El viaje a los Estados Unidos y el atentado contra Omar García Harfuch ponen al Presidente en una esquina complicada. ¿Cuáles son sus prioridades para usar con provecho el enorme poder que todavía tiene? Los desafíos internos y externos son de tal magnitud que parece inapropiado usarlos para machacar a las instituciones electorales, al Conapred o a la CRE, pelearse con los medios o dar rienda suelta a su anti españolismo. Tanto poder debería enfocarse a enfrentar a quienes golpean al Secretario de Seguridad capitalino y para resistirse a una invitación tóxica. Pero en un análisis realista queda claro que no lo hace porque no puede. Siempre es más cómodo pelearse con conservadores imaginarios que con el inquilino de la Casa Blanca. Mucho más práctico mandar descargas genéricas contra los delincuentes de cuello blanco que someter a organizaciones actuantes contra las estructuras gubernamentales en Guanajuato, Sinaloa, Sonora y la capital.

En el plano externo no abundaré sobre los riesgos políticos que implica el viaje a Washington. Creo que el Jefe del Estado los tiene claros. Tampoco haré una glosa de lo desequilibrado que resulta que un Presidente que polemiza por todo, sea dócil y condescendiente con quien ha agraviado al país con diatribas contra los soñadores y, a México entero, con su insultante muro. Tampoco quiero abordar lo que implica para el gobierno de López Obrador su trastabillante relación con Trump ante la eventualidad de un triunfo de Biden. En su más reciente vídeo promocional, el mandatario aspira a confundirse en el imaginario con Juárez. Recuerda que el Benemérito mantuvo una alianza con los Estados Unidos, como el gran estratega político que era, para contener la invasión francesa. En esta emulación de Juárez no está claro cuál es la amenaza europea ¿o china? que está conteniendo AMLO al someterse a un trato tan poco edificante por parte del gobierno de los Estados Unidos.

Porque lo que queda claro es que este viaje a DC es para el Presidente un acto de servicio, una obligación laboral por lo que, a su juicio, es la mejor defensa de su propio gobierno. ¿Por qué lo hace? No hay manera de suponer que este viaje no sea una imposición. El Presidente viajará como se cumple, con resquemor, la orden de un superior con la que no se está de acuerdo. DOS, dirían los militares. El Presidente ha eludido sus compromisos externos y por no viajar al exterior omitió incluso ir a Houston con motivo del nacimiento de su nieto. Ahora lo hará cumpliendo con su responsabilidad en condiciones desfavorables para su persona y su investidura.

Además del sentido de responsabilidad que demuestra por hacer algo que es visiblemente oneroso para su imagen, se corrobora un principio fundamental que ha enarbolado de forma sistemática. La política exterior depende de la política interior. Hoy ese postulado cobra una enorme relevancia. El Presidente de México debe ir (nolens volens) a DC porque la asimetría de poder no se ha reducido en su administración. Tal vez, al contrario. En seguridad, la estrategia de su gobierno no solamente no ha dado resultados contundentes, sino que exhibe debilidades fatales como el “culiacanazo”, que lo puso en una situación de deuda con los Estados Unidos. La debilidad de nuestra economía en 2020 es mucho más pronunciada que el año pasado, cuando fuimos amenazados con los aranceles. El gobierno de México, a pesar de la radicalidad de su narrativa interna, es un gobierno débil. No tiene los elementos para imponer el orden y sus contradicciones económicas y energéticas lo están llevando a un callejón.

La política exterior es un reflejo de las debilidades de la situación interna. El estilo apabullante que el mandatario exhibe para enfrentar al Conapred o al INE, no tiene nada de heroico cuando al mismo tiempo se pliega a una voluntad externa de una forma tan poco disimulada. La fuerza política legítima sirve para enfrentar los desafíos internos (el crimen organizado) y externos (la relación con Trump) no para desahogar añejas pasiones. Cumplirá con su obligación masticando su orgullo, pero hoy sabe que poner en orden al país (no polarizarlo) es su principal seguro para evitar presiones externas. Lo dijo y tenía razón. Hoy lo experimenta en carne propia.

Analista político. @leonardocurzio

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