La siguiente crisis podría ser de talento y productividad

Julio Alejandro Millán

Un dato que resulta abrumador es el abaratamiento del trabajo de personas con mayores niveles de estudio en los últimos años. En 2016, según los datos reportados por la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), una persona con posgrado en México percibía en promedio al trimestre 99 mil 449 pesos, en 2018 el valor disminuyó -12.6%, llegando a 86 mil 880 pesos, y en 2020 se registró una nueva caída, más pronunciada, de -20.2%, para llegar a 69 mil 332 pesos por trimestre. 

Hace sólo cinco años, en 2016 una persona con licenciatura o similar, completa o trunca, percibía tres veces más que alguien únicamente con secundaria; en 2020 esta razón disminuyó a 2.3 veces. Caso similar con quienes invirtieron en un posgrado, en 2016 percibían hasta 2.7 veces más que una persona con licenciatura y ahora únicamente dos veces más, en promedio. 

En México, las personas con mayor nivel de estudio no sólo no están logrando colocarse dentro de actividades económicas productivas con remuneraciones altas; por el contrario, se están integrando a las filas de la subocupación y el desempleo de manera acelerada. 

Al respecto, en el primer trimestre de 2020, el número de personas desocupadas con instrucción de nivel medio superior o superior creció 25%, pasando de 1.0 a 1.2 millones de personas, respecto del mismo periodo de 2019, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Además, también creció en 86% el número de personas con este nivel de instrucción que se encontraban en situación de subocupación, pasando de 1.4 millones a 2.7 millones de personas. 

Por un lado, las actividades económicas que requieren talento, desempeño científico y capacidad técnica especializada no han logrado captar el total de la oferta y por otro, dicha oferta podría no tener la calidad suficiente para colocarse y generar valor agregado suficiente. 

Con seguridad hay casos en que un joven con una beca o transferencia social tenga una percepción similar e incluso mayor a la que un profesionista pueda percibir, sobre todo si este análisis se hace fuera de las grandes ciudades del país. Caso similar sucede si se les compara con personas que laboran en el mercado informal, lo que podría estar generando efectos perversos en la economía. 

No es un tema menor el hecho de que las personas con mayores niveles de estudio encuentren consistentemente menores niveles de ingreso, que deban subocuparse o definitivamente no encuentren oportunidad de emplearse se convierte en un fuerte desincentivo para siguientes generaciones, lo que podría derivar en el mediano plazo en una mayor crisis de productividad y captación de inversiones. 

Esto estaría afectando a la población en general, a empleados, trabajadores por su cuenta, empresarios que se enfrentan a un ambiente adverso en donde el talento y la inteligencia se han abaratado y al mismo tiempo no está generando valor. 

El empleo es el principal mecanismo de movilidad social. Si en México no se logra con rapidez generar capital humano de calidad y, al mismo tiempo, vincularlo al sector productivo, ya sea a través del empleo o de la generación de nuevos negocios, México se enfrentará más pronto que tarde a problemas de alto impacto social, derivado de un crecimiento económico magro, sin posibilidades de aprovechar la innovación y de atraer nuevas inversiones. 

 

Presidente de Consultores Internacionales, S.C. 

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