Mientras la guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán ya impacta a todo el mundo por el alza de los precios de los combustibles, México se ha mantenido como una excepción donde las afectaciones derivadas del conflicto bélico han sido imperceptibles y, prueba de ello, es que hoy en día en nuestro país se registran costos de gasolina por debajo de España, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá o Chile, de acuerdo con datos de Global Petrol Prices lo que en este contexto no sólo adquiere especial relevancia, sino que confirma la solidez de la ruta trazada por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien a pesar de la campaña negra en su contra, ha sostenido con firmeza una política orientada a la defensa de la soberanía energética nacional, blindando al país y reforzando la capacidad del Estado para garantizar estabilidad en uno de los sectores más estratégicos como lo es el energético.

Esa ideología nacionalista que, en años anteriores parecía poco probable fuera a ser tomada en cuenta en México, por fortuna hoy es la base de nuestra nación y, sobre todo el principal motivo de unidad nacional y, en lo particular esto forma una enorme coincidencia de luchas que hemos tenido con la política actual de la doctora Sheinbaum, quien ha defendido la soberanía mucho antes de ser Jefa de Gobierno de la CDMX, lo que por años le ha valido críticas de una derecha mezquina pero que, al final hoy el tiempo y la historia le ha dado la razón, pues su compromiso patriota está permitiendo al país sortear una de las peores tormentas al anticiparse y resistir con eficacia un escenario internacional adverso que ha escalado a una fase de alta tensión, con el bloqueo estratégico en el Estrecho de Ormuz como principal problema y cuyos efectos han detonado una crisis que trasciende fronteras, afectando incluso a países europeos que, sin estar en la línea de batalla, enfrentan escasez y encarecimiento de combustibles así como presiones inflacionarias que ya le han pasado factura gran parte del mundo, incluso, han afectado la imagen del propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya que según una encuesta de Reuters/Ipsos su popularidad descendió a un nuevo mínimo de 36% desde que inició la ofensiva de Irán y el alza de combustible.

Paradójicamente, es fácil imaginar las acciones que habrían emprendido ante los efectos de esta guerra, aquellos quienes además de ser los principales críticos de la presidenta de México, también han desprestigiado toda acción o política enfocada en la defensa de la soberanía nacional, pues estoy seguro de que, si ellos gobernaran en estos tiempos, habrían encontrado en el actual conflicto bélico, el pretexto idóneo para endeudar al país por el tema energético y hubieran profundizado la dependencia de recursos extranjeros, tal como también lo habrían hecho durante la pandemia de Covid-19. Pero no vayamos tan lejos, pues siendo fieles a su esencia oportunista, sostenían el argumento, erróneo, de que el petróleo era un recurso en declive y que la transición energética hacía innecesaria la inversión en infraestructura, llegando incluso a plantear el cierre de refinerías estratégicas como las de Cadereyta y Ciudad Madero, sin considerar que la autosuficiencia energética no es sólo un asunto económico, sino un componente esencial de la seguridad nacional, como lo demuestra la actual volatilidad internacional.

Sin embargo, la realidad ha seguido un rumbo distinto y la resistencia de México frente a la volatilidad internacional, no ha sido producto de la casualidad, sino de decisiones estratégicas de nuestra Presidenta que fortalecieron la capacidad productiva del país en plena consonancia con el mandato constitucional que establece que los recursos energéticos son propiedad de la nación y que su explotación corresponde al Estado, como el fortalecimiento de Pemex y CFE, la construcción de la Refinería Dos Bocas, la adquisición de la Refinería Deer Park y la inversión sostenida en infraestructura nacional, acciones que permitieron consolidar una industria energética capaz de garantizar el abasto interno aún en escenarios adversos como el que actualmente atraviesa el planeta, y que, sin duda, representa un cambio histórico y estructural frente a modelos anteriores que apostaban por la importación de hidrocarburos como solución inmediata y dejaban al país vulnerable ante las fluctuaciones internacionales, por lo que la gente optó por la transformación y tan es así que, Claudia Sheinbaum encabeza el ranking de aprobación de mandatarios en América Latina, de acuerdo con la última medición de marzo de 2026 realizada por CB Global Data.

Bajo este contexto, también debemos recordar que gracias a la defensa nacionalista, la mayor parte de la gasolina y el diésel que se consumen en el país ya se producen en territorio nacional, resultado de una continuidad política que recuperó el control de sectores estratégicos y apostó por el fortalecimiento del Estado como garante del desarrollo, permitiendo a México engrosar un blindaje contra los efectos de una crisis mundial.

En definitiva, en un mundo sacudido por la incertidumbre, queda demostrado que la apuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum por la autosuficiencia fue una decisión estratégica que ya ha hecho historia pues, mientras otros países enfrentan escasez y alzas descontroladas, México mantiene estabilidad, confirmando que la soberanía energética nacional no es sólo un discurso sino, la diferencia entre depender o seguir creciendo.

De cara a los desafíos globales, se consolida una visión de país en la que el Estado asume su responsabilidad histórica frente al pueblo, donde gobernar no significa ceder ante intereses externos, sino defender con firmeza lo que es nuestro, porque los proyectos políticos transformadores han demostrado que, al poner en el centro la soberanía, la justicia social y el bienestar colectivo, México se fortalece como una nación digna y dueña de su destino.

Diputado federal por Morena

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