La amistad entre las naciones suele medirse en cifras. Al conmemorar más de 25 años del Tratado de Libre Comercio y dos décadas del Acuerdo de Asociación Estratégica, que profundiza la relación bilateral más allá del TLC de 1999, cubriendo la cooperación política, económica y técnica, México y Chile poseen motivos de sobra para celebrar. Los números confirman una relación madura y robusta: somos socios estratégicos, aliados comerciales y, fundamentalmente, pueblos hermanos que se reconocen desde los extremos del continente. Sin embargo, la diplomacia actual requiere trascender las hojas de cálculo. El momento histórico nos exige mirar el rostro humano detrás de cada transacción.

Nuestra balanza comercial narra una historia de éxito que merece evolucionar. Desde México, enviamos con orgullo la fuerza de nuestra industria: los automóviles que transportan a las familias chilenas, las pantallas que conectan sus hogares, los tractores que trabajan sus campos y los medicamentos que protegen su salud. Chile, con la generosidad de su tierra, responde con el cobre fundamental para el desarrollo, la madera, la celulosa, el salmón y esa fruta excepcional que distingue a las mesas de nuestra región.

Poseemos economías complementarias y dinámicas. Pero el contexto global nos impone desafíos que ignoran las fronteras y nos obligan a redefinir nuestras prioridades. Junto a la urgencia climática, la modernización de nuestro Tratado de Libre Comercio sitúa en el centro del debate dos motores indispensables para el desarrollo contemporáneo: la inclusión efectiva de las mujeres en la economía y el impulso decidido a las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes).

Tanto la minería y agroindustria chilena como la manufactura y agricultura mexicana operan bajo la presión de un clima cambiante. La sequía nos afecta por igual. El éxito comercial del pasado debe dar paso a una estrategia de sostenibilidad integral. Liderar los rankings de exportación carece de valor si descuidamos el equilibrio ambiental de nuestros territorios. Del mismo modo, el crecimiento económico pierde sentido si excluimos a quienes sostienen el tejido social y productivo desde la base.

Aquí reside la oportunidad para inaugurar una nueva etapa en nuestra relación bilateral. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, guiado por los principios del Humanismo Mexicano, entiende el progreso como sinónimo de justicia social y ambiental. Por ello, invitamos a Chile a un intercambio de saberes vitales.

México ofrece su memoria milenaria. Las chinampas y la milpa representan tecnologías vivas de eficiencia hídrica y regeneración de suelos; un legado ancestral que ponemos a disposición de los agricultores chilenos. A su vez, miramos con admiración y voluntad de aprendizaje la ingeniería que Chile ha desarrollado en la gestión de recursos hídricos y desalinización, herramientas clave para asegurar el bienestar de nuestras comunidades.

Para que esta visión prospere, la modernización del acuerdo debe aterrizar en la realidad tangible. Requerimos una alianza sólida entre las empresas y el Estado para dotar de herramientas concretas a las mujeres y a los nuevos emprendimientos. Urge superar el papel y la burocracia; la discusión política debe facilitar la aprobación expedita de estos capítulos en el Congreso. Garantizar la autonomía económica femenina y fortalecer a las Mipymes significa asegurar el financiamiento y la resiliencia necesarios para nuestra transición ecológica.

Imaginamos un futuro donde nuestros ingenieros, científicos y campesinos colaboren estrechamente. Proyectamos un eje de innovación entre nuestras naciones que utilice el litio y el cobre para la electromovilidad, y la sabiduría agrícola para la seguridad alimentaria.

La verdadera hermandad se demuestra en los momentos complejos. Hoy, esa hermandad implica cuidarnos mutuamente ante la emergencia climática y cerrar las brechas de desigualdad. Que sigan llegando los barcos con productos, por supuesto, pero que traigan también soluciones. Nuestra mayor riqueza radica en la capacidad de trabajar unidos para que, en México y en Chile, la vida florezca con dignidad.

Embajadora de México en Chile

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