Por: Laura Beatriz Moreno Rodríguez

El mundo atraviesa un momento definitorio. Las tensiones geopolíticas elevan la amenaza bélica a niveles alarmantes en diversas latitudes. Frente a este panorama de polarización, la posición de México resulta clara, firme y consecuente. Bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, nuestra política exterior reafirma los principios fundamentales del Humanismo Mexicano. Apostamos resueltamente por el diálogo, el derecho internacional y la construcción de la paz comunitaria y global. La guerra genera destrucción y dolor; la diplomacia fomenta el respecto al derecho internacional.

Esta vocación pacifista tiene raíces históricas profundas que nos llenan de orgullo. Hace más de medio siglo, nuestra diplomacia logró un hito inigualable con la firma del Tratado de Tlatelolco (1967). Gracias a la visión monumental del diplomático mexicano, Alfonso García Robles, América Latina y el Caribe se erigió como la primera zona densamente poblada libre de armas nucleares en el mundo entero. Por lo que, nuestra nación se tornó la sede del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (OPANAL), que tiene por misión velar por el cumplimiento del Tratado. Aquella gesta diplomática demostró la inmensa capacidad de nuestra región para frenar la insensatez armamentista mediante la cooperación multilateral y el respeto irrestricto a la soberanía de los Estados.

Hoy, el espíritu de Tlatelolco exige una reactivación urgente y categórica. Las potencias mundiales destinan recursos económicos exorbitantes a la modernización de arsenales destructivos, desatendiendo las verdaderas urgencias de la humanidad. Nuestra propuesta plantea un cambio de paradigma absoluto. Debemos redirigir esos fondos millonarios hacia la erradicación de la pobreza, la mitigación del cambio climático y la expansión de la educación pública. Como sostiene la presidenta Sheinbaum, la verdadera seguridad global se construye atendiendo las causas estructurales de la desigualdad, garantizando derechos plenos para todas y todos.

Desde el sur global, México entiende la política exterior como el instrumento idóneo para proteger la vida y la dignidad humana. Nuestra diplomacia articula esfuerzos constantes en los foros multilaterales para exigir el desarme nuclear total y definitivo. Promovemos la ratificación universal del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares con absoluta firmeza. La proliferación armamentista representa una amenaza existencial inaceptable, vulnera los derechos humanos y frena el desarrollo integral de nuestros pueblos latinoamericanos.

La Constitución mexicana, en su artículo 89, nos mandata la solución pacífica de las controversias y la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza. Actuamos en estricto apego a este mandato supremo. Además, mediante nuestra Política Exterior Feminista, impulsamos el liderazgo protagónico de las mujeres en los procesos de mediación y resolución de conflictos. La inclusión femenina garantiza acuerdos duraderos, promueve la igualdad sustantiva y abona directamente a la reconstrucción del tejido social en territorios afectados por la violencia.

América Latina reafirma su identidad histórica y política como zona de paz. El legado inmarcesible de Tlatelolco ilumina nuestro camino frente a la incertidumbre del presente. Corresponde a nuestras repúblicas mantener en alto la bandera de la diplomacia preventiva. Construyamos juntas y juntos un orden internacional basado en la fraternidad, el respeto a la autodeterminación y el bienestar colectivo. La paz resulta el único camino viable para asegurar un futuro de esperanza y dignidad para las próximas generaciones.

Embajadora de México en Chile

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