Violar a una niña . A una menor de edad. A una vecina, a una sobrina, a una hijastra, a una hija. Matar a una niña. A una menor de edad. A una vecina, a una sobrina, a una hijastra, a una hija. Si usted ha leído hasta este tercer renglón es valiente. Son las cosas de las que no queremos hablar. Las cosas que no queremos ver. La mayor parte de los feminicidios en menores de edad ocurren después de un abuso sexual. Y en nueve de cada diez casos de violencia contra las mujeres de todas las edades, el agresor resulta una persona muy cercana del entorno. No una cercana. Una muy cercana.

El Conavim (Comisión Nacional para para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres ) cuenta para 2021, 277 casos de niñas y adolescentes muertas con violencia. Y presume, se trata de la cifra más baja desde 2017. La compara con las 290 de 2020. Sin embargo, cuando se trata de feminicidios, el número no cambia. De esas 277 muertes con violencia, ciento once fueron catalogados como feminicidios. En 2020, la cifra fue casi la misma. Según las bases de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a diciembre de 2020, ciento doce niñas y adolescentes fueron víctimas de feminicidios. En 2019, 95. En 208, 83. ¿A qué estamos jugando? En realidad, lo que disminuyó fueron las muertes con violencia, pero no las catalogadas como feminicidios.

Por tener un comparativo internacional, ya que se suele citar al feminicidio como un problema a nivel mundial, el total de mujeres de todas las edades asesinadas en España durante el año anterior fue de 78, seis de ellas menores de edad. En México, el total de mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres, igual en 2020, fueron mil cuatro, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Es importante, dijo esta semana Fabiola Alanís , titular de Conavim, durante la reunión en el Senado de la Comisión Especial encargada de dar seguimiento a los casos de feminicidio de niñas y adolescentes, “identificar dónde y cómo están ocurriendo estos casos”. Y agrega que hay tres entidades en las que hay que poner mayor atención. Nayarit, Durango y Campeche, ya que aquí “el 20% de las víctimas de feminicidio fueron menores de 17 años”. En todo el territorio mexicano el porcentaje de niñas y adolescentes asesinadas por ser mujeres es de 7.4%. Durante su comparecencia, Alanís muestra su preocupación y nombra algunas estrategias intersecretariales e interinstitucionales para prevenir y erradicar la violencia. Sin embargo, nuevamente, no se ahonda en el porqué de las causas y las estrategias enfocadas a atacar esas causas, a pesar de recalcar que es fundamental poner atención. En entrevista en W Radio, poco antes de su comparecencia en el Senado, Alanís habló de la complejidad y los múltiples factores sociales, culturales y de género de dicho delito. Pero Alanís no pasa de recordarnos lo que nos relatan los primeros renglones de este texto, pero sí pasa por aclarar que en esta administración morenista 35 millones de mujeres están siendo beneficiadas por los programas sociales. Lo que no recuerda o sabe Alanís es que los programas insignias de este gobierno no tienen perspectiva de género. Por ejemplo, del total del presupuesto con el que cuenta este año la Secretaría del Bienestar ($139.945mdp), 91% está destinado al programa de pensiones. Las mujeres representan el 52% de la población, pero no obtienen más dinero que los hombres. El Programa de apoyo a las Instancias de Mujeres en los Estados solo tuvo un aumento del 0.04% con respecto al año pasado. Y el programa de Apoyo para el Bienestar de los Hijos de Madres trabajadoras experimentó un retroceso de 3.6%. Peor aún, conociendo la causa de los feminicidios, el programa para Promover la atención y prevención de la violencia contra las mujeres, a cargo justo de la Conavim, se recortó en 1.5%. ¿A qué estamos jugando?

Ante la violencia, las mujeres aprenden rápido a no contrariar en nada a sus agresores para que no se alteren. Y justo la violencia aumenta cuando las mujeres se cansan de la sumisión. En México, las mujeres estamos muy cansadas y aunque anteriormente aprendimos a no contrariar, ahora sabemos que no tenemos de otra más que contrariar. El cansancio rebaza nuestra paciencia, la violencia aumenta, el Estado no responde. El Estado opresor sigue siendo un macho violador . Contrariaremos al Estado en sus festejos y en su discurso de una labor bien hecha mientras haya pocos resultados, mientras las políticas no tengan perspectiva de género o sean políticas débiles, mientras el recurso de los hombres en este país sea matar a una mujer que no quiso quedarse o acceder o ser sumisa. Porque no, los feminicidios no han disminuido.

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