¿Cambio de época?

Laura Iturbide Galindo

¿Cómo será la recuperación en la “nueva normalidad”? Hay amplia discusión en las diferentes maneras en que las economías lo harán, si en forma de V (se da una recuperación rápida, de rebote); W (recaídas por una posible segunda ola de contagio); y en forma de raíz cuadrada (o sea un periodo largo de estancamiento), que al parecer será un común denominador, incluyendo a nuestro país, por las afectaciones ya observadas.

En el tercer trimestre los países en general empezarán la recuperación, y podrían observarse, hasta dobles dígitos, pero más por partir de una base tan baja que mostrar una tendencia de largo plazo. Se estima, por ejemplo, que Estados Unidos podría perder tres años de crecimiento por la pandemia, en tanto en Canadá no se verán niveles previos al Covid-19 hasta 2022 y en México habrá que esperar hasta 2024. Al final la recuperación dependerá, de manera importante, de cómo las diferentes economías lidiaron con la enfermedad.

La crisis económica seguida de la sanitaria tendrá en esta ocasión características peculiares, no solo porque la recesión será la peor en los últimos cien años, sino también porque oferta y demanda han sido afectadas, a escala mundial. El freno a la economía ha sido abrupto, generalizado, prolongado, con experiencias colectivas traumáticas de distanciamiento, de pérdidas laborales y, aún peor, humanas.

Sus consecuencias en términos de empleo, endeudamiento y afectación del tejido social por aumentos en desigualdad y pobreza serán muy grandes. Los impactos macroeconómicos tendrán repercusión en los microeconómicos y éstos, a su vez, en los primeros y serán tantos los cambios que el mundo post-pandemia se avizora como un verdadero cambio de época: un cambio estructural.

No solo se piensa en la consolidación de varias industrias ante quiebras de muchas empresas, también se debe pensar, incluso, en la re-geolocalización de algunas cadenas de valor, ahora mucho más resistentes, cortas y más locales. En muchos casos, sectores económicos, de alto contacto humano habrán de transformarse, para poder subsistir. En una palabra, se nos puso ante la urgencia de reconsiderar nuevos modelos de producción, distribución, de trabajo y gestión empresarial.

Asimismo, hay indicios de cambios importantes, que sucederán: en el tejido social, en materia de convivencia y socialización; en la alimentación, actividad física, medicina de prevención, en materia de salud y bienestar; mayor conciencia social, ambiental, sanitaria y, en general, de la emergencia de nuevos hábitos en materia de un consumo más responsable, por mencionar solo algunos ejemplos.

Asimismo, la pandemia adelantó en varios años el futuro digital del mundo. El talento está ahora bajo una nueva perspectiva y hay una necesidad urgente de recalificación. En principio, la adopción de competencias digitales aplicará a todos los niveles de una organización, aún más en aquellos cuyas actividades serán reemplazadas por la automatización, tecnología o el uso de software avanzado.

Y así la disrupción y la mayor digitalización nos ha conducido también a la desmonetización y a la democratización. Sin duda, el objetivo inmediato será la supervivencia económica, pero la emergencia sanitaria nos confrontó con la exigencia de resolver serios desequilibrios en materia ecológica, de salud y justicia social. El reinicio no podrá pasarlos por alto.
 

Directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac en la Universidad Anáhuac México, campus Norte
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