aspiraba a forjar un mundo mejor. El documento es un conjunto de prioridades guiadas por el interés nacional de los Estados Unidos. Se acabó el idealismo y las bellas palabras. Todo lo que, en principio, haga la potencia en el escenario internacional tendrá que ver con sus prioridades, dejando de lado la provisión de bienes públicos comunes o mejorar la gobernanza global.
El texto recupera la lógica del Estado nacional musculoso. En lenguaje llano, eso significa “America First”. Estados Unidos se sentirá seguro en un mundo en el cual los aliados y vecinos hagan lo que a Washington conviene. Por paradójico que resulta este replanteamiento estratégico no es intransitable para el gobierno mexicano, pues en gran medida las prioridades de política exterior de Sheinbaum, coinciden, como calca, con los puntos que los Estados Unidos plantea.
El primero es la contención de la migración. La estrategia es explícita y asevera que ha terminado la época de la migración masiva y lo que Trump llama, con cierto desparpajo, “la invasión”. El gobierno mexicano ha decidido contener la migración con fuerzas militares y sellar las fronteras sur y norte. Hasta ahora ha logrado un éxito importante en esta materia.
El segundo es detener el flujo de fentanilo y otras drogas que son consideradas una amenaza directa a su seguridad nacional. México, con algunas imperfecciones, ha decidido comprometerse con esos objetivos. Según el último informe de García Harfuch, se han detenido más de 38 mil individuos ligados a ese tráfico y el número de laboratorios que se han destruido es de 1,760. Se consigna también la destrucción de 4.4 millones de pastillas de fentanilo. Además, el gobierno ha decidido enviar (sin mecanismos legales que protejan los cánones de la soberanía del Estado) a más de 55 prisioneros para contentar a Trump.
El tercero está en curso de instrumentarse y es la renuncia a una política comercial propia, a fin de reducir el déficit que tenemos con China y otros países de oriente. Hay que recordar que el déficit mexicano con China supera los 112 mil millones y con Taiwán, Tailandia y Corea estamos hablando de más de 160 mil millones de dólares. El Congreso mexicano ha avanzado en desplegar aranceles que tendrán un impacto en el consumidor mexicano y en amplios sectores de la producción nacional. Claramente nos estamos adaptando a las nuevas prioridades de la estrategia de seguridad americana.
Es probable que algunos flecos queden pendientes, como el sugerir que no haya inversión china en infraestructura y que los sectores sensibles se abastezcan de productos americanos. Una pregunta: ¿la anunciada supercomputadora se hará con tecnología china, o tendremos que comprar la americana, con los costos que esto pueda implicar?
México, pues, parece ya alineado con esos nuevos objetivos. A diferencia de algunos países latinoamericanos México tendrá menos fricciones, pues ha pagado por adelantado esta adaptación a la nueva mirada de la potencia.
Analista. @leonardocurzio

