La historia del fenómeno migratorio a través de México en los años de Andrés Manuel López Obrador es un catálogo de omisiones y abusos. Sobran motivos para preocuparse—e indignarse. Es aberrante la desesperación de los migrantes en la frontera sur de México, donde Tapachula es escenario de incontables atropellos, entre ellos una creciente industria de esclavitud sexual. La situación en la frontera norte no es mejor. Desde la aplicación del programa Permanezca en México, que remitió a decenas de miles de migrantes a vivir en condiciones de extremo peligro (con la colaboración del gobierno mexicano), las ciudades fronterizas se han llenado de historias de sufrimiento. El horror de San Antonio - donde medio centenar de migrantes, en su mayoría mexicanos, murieron asfixiados – exhibió el alcance de la desesperación de quien busca llegar a Estados Unidos para poder simplemente sobrevivir.

La culminación de estos horrores es la consolidación de un negocio ilícito de tráfico de seres humanos que, de acuerdo con revelaciones recientes, ha convertido la migración por México en un peligro de proporciones inéditas. De acuerdo con un reporte reciente del New York Times, que parte del análisis de datos del Departamento de Seguridad Interior estadounidense, el tráfico de personas por México ha dejado de ser un negocio de coyotes individuales o bandas aisladas para transformarse en una horrenda industria, encabezada por el crimen organizado mexicano. El resultado ha sido una explosión en ganancias para las redes de trata. ¿De qué tamaño es esa explosión? De acuerdo con el New York Times, en el 2018, este negocio ilícito generaba 500 millones de dólares al año. Hoy, la cifra es de…13 mil millones de dólares.

De acuerdo con Guadalupe Correa-Cabrera, especialista en tráfico humano de la Universidad George Mason, el crimen organizado está aprovechando la desesperación que genera la ausencia de vías legales y expeditas para migrar. “Dada la falta de suficientes vías de migración legal para las personas desplazadas por razones económicas, sociales o crisis políticas en las Américas, y la gran cantidad de migrantes que salen de estas zonas, la mayoría de la migración a los Estados Unidos desde estos países ocurre de manera irregular o ilícita, y está diseñada por sofisticadas organizaciones de contrabando de personas”, explica Correa-Cabrera en un análisis publicado por la Universidad de Harvard.

El resultado ha sido un festín de extorsión y crueldad para el crimen organizado. “Los contrabandistas transnacionales han demostrado ser extremadamente hábiles para explotar las debilidades en la frontera de Estados Unidos”, explica Correa-Cabrera. “Han desarrollado comunicación avanzada, capacidades de inteligencia, financieras, de transporte y logísticas para facilitar el movimiento ilícito de personas—dentro del continente y de más allá del hemisferio. También han desarrollado nuevos métodos de contrabando y alianzas más sólidas con el crimen organizado (incluido el narcotráfico)”. El panorama migratorio, dice la experta, es ahora “significativamente más peligroso”.

El reporte del New York Times describe un sistema bien aceitado, que incluye el reclutamiento agresivo de conductores de camiones para el contrabando, muchos de ellos menores de edad, que hacen lo que tienen que hacer bajo amenazas. Las redes extorsionan de manera cotidiana, y no se tocan el corazón para torturar a quien, por alguna razón, no puede pagar lo que se exige.

El problema es tan grande que Correa-Cabrera recomienda desarrollar una estrategia inédita para desmantelar esas nuevas redes de tráfico humano que involucre a diversas agencias dentro del gobierno estadounidense. “El objetivo final es debilitar y disuadir a las organizaciones de tráfico de personas a través de acciones específicas. calculadas para tener los mayores efectos que desestabilicen y desmantelen”, explica. Esto, dice, debe ser “prioridad de seguridad nacional”.

Este diagnóstico nos obliga a poner el drama en toda su perspectiva moral. Imagine el lector a un migrante que se ha endeudado hasta con lo que no tiene para ir al norte. No le queda nada, más que sueños y deudas. Ahora imagine a esa persona -indefensa, desconcertada, desprotegida por completo- en las garras de esos criminales que han hecho de México un cementerio. Imagine usted que ese migrante es un niño, o una joven mujer.

De ese tamaño, la atrocidad.

@LeonKrauze

 

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