El desempeño de las cuentas externas de México en 2025 se ha dado en un contexto global complejo. La desaceleración del crecimiento mundial, la persistencia de tensiones geopolíticas y la elevada incertidumbre asociada a la política económica de Estados Unidos han condicionado el comercio internacional y los flujos financieros. Aun así, México ha logrado mantener una posición externa relativamente estable, con desequilibrios acotados y financiables.
En 2025, la cuenta corriente de la balanza de pagos ha mostrado un déficit moderado, estimado en un rango cercano a 0.4%-0.5% del PIB. Este nivel es consistente con un crecimiento económico bajo, cercano a 0.5%, y refleja tanto la fortaleza de las exportaciones manufactureras como la contención de las importaciones, especialmente de bienes de capital e intermedios que suele incrementarse en durante episodios de mejor crecimiento, dada la propensión a importar que es endógena al aparato productivo nacional. Paradójicamente la desaceleración interna ha operado, en los hechos, como un amortiguador del deterioro externo.
El principal soporte de la cuenta corriente ha sido el sector exportador. Las exportaciones totales han mantenido una trayectoria positiva, en 2025 se incrementaron 7.6% anual, impulsadas por el sector manufacturero. Cabe señalar que en particular la industria automotriz si vio afectado su desempeño, por ejemplo, las ventas a Estados Unidos disminuyen 6.7% anual como efecto de los aranceles. No obstante, la integración productiva con Estados Unidos ha permitido que México enfrente con menor severidad el aumento de aranceles y medidas comerciales aplicadas por ese país a otras economías, especialmente en Asia. En comparación internacional, México ha resultado relativamente menos afectado con un arancel efectivo de 8%-12%.
Un componente clave en la buena posición financiera ha sido el flujo de remesas. En 2025, las entradas se mantienen en niveles históricamente elevados, cercanos a 65 mil millones de dólares, equivalentes 4% del PIB. Estos ingresos han contribuido a estabilizar el ingreso nacional disponible. No obstante, esta fortaleza también revela una dependencia creciente de un flujo que no está vinculado directamente a la capacidad productiva interna, y que a lo largo del año se ha ido deteriorando producto de la desaceleración económica de Estados Unidos y de las medidas migratorias aplicadas.
Desde el punto de vista financiero, la cuenta de capital y financiera ha continuado financiando el déficit externo. La inversión extranjera directa se ha mantenido confiada, llegando este año a los 40 mil millones de dólares, empero con un peso significativo de la reinversión de utilidades. El fenómeno del nearshoring sigue presente, si bien su materialización ha sido más gradual de lo esperado, limitada por factores de infraestructura, energía y certidumbre regulatoria. Cabe destacar que al tercer trimestre las nuevas inversiones alcanzaron 6 mil 563 millones rompiendo la tendencia decreciente registrada en 2023 y 2024 pero sin regresar a los niveles de 2022.
Cabe destacar el comportamiento de la inversión de capitales medida a través de la tenencia de valores en manos de extranjeros que registra al cierre de 2025 un monto de 1.7 billones de pesos 5.0% menos que al cierre de 2024, con una tendencia decreciente a lo largo del año que apenas se empieza a recuperar. Por su parte, las reservas internacionales cierran 2025 con un monto de 252 mil 130 millones de dólares, 10.2% más que en 2024. No se puede dejar de lado, la dependencia de flujos de cartera para complementar el financiamiento externo lo que mantiene la exposición a episodios de volatilidad cambiaria.
De cara a 2026, las perspectivas para las cuentas externas están estrechamente ligadas a la evolución del crecimiento económico. Se anticipa una recuperación moderada del PIB, con tasas que podrían superar 1%. Este mayor dinamismo implicará un aumento de las importaciones, particularmente de insumos intermedios y bienes de capital. No obstante, también se espera una expansión de las exportaciones, por lo que el déficit de cuenta corriente tendería a mantenerse estable como proporción del PIB.
El balance general sugiere que las cuentas externas de México en 2025 han mostrado capacidad de contención más que fortaleza estructural. El déficit es manejable, las reservas internacionales se mantienen en niveles adecuados y el acceso a financiamiento externo no presenta dificultades, en parte gracias a la política monetaria que ha mantenido el diferencial de tasas en niveles atractivos.
En este contexto, la política económica enfrenta el reto de aprovechar la posible recuperación de 2026 para fortalecer la posición externa. Es prioritario impulsar la inversión productiva, profundizar la diversificación de exportaciones y mejorar las condiciones para que el nearshoring se traduzca en mayor contenido nacional fortaleciendo las cadenas de proveeduría. Asimismo, preservar la relativa estabilidad macroeconómica y mejorar la credibilidad institucional son fundamentales para mantener flujos de capital estables. Se llega a 2026 con una posición relativamente sostenible, pero sin fortaleza estructural que permita planear a largo plazo.
Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

