Política industrial: aunque haya que empezar de nuevo

Julio Alejandro Millán

Se suele recordar la historia económica mexicana en sexenios, casi siempre con ciclos económicos pronunciados y con ópticas particulares sobre lo que debe o no debe ser la política industrial. En los últimos 80 años, la dialéctica ha transitado desde la sustitución de importaciones, la rectoría del Estado, la apertura de mercados, hasta quizá el más polémico enunciado que en los noventa sugería que “la mejor política industrial es la que no existía”.

La Secretaría de Economía refirió la urgencia de una política industrial y comercial, “ese gran paraguas para que los sectores empiecen a diseñar las propias”.

De manera consistente con la línea discursiva y de pensamiento de esta administración, se hizo una fuerte crítica a regímenes anteriores, por la apuesta a la apertura comercial sin que ello haya implicado beneficios reales para la industria nacional. Sin embargo, al menos en el discurso, en esta ocasión hay voluntad para que la participación sea conjunta entre iniciativa privada y sector público, a fin de “favorecer, el entendimiento de lo que necesita nuestro mercado”.

Hace casi 60 años, Julio Cortázar escribió en su famosa novela Rayuela que “nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”.

Hay que reconocer que incluso en el periodo de recuperación de una de las depresiones más profundas en la historia, las autoridades de la Secretaría de Economía tengan clara la necesidad de acciones coordinadas, administradas, entre los diferentes actores, sin importar realmente que haya que empezar de nuevo, siempre y cuando se haga bien.

El sector industrial mexicano vive uno de sus periodos más complejos, no sólo por la coyuntura que implicó una contracción de -30.4% en mayo, sino porque desde marzo de 2019 inició un periodo de decaimiento, dos años seguidos de tasas de crecimiento negativas, siendo la construcción y las manufacturas los subsectores más afectados.

Los costos de producción son cada vez más altos, según datos del Inegi. En febrero y marzo la variación anual del Índice de Precios Productor (incluyendo petróleo y servicios) superó 9%, lo que refiere una situación que podría convertirse en insostenible, con fuertes afectaciones a la competitividad y traslado de costos a los consumidores finales.

A pesar de la relación con el sector externo, principalmente Estados Unidos, hoy el sector industrial se enfrenta a un entorno de poca inversión destinada a la producción y a la incertidumbre causada por las reformas al sector energético, crucial en el desempeño y productividad sectorial.

La política industrial que requiere México debe ser diferenciada, basada en el conocimiento profundo de la anatomía de este sector que, si bien comparte similitudes y algunas problemáticas, es de características y realidades disímbolas por sector y por región. Se requiere que la política industrial sea de largo plazo, que trascienda sexenios, basada en datos y objetivos claros, consensuada entre los diferentes organismos cúpula y de representación nacional.

En México, esta administración y las que vienen debieran aspirar al desarrollo de una política industrial integral, holística, que permita la recuperación de la industria y tenga objetivos asequibles de crecimiento por arriba de 5% anual en los años siguientes, que aproveche el mercado externo, y detone y renueve el interno.

En Consultores Internacionales, S.C. celebramos que se retome la idea de una política industrial, genuinamente esperamos que sea el inicio de un cambio verdadero, que beneficie a millones de mexicanos.

 
*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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