El Senado de la República se prepara para ejercer una de sus facultades constitucionales más delicadas y trascendentes: la ratificación del nuevo Secretario de Relaciones Exteriores. No es solamente un trámite legislativo, no puede serlo. Es un examen de la capacidad del Estado mexicano para leer el tablero global y defender sus intereses nacionales con la estatura de miras que la historia, el presente y el futuro demandan.
México no es un actor menor en el concierto de las naciones. Su diplomacia ha construido, a pulso, una reputación basada en la defensa de los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de controversias. Esta tradición ha rendido frutos concretos. El más brillante de ellos lo encarna Alfonso García Robles, el canciller que negoció el Tratado de Tlatelolco, que creó la primera zona libre de armas nucleares en el mundo. García Robles recibió el Premio Nobel de la Paz en 1982, reconocimiento a la política exterior mexicana que, incluso en los momentos más álgidos de la Guerra Fría, supo decir no al armamentismo y sí a la seguridad hemisférica y a la paz mundial.
En la década de los ochenta, cuando Centroamérica ardía en conflictos armados, los cancilleres de México, Colombia, Panamá y Venezuela conformaron el “Grupo de Contadora”. Este esfuerzo de negociación colectiva sentó las bases para la firma de la paz en El Salvador en el Castillo de Chapultepec. México ha sido sede de diálogos de paz y ha ofrecido su mediación en complejas crisis regionales.
La facultad exclusiva del Senado para avalar al titular de la política exterior implica una deliberación seria y profunda, ante las circunstancias excepcionalmente complejas que en nuestros días vive el mundo, tales como la guerra en Medio Oriente y, particularmente, la relación bilateral México-Estados Unidos, país con el que nuestra Presidenta ha reiterado la importancia de la coordinación bajo principios de respeto a la soberanía y la integralidad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; respeto y confianza mutua y cooperación sin subordinación.
Es en este escenario que la cancillería mexicana debe gestionar temas altamente sensibles, como lo son la revisión del T-MEC, la situación de los derechos humanos de nuestros connacionales migrantes que son quienes más aportan a la economía, la atención a las políticas arancelarias, el tráfico de armas y la cooperación en materia de seguridad.
El Senado tiene ante sí la ratificación de Roberto Velasco Álvarez, un joven profesional integrante de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que ha demostrado conocimiento, experiencia y carácter. Su paso por la Unidad para América del Norte y la Subsecretaría de Relaciones Exteriores le han dado un dominio técnico de la naturaleza del encargo. Su formación en políticas públicas y su capacidad para manejar crisis en tiempo real lo acreditan como un activo para el país.
Es importante decir que la investidura de canciller requiere, sobre todo, la confirmación de que los principios constitucionales de la tradición diplomática mexicana serán la brújula de la política exterior en un mundo turbulento. Hoy se discutirá en el pleno del Senado de la República. Las y los senadores tenemos claro que la ratificación no solo aprueba a un funcionario, sino que refrenda el compromiso de México con una política exterior de principios, humanista y de resultados.
Presidenta de la Mesa Directiva del Senado

