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Sin inversión no hay crecimiento

Julio Alejandro Millán

Entre mayor es la proporción de inversión como porcentaje del PIB, mayor es el crecimiento económico

El indicador mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) publicado por Inegi para el mes de noviembre nos confirma que la inversión bruta fija en México cayó durante 2019. En Consultores Internacionales, S.C. estimamos que el año cerró con una disminución de entre 1% y 2% respecto a 2018.

La FBCF es una referencia importante porque nos indica si hubo un aumento o disminución de los bienes duraderos que son capaces de producir otros bienes y servicios (por ejemplo, maquinaria y equipo, construcción de infraestructura y de obras públicas y privadas). En otras palabras, durante 2019 redujimos nuestras capacidades para producir más recursos. ¿Cómo figura 2020?

Infortunadamente, en nuestra proyección para 2020 no se vislumbra una pronta recuperación ya que, de mantener la misma tendencia mostrada en los últimos periodos, es probable que sea hasta el segundo semestre del año que comience a registrar números positivos (en línea con nuestras apreciaciones de los beneficios por la ratificación del T-MEC). Por ello, auguramos un crudo invierno hasta la segunda mitad del año.

Los factores que orillaron a la baja en la inversión son varios; sin embargo, el más destacado es la ausencia de inversión pública que, posterior a la crisis de 2009, presenta una disminución consistente de 1.3% en promedio al trimestre. Por otro lado, la inversión privada comenzó a debilitarse desde 2016 y con un mayor énfasis en 2019.

Otra arista de análisis la ofrecen los componentes de la inversión, ya que ésta se clasifica en construcción y maquinaria y equipo.

En el caso del primero se advierte que la edificación de viviendas aún no logra recuperarse de la crisis de 2009, ya que entre 2003 y 2008 registró tasas superiores a 5% anual, y de 2010 a 2018, asciende a 1.8% en promedio anual.

En el caso de la maquinaria y equipo, el dato de interés es la cada vez menor producción nacional en comparación con la importada ya que en 2003 la relación fue de 46.3% nacional y 53.7% importado. En la actualidad es de 39.1% y 60.9%, respectivamente.

Nuestra menor capacidad para invertir se traducirá en un impacto negativo para el crecimiento económico y el desarrollo social ya que existe una relación estrecha entre ambos conceptos.

En una selección de 21 países, identificamos que entre mayor es la proporción de inversión como porcentaje del PIB, mayor es el crecimiento económico; ejemplo de ello son economías como Singapur, Malasia, Turquía, India y China que entre el periodo 2010-2018 han mantenido una inversión mayor a 25% del PIB, mostrando tasas de crecimiento económico superiores a 5%.

En contrasentido, economías como España, Brasil y Reino Unido con una inversión menor a 20% del PIB han registrado tasas inferiores a 2%.

En el marco de una nueva política industrial impulsada por el presente gobierno federal, debe estar sin duda un diagnóstico más preciso de esta situación, así como las posibles soluciones para revertirlo.

Algunas de las medidas que hemos identificado como oportunas son el mayor acceso a financiamiento público y privado, así como esquemas fiscales innovadores que estimulen en mayor medida la participación privada en la inversión en innovación, la mayor articulación de las cadenas productivas y mecanismos más inteligentes que propicien la transferencia tecnológica, entre otras.

Ninguna medida por mejor que sea será lo suficientemente eficaz si no se concibe en una visión holística de largo plazo que nos indique cómo queremos vernos en los próximos 30 años y desde luego, qué mecanismos diseñar para administrar eficientemente el futuro de México.

 

Presidente de Consultores
Internacionales, S.C.

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