De manera acentuada desde 2025, el mundo enfrenta un panorama geopolítico complejo marcado por la incertidumbre y la fragmentación que el renovado proteccionismo y la conformación de bloques ha generado. En este contexto, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a colocar a la geopolítica en el centro del análisis económico. Más allá de su dimensión militar o diplomática, la confrontación ocurre en una de las regiones más sensibles para el sistema de abastecimiento energético mundial, lo que introduce riesgos inmediatos para los mercados de materias primas, las expectativas inflacionarias y la estabilidad financiera internacional.

El punto crítico es la oferta de productos petrolíferos que transita por la zona de conflicto aproximadamente 20% del petróleo comercializado a nivel mundial se mueve en el estrecho de Ormuz. El cierre temporal de esta ruta elevó de inmediato los riesgos en los mercados energéticos. El efecto inicial fue un aumento de entre 8% y 12% en el precio del crudo, el WTI a inicio de marzo ya ronda 90 dólares por barril, mientras que los futuros contemplan cotizaciones cercanas a 100 dólares si el bloqueo se prolonga, exacerbando la incertidumbre en los mercados.

El conflicto también introduce tensiones en el equilibrio geoeconómico global. China, principal comprador del crudo iraní, enfrenta un dilema estratégico: absorber el costo económico de un suministro más caro o involucrarse de manera más activa en la protección de las rutas energéticas que abastecen su economía. El involucramiento de otros actores internacionales ampliaría el impacto sobre el comercio global, las cadenas de suministro y la estabilidad de los mercados financieros.

Ahora bien, el conflicto también tiene efectos adversos para la propia economía estadounidense. Un aumento sostenido en el precio del petróleo se trasladaría rápidamente al precio de los combustibles, si el encarecimiento energético persiste el mayor costo de los combustibles tendrá un impacto directo en el poder adquisitivo de los hogares de ese país y las presiones inflacionarias podrían incrementarse. El posible resultado: la desaceleración económica acompañada de mayor inflación.

Para México, el impacto del conflicto es particularmente complejo debido a su posición mixta en el mercado energético internacional. El país es simultáneamente productor y exportador de petróleo, pero también depende en gran medida de importaciones de combustibles y gas natural.

En los últimos años, la política energética del actual régimen ha tendido a fortalecer el mercado interno mediante el incremento de la capacidad de refinación nacional. Como resultado, las exportaciones petroleras registraron una caída de 26.4% en 2025. Al mismo tiempo, el país continúa dependiendo de importaciones de combustibles. México importa cerca de la mitad de la gasolina que consume, lo que significa que el encarecimiento del petróleo internacional se trasladará pronto a los precios internos de los combustibles.

Esta situación generaría un problema fiscal. Si el gobierno escoge seguir conteniendo los precios de la gasolina, deberá reactivar los subsidios a los combustibles, lo que presionaría las finanzas públicas. Si, por el contrario, permite que los precios internos reflejen plenamente el aumento internacional de los energéticos, el impacto se trasladará a la inflación. En ambos escenarios, las consecuencias macroeconómicas serán relevantes.

La dependencia energética también se refleja en el mercado del gas natural. México importa desde Estados Unidos cerca de 76% de su demanda. Si bien estas importaciones provienen de Norteamérica y no del Golfo Pérsico, el precio internacional del gas suele reaccionar a las mismas presiones que afectan al mercado petrolero, lo que implica un posible aumento en los costos energéticos para la industria mexicana.

El incremento de la incertidumbre global provoca episodios de volatilidad cambiaria, ya que los inversionistas tienden a reducir su exposición a economías emergentes en contextos de riesgo geopolítico. Siendo el peso una de las divisas más líquidas entre los mercados emergentes, ha reaccionado con rapidez a la volatilidad depreciándose ente el dólar (pasó de 17.14 el 20 de febrero a 17.80 el 6 de marzo). lo que encarecerá importaciones y costos financieros.

Aun cuando México no participa directamente en el conflicto, sí está ampliamente expuesto a los vaivenes de los mercados internacionales; el reto consiste en sortear un entorno internacional en donde la geopolítica exacerba la incertidumbre, para lo cual la fortaleza macroeconómica se convierte en el principal activo.

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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