Un niño o una niña que aprendió a esperar su turno en una fila, a jugar con los demás o a gestionar sus propios enojos tendrá muchas posibilidades de convertirse, con el tiempo, en un adulto con una buena salud mental. Otro menor que, por el contrario, nunca ha sido entrenado en este tipo de habilidades enfrentará dificultades para estudiar, relacionarse o encontrar un trabajo. Además, correrá un mayor riesgo de padecer trastornos de salud mental a lo largo de su vida.
El caso se complica cuando quienes carecen de este entrenamiento en autoconocimiento y autogestión de las emociones -lo que se conoce como habilidades socioemocionales- son menores nacidos en los entornos donde la violencia y la pobreza son obstáculos añadidos. La situación se agrava aún más cuando tenemos en cuenta el escenario del que venimos, que es el de una pandemia que ha mantenido meses a la población confinada en sus casas, esperando noticias.
La pandemia ha multiplicado por tres la prevalencia de síntomas de depresión tanto en jóvenes como en adultos en Estados Unidos, según un estudio reciente publicado en la revista JAMA. La situación de este país no es una excepción. Sus datos reflejan una realidad global: que el COVID-19 ha empeorado la salud mental de la población mundial y elevado su riesgo de sufrir patologías relacionadas con el estrés, la ansiedad o las conductas autolíticas.
México no ha sido una excepción en este sentido: mientras los colegios cerrados eran víctimas de saqueos en pandemia, los niños y adolescentes confinados perdían tiempo de formación y oportunidades para desarrollar, en contacto con educadores y compañeros, las competencias de las que dependerá su estabilidad psicológica y emocional tanto hoy como el día de mañana.
Desde AtentaMente, la organización que fundé en 2012 junto a Daniela Labra -quien hoy es directora- y otros colegas queridos y que se constituyó en asociación civil en 2013, llevamos más de 6 años trabajando mano a mano con autoridades educativas de todo el país. El objetivo común es reducir esta brecha de desigualdad y sufrimiento que genera la falta de habilidades psicoemocionales en niños y adolescentes, ahora más que nunca.
Las formaciones que impartimos, tanto de forma presencial como online, se centran primero en dotar de habilidades psicoemocionales a los adultos que trabajan en entornos educativos. Lo hacemos a través de programas tan potentes como ‘Educar para el Bienestar’, que en tres años ha beneficiado a más de 13.500 directores de colegios de preescolar, profesores y autoridades de 13 Estados del país, además de impactar positivamente en la vida de más de 300.000 estudiantes.
Después, nuestros cursos se focalizan en entrenar a esos adultos para transmitir estas habilidades psicoemocionales en las aulas, a través de programas como ‘Los 10 acuerdos’ o ‘Siconautas’. El fortalecimiento del liderazgo de estos educadores viene después, con una ‘Formación en liderazgo sistémico’, que insta a las autoridades y profesores más implicados a que se conviertan en impulsores del cambio y hagan de la educación psicoemocional práctica habitual en escuelas, comunidades y municipios.
Precisamente ‘Educar para el Bienestar’, nuestro programa más ambicioso, ha sido reconocido recientemente con uno de los Premios WISE 2022, reconocimientos que concede Qatar Foundation a proyectos innovadores en educación de todo el mundo. Como mexicano y como parte implicada en esta iniciativa, desarrollada junto con las secretarías de Educación de seis Estados del país, recibir este galardón supone por supuesto un gran honor, pero, sobre todo, un fuerte impulso para nuestro compromiso, el de AtentaMente, con el fomento del aprendizaje socioemocional en la educación. Confío en que este premio sirva para acercar al mundo nuestro sueño de lograr el bienestar para todos. Ojalá que nuestro sueño sea, algún día, el sueño de todos.





