Se requiere un nuevo enfoque para combatir la pobreza

Julio Alejandro Millán

El combate a la pobreza es un fracaso de varias décadas en la política de desarrollo social en México. Pese a un mayor enfoque tanto en el discurso como en los recursos destinados, en 2020 ha registrado un nuevo retroceso. 

Entre 2018 y 2020 se integraron a las filas de la pobreza 3.2 millones de personas, de las cuales 1.7 millones corresponden a pobreza moderada y 1.5 millones a pobreza extrema. Con estos resultados, suman en total 55.7 millones de personas en esta situación, la mayor cantidad desde 2008, según datos del Coneval. 

En 2014, 55.3 millones de personas se ubicaban en situación de pobreza y hacia 2018 se había logrado disminuir en 2.9 millones el total de personas en esta condición. Sin embargo, en 2020 esta tendencia se revirtió y llevó al mayor número de personas en pobreza en los últimos 12 años, incluso pese a un aumento en el gasto público destinado al desarrollo social de cerca de dos puntos porcentuales del PIB respecto a lo observado en 2018, y casi un punto contra 2016. 

Aun cuando el estandarte de la presente administración federal ha sido la atención a las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, a través de diferentes programas sociales y estrategias para realizar transferencias monetarias y en especie, los resultados no han sido positivos. Además de fomentar un consumo moderado y de bajo valor agregado en los estratos socioeconómicos más bajos, estos programas no han logrado generar efectos multiplicadores que deriven en crecimiento y desarrollo económicos. 

El asistencialismo ha demostrado su imposibilidad para disminuir la pobreza, se convierte en un mecanismo únicamente para tener cautivo a un sector de la población que, aunque observe una mejoría temporal de sus ingresos, esto no deriva en mayor producción o generación de riqueza. 
Ciertamente, 2020 fue un año atípico. Se registró la caída de -8.5% del PIB, el cierre de más de un millón de empresas y la pérdida de casi 650 mil empleos formales e incontables informales. El cuestionamiento es si estos efectos de la crisis pudieron aminorarse a través de políticas públicas adecuadas y, con ello, los resultados de personas en situación pobreza hubieran sido menores. 

Además, habrá que considerar el aumento del número de personas con diferentes carencias sociales que podrían significar un mayor aumento en la pobreza en el futuro cercano, por la fragilidad que esto significa. Según los datos presentados por Coneval, en 2020 aumentó en 3.3 millones el número de personas con rezago educativo, en 15.4 millones el número de personas sin acceso a servicios de salud, en 3.0 millones el número de personas con carencia por acceso a la alimentación y en 5.8 millones la población con ingresos por debajo de la línea de la pobreza. 

La pobreza es un fenómeno complejo multidimensional con diferentes aristas y ópticas. No es únicamente un tema que refiere al ingreso de las familias y a su capacidad de reproducirse; se asocia también al desarrollo de capacidades, a la productividad y a la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de las personas y las comunidades. La oportunidad de hacer un cambio de dirección en el combate a la pobreza es más clara que nunca, aunque difícilmente se dará en el futuro inmediato. 

En este punto, México requiere un nuevo enfoque, lo que no significa desarrollar nuevos indicadores. Es urgente combatir la pobreza a través de la formación de capital humano, generar condiciones para la atracción de inversiones, industrializar, tecnificar y desarrollar proyectos productivos en las diferentes regiones del país, de acuerdo con sus vocaciones productivas. La generación de empleos tiene una mayor capacidad de mejorar las condiciones generales de un hogar que simples transferencias, que no dejan de ser paliativos y nunca son suficientes para cubrir las necesidades de una familia. 

Presidente de Consultores Internacionales, S.C. El combate a la pobreza es un fracaso de varias décadas en la política de desarrollo social en México. Pese a un mayor enfoque tanto en el discurso como en los recursos destinados, en 2020 ha registrado un nuevo retroceso. 

Entre 2018 y 2020 se integraron a las filas de la pobreza 3.2 millones de personas, de las cuales 1.7 millones corresponden a pobreza moderada y 1.5 millones a pobreza extrema. Con estos resultados, suman en total 55.7 millones de personas en esta situación, la mayor cantidad desde 2008, según datos del Coneval. 

En 2014, 55.3 millones de personas se ubicaban en situación de pobreza y hacia 2018 se había logrado disminuir en 2.9 millones el total de personas en esta condición. Sin embargo, en 2020 esta tendencia se revirtió y llevó al mayor número de personas en pobreza en los últimos 12 años, incluso pese a un aumento en el gasto público destinado al desarrollo social de cerca de dos puntos porcentuales del PIB respecto a lo observado en 2018, y casi un punto contra 2016. 

Aun cuando el estandarte de la presente administración federal ha sido la atención a las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, a través de diferentes programas sociales y estrategias para realizar transferencias monetarias y en especie, los resultados no han sido positivos. Además de fomentar un consumo moderado y de bajo valor agregado en los estratos socioeconómicos más bajos, estos programas no han logrado generar efectos multiplicadores que deriven en crecimiento y desarrollo económicos. 

El asistencialismo ha demostrado su imposibilidad para disminuir la pobreza, se convierte en un mecanismo únicamente para tener cautivo a un sector de la población que, aunque observe una mejoría temporal de sus ingresos, esto no deriva en mayor producción o generación de riqueza. 

Ciertamente, 2020 fue un año atípico. Se registró la caída de -8.5% del PIB, el cierre de más de un millón de empresas y la pérdida de casi 650 mil empleos formales e incontables informales. El cuestionamiento es si estos efectos de la crisis pudieron aminorarse a través de políticas públicas adecuadas y, con ello, los resultados de personas en situación pobreza hubieran sido menores. 

Además, habrá que considerar el aumento del número de personas con diferentes carencias sociales que podrían significar un mayor aumento en la pobreza en el futuro cercano, por la fragilidad que esto significa. Según los datos presentados por Coneval, en 2020 aumentó en 3.3 millones el número de personas con rezago educativo, en 15.4 millones el número de personas sin acceso a servicios de salud, en 3.0 millones el número de personas con carencia por acceso a la alimentación y en 5.8 millones la población con ingresos por debajo de la línea de la pobreza. 

La pobreza es un fenómeno complejo multidimensional con diferentes aristas y ópticas. No es únicamente un tema que refiere al ingreso de las familias y a su capacidad de reproducirse; se asocia también al desarrollo de capacidades, a la productividad y a la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de las personas y las comunidades. La oportunidad de hacer un cambio de dirección en el combate a la pobreza es más clara que nunca, aunque difícilmente se dará en el futuro inmediato. 

En este punto, México requiere un nuevo enfoque, lo que no significa desarrollar nuevos indicadores. Es urgente combatir la pobreza a través de la formación de capital humano, generar condiciones para la atracción de inversiones, industrializar, tecnificar y desarrollar proyectos productivos en las diferentes regiones del país, de acuerdo con sus vocaciones productivas. La generación de empleos tiene una mayor capacidad de mejorar las condiciones generales de un hogar que simples transferencias, que no dejan de ser paliativos y nunca son suficientes para cubrir las necesidades de una familia. 
 

Presidente de Consultores Internacionales, S.C. 

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