El 28 de diciembre, en varios estados del país, se registró un apagón de varios minutos que afectó a millones de empresas y hogares. Las explicaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) fueron contradictorias, para finalmente señalar a la intermitencia de las energías renovables como las culpables.

Resulta difícil, a priori, coincidir sin un reporte técnico preciso, en que una proporción menor de generación a través de energías renovables intermitentes afectó el sistema eléctrico nacional y a millones de personas; pese a ello, la respuesta de la CFE ha sido solicitar al Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) sacar de operación parte de la generación renovable para asegurar la confiabilidad del sistema nacional.

Si bien es cierto que en cualquier sistema eléctrico la intermitencia y la incertidumbre se incrementan al aumentar la capacidad de este tipo de generación, sin embargo ello no significa que sea imposible su manejo o deban sacarse de operación, más en el caso de un país como México, en el que la proporción de la energía generada a través de fotovoltaicas y eólicas es menor a 10%, una proporción que The National Renewable Energy Laboratory (NREL) refiere tiene impactos mínimos en cualquier sistema eléctrico.

Vale recordar que, al firmar el Acuerdo de Paris, México ha comprometido que 35% de la energía generada para 2024 sea limpia y 43% hacia 2030, además de reducir los GEI de vida corta en 25% y en 51% las emisiones de carbono negro.

Desde el inicio de la presente administración, la política pública en materia energética ha sido encaminada a que el gobierno concentre el mercado de generación y suministro, para lo cual, como se detalla en el Plan de Negocios de CFE 2021 a 2025, se enfoca en tecnologías de ciclo combinado (vapor de agua y combustible fósil).

Al desestimar las energías renovables, que ofrecen precios unitarios por MW bastante menores a otras tecnologías considerando las ofertas de las subastas eléctricas, México no sólo está en camino de incumplir con los compromisos pactados ante el G20 y el Acuerdo de París, sino entorpeciendo la competitividad del aparato productivo nacional, que demanda tarifas menores en línea con la competencia internacional. Adicionalmente, se coloca en una postura que contraviene la visión de la administración del futuro presidente estadounidense Joe Biden, líder del más importante socio comercial de nuestro país, quien ha dejado claro que las condiciones comerciales que cualquier empresa o gobierno del mundo deberá cumplir para hacer negocios en Estados Unidos serán estrictas en materia de sustentabilidad, energías limpias y huella de carbono.

Lo que en el muy corto plazo pueda ser adecuado para atender contingencias técnicas, desde la posición de Consultores Internacionales, S.C., podría tener consecuencias muy complejas de solventar en el mediano y largo plazo.

Varios son los retos a los que nos enfrentamos como país: primero, una infraestructura de transmisión más robusta que aproveche mejor las energías renovables, misma que debe ir acompañada de incentivos adecuados para que los grandes consumidores también apoyen en la estabilización de la red. Actualmente hay una amplia oferta de tecnologías en el mercado que permiten un adecuado balanceo de la red, pero requiere de un esfuerzo para contar con información confiable que permita inferir en la oferta y la demanda de energía de estos recursos en periodos y puntos determinados, para con ello anticipar la estrategia para un adecuado balance y estabilidad de la red.

En Consultores Internacionales, S.C. consideramos que “apagar” los generadores de energías renovables no es el camino adecuado, primero que nada, por entorpecer la ya difícil recuperación económica, al minimizar a un sector dinámico, estratégico. También por hacer un autobloqueo a la actividad productiva y comercial, sin contar las posibles consecuencias legales, que terminarán incluso en tribunales internacionales.

*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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