México llega a 2026 con una posición turística fortalecida y en términos comparativos, sobresaliente. Tras la pandemia, el país no solo se recuperó, sino que superó las tendencias: en 2024 recibió 45 millones de turistas internacionales, ubicándose como el sexto destino más visitado del mundo y en 2025 ha mantenido un crecimiento de dos dígitos en visitantes e ingresos. Esta dinámica confirma que el turismo sigue siendo uno de los motores más relevantes de la recuperación económica nacional, amén de su alto aporte de recursos externos.

La aportación del sector a la economía es sólida. Según el Inegi contribuye con 8.7% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y sostiene cerca de 8 millones de empleos directos e indirectos. En 2025 el turismo aportará alrededor de 281 mil millones de dólares al PIB, con un gasto internacional estimado en casi 35 mil millones de dólares, complementado por un robusto mercado doméstico. A diferencia de otros países, México no depende exclusivamente del turismo internacional; el turismo nacional lo hace más resiliente ante choques externos.

En este contexto, el Mundial de Futbol de 2026 aparece como un aditivo adicional. La experiencia internacional muestra que los países sede suelen registrar incrementos temporales de entre 10% y 20% en llegadas y un aumento significativo en el gasto turístico. Los casos de Alemania (2006) y Sudáfrica (2010) reportados con posterioridad han dejado ver que, bien gestionado, el evento puede mejorar la imagen-país, acelerar inversiones y dejar un legado positivo en infraestructura y posicionamiento global.

Para México, la oportunidad es evidente. Las estimaciones públicas y privadas apuntan a una derrama económica cercana a los 3 mil millones de dólares y a la llegada de alrededor de 5 millones de turistas adicionales, concentrados en las sedes de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Además, la cercanía con Estados Unidos y Canadá —las otras sedes compartidas—, apoyada por la conectividad aérea existente y la solidez de la marca México juegan a favor de estas expectativas.

Sin embargo, el optimismo debe matizarse. El Mundial será organizado de manera conjunta con Estados Unidos y Canadá que albergarán más partidos, lo que diluye el impacto neto para el país. México no concentrará la totalidad del flujo ni del gasto, lo que reduce el efecto multiplicador nacional y concentra beneficios en pocas ciudades.

Además, las continuas alertas de viaje emitidas especialmente por Estados Unidos introducen un factor de riesgo. Si bien el turismo estadounidense ha seguido creciendo pese a la alerta Nivel 2 y a las restricciones más severas en estados específicos, estas advertencias sí condicionan la movilidad hacia ciertas regiones y refuerzan una narrativa de inseguridad que puede limitar el turismo de mayor gasto o de larga distancia, especialmente desde Europa y Asia.

La experiencia de sedes mundialistas anteriores también alerta sobre los costos ocultos. Nuestro país se distingue por los sobrecostos en infraestructura, la inflación de precios hoteleros, además se puede generar un desplazamiento de turistas regulares, especialmente nacionales, lo que pueden reducir el beneficio neto. No son descartables aumentos extraordinarios de precios en determinados servicios en ciudades sede, que, si bien podrían generar ingresos de corto plazo, también puede afectar la percepción de valor y la fidelidad del visitante post evento.

A esto se suma un reto interno: la necesidad de inversión sostenida en seguridad, movilidad urbana, servicios públicos y profesionalización del sector. Sin mejoras tangibles en estos ámbitos, el beneficio del Mundial corre el riesgo de ser efímero, limitado a un pico de actividad sin efectos duraderos en productividad o competitividad turística.

La evidencia internacional sugiere que el verdadero valor de un Mundial no reside únicamente en la derrama inmediata, sino en la capacidad del país anfitrión para convertir el evento en una plataforma de largo plazo. Claramente nuestro país parte de una ventaja clara porque cuenta con una base turística sólida, diversidad de productos, cercanía a grandes mercados emisores y una recuperación postpandemia ya en marcha. En este sentido, el Mundial puede acelerar tendencias positivas más que crearlas desde cero. El impacto será moderado en términos macroeconómicos, pero relevante a nivel regional y sectorial.

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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