En México, el inicio de enero trae consigo una de las tradiciones más arraigadas: escribir la carta a los Reyes Magos, una lista de deseos que refleja anhelos profundos y aspiraciones colectivas. Si la economía mexicana pudiera escribir la suya al comenzar 2026, pediría algo más que buenos augurios: solicitaría condiciones básicas para recuperar el crecimiento, generar certidumbre y construir bienestar sostenible. No se trata de deseos nuevos, pero sí urgentes. Su cumplimiento marcaría la diferencia entre prolongar el estancamiento (entre 2022 y 2025, el PIB mexicano creció en promedio cerca de 2%, una tasa insuficiente para absorber la demanda laboral y reducir rezagos estructurales) o aprovechar el verdadero potencial del país.
Un asunto estratégico para México y la región es nuestro primer deseo de una renegociación del T-MEC que reconozca la realidad productiva de América del Norte y el papel central de México en ella. De acuerdo con datos oficiales del BEA de Estados Unidos, entre enero y septiembre de 2025 México se consolidó como su principal socio comercial, superando tanto a Canadá como a China. Más de 15% de las importaciones totales estadounidenses provienen de México, reflejo de cadenas de valor profundamente integradas, especialmente en sectores como el automotriz, electrónico, agroindustrial y manufacturero. Más que un “trato preferencial”, México necesita reglas claras, mecanismos eficaces de solución de controversias y certidumbre sectorial que reduzcan tensiones proteccionistas y fortalezcan la competitividad regional. Para ello, resulta indispensable contar con un equipo negociador técnicamente sólido y con visión estratégica de largo plazo.
El segundo deseo es una recuperación sostenida de la inversión. La formación bruta de capital fijo, uno de los principales motores del crecimiento, ha mostrado un desempeño claramente insuficiente. Entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, la inversión registró una contracción promedio anual cercana a 6%. En términos estructurales, México invierte alrededor de 19% a 20% del PIB, muy por debajo de economías emergentes exitosas que superan 25%. A esta debilidad se suma el menor dinamismo de la inversión extranjera directa en nuevos proyectos. Si bien en 2025 se observan señales incipientes de recuperación, los montos aún se mantienen muy por debajo de los niveles registrados entre 2018 y 2022.
En línea con lo anterior, nuestro tercer deseo es recuperar la certidumbre jurídica y regulatoria. Las reformas recientes han incrementado la percepción de riesgo, afectando sectores clave como energía e infraestructura. No se trata de revertir cambios —una expectativa poco realista—, sino de clarificarlos, recuperar a los reguladores autónomos, garantizar el respeto a los contratos y alinear el marco institucional con principios de legalidad y competencia. La certidumbre no es un lujo: es una condición necesaria para atraer inversión, reducir costos y fortalecer la confianza.
También le pedimos a los Reyes Magos que el Plan México pase del discurso a la acción. Si bien plantea objetivos ambiciosos hacia 2030, el desafío histórico del país ha sido la brecha entre planeación y ejecución. Traducir metas como la creación de 1.5 millones de empleos, el fortalecimiento de la manufactura nacional y la aceleración de la inversión en infraestructura en acciones concretas, con presupuestos claros, calendarios definidos y mecanismos de evaluación, tendría un impacto inmediato en la reactivación económica y el bienestar social.
El quinto deseo apunta a la pobreza y la dependencia de ingresos no productivos. Si bien los indicadores muestran una reducción en los niveles de pobreza, persiste una alta dependencia de remesas y transferencias públicas, especialmente en los deciles más bajos. En 2025, las remesas superaron 54 mil millones de dólares, mientras que el gasto en programas sociales se acerca ya al billón de pesos. El reto no es eliminar estos apoyos, sino transitar hacia un modelo donde el ingreso laboral, el empleo formal y la productividad sean la principal fuente de bienestar.
Por encima de todo, lo que México requiere es un ambiente de paz y tranquilidad para poder desarrollarse; no podemos concebir a nuestro país envuelto en escándalos de corrupción, tráfico de drogas y delincuencia organizada que no parecen tener fin. El gobierno de México tiene una alta responsabilidad en la implementación de acciones que ataquen con eficiencia este problema que carcome nuestra sociedad y que impide el desarrollo económico y el bienestar.
Nuestra carta a los Reyes Magos no pide milagros, pide coherencia, visión de largo plazo y voluntad para corregir el rumbo. México tiene recursos, ubicación estratégica y talento. Lo que falta es alinear políticas, instituciones y decisiones. Si estos deseos se cumplen, 2026 podría ser no solo un mejor año económico, sino el inicio de una etapa de crecimiento incluyente y sostenible.
Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

