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La otra crisis que no tiene precedente: la del empleo

Julio Alejandro Millán

Esta misma semana, el próximo viernes para ser precisos, se cumplirán nueve meses desde el primer caso confirmado de Covid-19 en México, durante este tiempo se han registrado más de un millón de contagios y más de 100 mil decesos.

Además de las invaluables pérdidas humanas, los efectos de la pandemia en la economía y en la sociedad aún son difíciles de cuantificar. Sin temor a la equivocación puede afirmarse que ha impactado en la desigualdad social, en la distribución de recursos y ha desemparejado aún más el terreno de las oportunidades.

El empleo remunerado es un elemento de suma importancia para reducir la pobreza y disminuir las brechas sociales; infortunadamente, la pandemia afectó este pilar del desarrollo en todo el mundo y en México, en donde la fragilidad económica y del ambiente de negocios era una realidad mucho antes de la aparición de la Covid-19, el problema se agravó considerablemente.
Según datos del Inegi, a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el tercer trimestre de 2020 se estima que la población ocupada, es decir, personas de 15 y más años que realizaron alguna actividad económica, fue del orden de 51.0 millones de personas, esto es 4.2 millones de personas menos que en el mismo periodo de 2020.

De estos 4.2 millones de personas que dejan el estatus de empleados, 58% eran trabajadores subordinados y asalariados, 7% eran empleadores, 26% trabajadores por cuenta propia y 10% trabajadores no remunerados.

Por otro lado, del análisis de los indicadores de la ENOE observamos un detalle que llama la atención: la población económicamente activa, es decir, personas de 15 y más años que tuvieron vínculo con la actividad económica o que lo buscaron en la semana en la que se hizo el levantamiento de la encuesta, disminuyó en 3.6 millones de personas. Se observa un incremento de 4.9 millones de personas disponibles para trabajar, pero que no han buscado activamente un empleo.

Es decir, considerando que en total hay 2.8 millones de personas buscando empleo sin encontrarlo y 10.9 millones de personas que actualmente no lo buscan activamente, pero que están disponibles para trabajar, en muchos casos seguramente debido al confinamiento, a las condiciones sanitarias y a la falta de demanda laboral, al menos hay 13.7 millones de mexicanos y mexicanas que podrían ocuparse.

Según las estimaciones de Coneval, a partir de la misma fuente que hemos referido, la pobreza laboral, es decir el porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria, pasó de 38.5% en el tercer trimestre de 2019 a 44.5% en mismo periodo de 2020, explicado principalmente por tres factores, la disminución del ingreso laboral, el aumento en los precios de la canasta alimentaria y el aumento en la tasa de desocupación.

Probablemente la crisis de empleo observada en 2020 no tiene precedentes y tampoco el desafío que enfrentan los diferentes actores económicos en el país, la reconstrucción de un mercado laboral que se ha desquebrajado y que debe decirse, ya adolecía previamente de varios males como la baja productividad, la informalidad y una profunda desigualdad de oportunidades e ingresos. El problema podría agravarse debido a la falta de ejecución de políticas públicas contracíclicas que apoyen a las empresas, incentiven la permanencia del empleo y con ello la principal fuente de ingreso de los hogares.

En el corto plazo, las afectaciones implicarán una mayor dificultad para satisfacer el consumo indispensable de los hogares mientras que, en el largo plazo derivará en brechas sociales cada vez más profundas y en la incorporación acelerada de personas a una situación de vulnerabilidad.

La estrategia para la recuperación del empleo debe involucrar, por fuerza, la voluntad de todos los actores económicos, a los tres órdenes de gobierno, a las empresas, a los organismos empresariales y estar alineada a la promoción de la inversión productiva, tanto de origen nacional como extranjero, elemento clave en el crecimiento y desarrollo económico, pero para ello, se requiere un ambiente de certidumbre, de seguridad física y jurídica, de otra manera, aun cuando la pandemia cese, el panorama seguirá siendo complejo y de franco deterioro.

 

*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.
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