Presupuesto de Egresos 2022, sin visión de recuperación

Julio Alejandro Millán

La aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación por 7.08 billones de pesos para 2022 transcurrió sin sobresaltos en la Cámara de Diputados. Se priorizaron rubros como salud y desarrollo social, a diferencia de órganos autónomos. Sin embargo, más allá de ganadores y perdedores, ¿será el PEF 2022 ese instrumento de política pública que contribuya a acelerar la lenta recuperación económica?

En 2022, el PEF contempla un gasto neto total por 7.08 billones de pesos, que representa un incremento en términos reales de 8.6% respecto a los egresos avalados para este año. En términos de dependencias y órganos autónomos, la asignación del erario priorizó a la Secretaría del Bienestar, la Secretaría de Salud, Pemex y CFE y a la Guardia Nacional por encima del recorte a órganos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Poder Judicial.

En términos de las funciones del gasto, los programas prioritarios de la presente administración tuvieron incrementos, tales como las pensiones de ancianos y para personas con discapacidad, así como la ampliación del alcance de IMSS-Bienestar. Por otro lado, rubros como medio ambiente y calentamiento global, igualdad de género o seguridad pública, tampoco serán impulsados el próximo año.

Más allá de cifras, disminuciones o incrementos, ¿es realmente el PEF un instrumento de política pública que contribuya a la recuperación económica? El panorama luce complicado por la caída de 8.3% en el producto interno bruto (PIB) en 2020 y cuando nuestros pronósticos en Consultores Internacionales, S.C. estiman tasas de crecimiento de 5.6% y 2.9% para 2021 y 2022.

En principio, no se propone ningún nuevo programa para la recuperación económica. El alto monto por el pago de pensiones y el apartado destinado al gasto federalizado son los dos componentes que concentran la mayor cantidad del gasto, por lo que dificultan una mayor asignación a programas que estimulen la reactivación económica mediante un mayor apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, y a la generación del empleo.

Las mayores transferencias monetarias acotan un mayor gasto en infraestructura física. El gasto de inversión aprobado por más de 980 mil millones de pesos representa un incremento real de 14.3% respecto a lo aprobado para 2021. No obstante, el gasto para los ocho programas sociales del gobierno suma más de 33% que lo propuesto en 2021; vale decir que este incremento se explica en su mayoría por el aumento en las pensiones para adultos mayores.

La justificación a los recortes que, hasta el momento, han causado gran incomodidad entre las instituciones afectadas sigue siendo la austeridad, pero después de los años tan difíciles para la economía, que se han visto directamente traducidos en reducción de los niveles de empleo entre la población, salarios a la baja, merma en la capacidad de compra y cierres de empresas, ¿es inmejorable el camino de política pública que ha planeado el Ejecutivo desde 2018? ¿No hay más alternativas que el adelgazamiento arbitrario de la estructura de gobierno?

Al priorizar la política de transferencias directas, el mensaje que se envía al mercado y a la inversión no logra poner de manifiesto la necesidad que tiene México de incrementar los grandes agregados. El proyecto de presupuesto en tanto indicador del rumbo económico no está explotando la oportunidad de señalar al mercado la necesidad de inversión y de captación de recursos, recuperación de empleos e incremento en la demanda que tiene el país.

Lo cierto es que el PEF que se aprobó para el ejercicio fiscal del siguiente año, pudo haber contribuido significativamente al desarrollo de México, pero lo que se aprobó fue un presupuesto que se queda corto para la recuperación económica, que demanda reactivar sus motores de crecimiento mediante la inversión, la educación, la ciencia y la investigación, y el capital humano.

La evidencia señala que las transferencias monetarias destinadas a estimular el consumo no son suficientes por si solas, ya que el efecto no se propaga en la producción nacional debido a la alta participación de las importaciones. Necesitamos un detonante que inicie el efecto dominó al camino de la reactivación.

El año 2022 se vislumbra como uno de retos para la economía nacional motivada por las presiones inflacionarias, la restrictiva política monetaria para anclar las expectativas inflacionarias y el poco efecto que ha mostrado la política pública en la recuperación de la economía. PEF 2022, una oportunidad desaprovechada.
 

Presidente de Consultores Internacionales, S.C

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