En su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas del 23 de septiembre, el presidente Miguel Díaz-Canel sostuvo que “a pesar de los obstáculos, el Gobierno cubano, con extraordinarios esfuerzos y pese a carencias y dificultades, garantiza el derecho universal a la alimentación a través de la canasta básica familiar normada, que reciben todos los cubanos y cubanas, y que incluye 19 productos alimenticios de primera necesidad a precios asequibles”. Sin embargo, la realidad de los cubanos de a pie dista mucho de la enunciada por el presidente. La libreta no alcanza a cubrir los 19 productos y los que incluye no son suficientes, ni en variedad ni en cantidad para cubrir las necesidades de todo un mes.

Por Sergio Angel y Nastassja Rojas/Latinoamérica21
 

En términos prácticos, se le entrega una libreta a cada núcleo familiar, donde se incluyen los nombres, edades y sexos de las personas que la conforman, y con esta retiran los alimentos. Hay productos que llegan una vez al mes, pero es común que no todos lleguen al tiempo, por lo que las personas esperan hasta mediados o finales de mes para que se acumulen todos los productos en la bodega y así evitar ir más de una vez.

¿Qué incluye la canasta?

Aunque no todas las personas manifiestan recibir los mismos productos, los más comunes de encontrar son el arroz, la azúcar blanca, azúcar prieta, granos —generalmente chícharos— café, espagueti, frijoles, sal y fósforos. Y en relación con los cárnicos, aunque hay variaciones, se refieren a pollo o pescado, mortadela, picadillo de soya y huevos. Los niños y personas mayores tienen una dieta especial y reciben otros productos adicionales.

Si los productos de la canasta no alcanzan para completar el mes, los cubanos pueden dirigirse a las tiendas en moneda nacional, sin embargo, estas venden únicamente uno o dos productos y para conseguirlos se deben realizar largas filas. Pero hacer las filas no garantiza que se pueda conseguirlos, pues es común que estos se agoten y las personas tengan que volver nuevamente. Además, los productos suelen estar racionados y se venden en cantidades limitadas.

Dadas estas circunstancias, en octubre de 2019 el gobierno decidió abrir tiendas en Moneda libremente Convertible (MLC) para que las personas puedan acceder a ciertos electrodomésticos y repuestos. Pero a partir del año 2020, se dio la instrucción de vender también productos de primera necesidad bajo el argumento de captar divisas y con estas abastecer las tiendas en moneda nacional. La realidad en el último año es que las tiendas en moneda nacional permanecen desabastecidas y la promesa nunca se cumplió, pero además se generó aún mayor desigualdad en el acceso a los alimentos porque no todos los cubanos pueden acceder a MLC.

De acuerdo con el , para 6 de cada 10 familias los alimentos de la libreta de racionamiento solo cubren entre 5 y 10 días, y además, el 70% de las familias encuestadas indicó que hubo escasez de alimentos básicos en los últimos tres meses. Esto quiere decir que la libreta es insuficiente para cumplir las necesidades de alimentación de la población y las alternativas de abastecimiento son insuficientes.

Lo más grave de la situación es que el 67% de los encuestados califica la alimentación familiar como deficiente, mientras que el 38% manifiesta haber tenido que dejar de hacer alguna comida por falta de dinero o de recursos. Y aunque no hay registros sobre los alimentos consumidos, es de esperar que estos no cumplan con la dieta requerida dadas las circunstancias de la isla.

¿Culpa del bloqueo?

, pero las alternativas ideadas por el mismo gobierno como las tiendas en MLC han terminado por agravar la situación. El derecho a la alimentación es entendido, no solo como el acceso a alimentos, sino también como el acceso regular, permanente e irrestricto a alimentos cuantitativa y cualitativamente adecuados y suficientes.

Por ello, el discurso de Díaz-Canel, además de estar lleno de falsedades, se presenta como una afrenta a los compromisos internacionales de Cuba, un país que está lejos de cumplir con su responsabilidad internacional en cuanto a la garantía de los Derechos Humanos, y particularmente del derecho a la alimentación.

Pese a que el presidente mencionó su compromiso con la seguridad alimentaria y el derecho a la alimentación, la isla aún no ha ratificado, entre otros, dos de los instrumentos más importantes de Derechos Humanos, los cuales conforman junto con la Declaración Universal la Carta Internacional de Derechos Humanos y que además son parte de los pilares del mandato de la Relatoría Especial sobre el derecho a la alimentación.

Sin embargo, es menester recordar que las obligaciones que tienen los Estados frente al cumplimiento de los estándares internacionales de Derechos Humanos, se da por el simple hecho de ser miembro de esta Organización y demás fuentes del Derecho Internacional Público y no solo con la ratificación de tratados internacionales. De manera que Cuba está obligada a cumplir más allá de las palabras sin contenido proferidas por su presidente.

Es así que, el discurso de Díaz-Canel, no solo es ajeno a la realidad de los cubanos, sino que además resulta contrario a los instrumentos efectivamente ratificados por el Estado cubano. La libreta de racionamiento más que garantizar el acceso, permanente y sin restricciones a la alimentación, es una forma vedada de chantaje que genera dependencia del Estado para garantizar el sustento y una forma de control social por la pauperización y la espera.

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Sergio Angel es profesor e investigador del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda (Bogotá). Candidato a Doctor en Estudios Políticos y Rel. Internacionales, Universidad Nacional de Colombia. Coordinador del Observatorio de Libertad Académica de Cuba (OLA).
Nastassja Rojas es profesora de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y candidata a Doctora en Derecho por la Universidad Nacional de Colombia. Investigadora principal de Food Monito y especializada en movimentos migratórios, estudios de género y política venezolana.

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