Hay etapas que nos obligan a mirar de frente lo que más duele. La crisis de desapariciones no admite espera ni silencio. México no debe ser un referente mundial en este rubro; es una tragedia que exige atención prioritaria y voluntad para dejar de normalizar lo inaceptable.
Los datos son en realidad un mapa del dolor; hoy, más de 132 mil personas están desaparecidas. Son vidas interrumpidas y miles de familias que siguen esperando una respuesta. Este problema, profundo y persistente, se agrava con una cifra que estremece: existen 72 mil restos humanos sin identificar; 20 mil más que en 2021 —fecha en que el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU visitó México—, y se han localizado más de 4,500 fosas clandestinas. No es estadística, es reconocer una herida abierta en el corazón de nuestra sociedad.
Ante este escenario, la decisión del Comité contra la Desaparición Forzada de solicitar que la Asamblea General de la ONU aborde con urgencia la situación en México no debe verse como un ataque, sino como una oportunidad. México forma parte de los mecanismos internacionales de derechos humanos precisamente para eso: para ser evaluados, señalados y, sobre todo, para corregir el rumbo. Esta intervención abre una puerta necesaria para atender la crisis con apoyo técnico, recursos y el acompañamiento especializado que la magnitud del problema nos exige.
Lo más delicado es que la ONU ha advertido indicios fundados de que estas desapariciones podrían constituir crímenes de lesa humanidad al realizarse de forma generalizada o sistemática. Por ello, es urgente erradicar la impunidad y mejorar las capacidades forenses. No podemos permitir que las familias y las madres buscadoras sigan haciendo solas, y con sus propios recursos, el trabajo que le corresponde a las instituciones del Estado.
Hay una alta responsabilidad por cumplir: investigar con eficacia, prevenir estos hechos, sancionar a los responsables y atender con dignidad a las víctimas. México necesita verdad, justicia y, por supuesto, respuestas. Reconocer la crisis es el primer paso para salir de ella y devolverle la paz a quienes hoy tienen un lugar vacío en su mesa. Es momento de asumir que cada día sin acción prolonga el dolor de miles de familias.
El pilón: Esta semana la Suprema Corte de Justicia de la Nación validó que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a través de la UIF, pueda congelar-inmovilizar cuentas bancarias con base en meros indicios y sin autorización judicial, trasladando a los ciudadanos la carga de probar la licitud de sus recursos. Yo respeto las resoluciones del Poder Judicial, pero ésta no la comparto. Esta reforma ya había sido cuestionada en el pasado y, con una lógica similar, en ese momento logró frenarse por nuestro máximo tribunal; ahora no ocurrió lo mismo.
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