Para todos, salvo los trumpistas más devotos, estos son días de indignación en Estados Unidos. La conducta desaforada de las fuerzas federales en Minneapolis —una suerte de ejército paramilitar sin precedentes en la historia moderna del país— ha comenzado a pasarle factura a Donald Trump. El presidente ha gobernado como si jamás fuera a dejar el poder. Se equivoca. Salvo un colapso indeseable e improbable, Estados Unidos sigue siendo una democracia. Y en democracia, los abusos cuestan.
La pregunta es si el péndulo político empieza ya a moverse. Un par de elecciones en Texas el fin de semana ofrecen algunas pistas porque revelan algo más profundo: un problema serio de entusiasmo y de coalición para los republicanos, incluso en territorios que daban por seguros.
En la Cámara de Representantes, la victoria demócrata en el distrito 18 de Texas —un escaño tradicionalmente demócrata en Houston— no sorprende, pero sí aprieta los números en Washington. La mayoría republicana queda en 218 contra 214, con más elecciones especiales por venir. En un Congreso ya caótico, cada voto disidente pesa más y el margen para gobernar se reduce.
Pero la verdadera alarma está en otro resultado: el distrito 9 del Senado estatal de Texas.
Ahí sí ocurrió algo extraordinario. Se trata de un distrito que Trump ganó por 17 puntos en 2024, en el corazón del condado de Tarrant, durante décadas un bastión republicano. Y aun así, un candidato demócrata sin experiencia política previa derrotó con amplitud a su rival. Ganó por 14 puntos. Un giro de más de 30 puntos respecto a la última elección presidencial.
El dato adquiere todavía más peso si se recuerda que los republicanos no habían perdido una elección en Tarrant desde hace 35 años. ¿Algo todavía más notable? La candidata republicana gastó diez veces más que su rival durante la campaña y contó con el apoyo explícito de Trump. Aun así, perdió.
La elección también ofrece lecciones sobre el futuro del voto hispano. Tarrant es aproximadamente 30% hispano. Análisis iniciales sugieren que el voto se movió entre 40 y 50 puntos hacia los demócratas respecto a 2024. En esa elección, Trump tuvo un desempeño inusualmente bueno entre los votantes hispanos en Texas, incluido Tarrant. El resultado de ahora sugiere un viraje radical.
El mensaje ha sido tan claro que voces influyentes dentro del propio Partido Republicano han comenzado a tomar nota. Figuras como el gobernador de Florida, Ron DeSantis, han advertido que resultados como este obligan a una reflexión seria de cara a las elecciones de medio término de noviembre.
Parece que el fascismo sale caro. ¿Quién lo diría?
@LeonKrauze

