Si 60 mil eran una “catástrofe”, ¿qué son los 100 mil muertos de hoy?

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

¿Qué hacemos hacia adelante con los rebrotes ya en la puerta?

Cien mil muertos por la pandemia de coronavirus. Qué infame número. Es una desgracia, desde donde se le quiera ver. Son 100 mil mexicanos muertos, 100 mil familias mutiladas. Miles de huérfanos de padre o de madre. Miles de sobrinos sin tíos. Miles de hermanos sin hermanas. Miles de padres sin hijos. Miles de amigos sin amigos. 

¿Por qué? ¿Por qué 100 mil muertos? Nunca nadie nos dijo que deberíamos esperar un número así. Nunca nadie nos dijo que tendríamos un número así. Nunca nadie nos dijo que las proyecciones, que las estimaciones señalaban que, en ocho meses de pandemia, contaríamos 100 mil muertos.

¿Qué se hizo mal? ¿Qué hizo mal el gobierno federal? ¿Qué hicieron mal los gobiernos estatales? ¿Qué hicieron mal los gobiernos municipales?

Nadie estaba preparado para esta carnicería pandémica, pero, ¿los doctores hicieron algo mal? ¿Las enfermeras? 

¿Qué hicimos mal nosotros? Tantas cosas: nuestra pésima alimentación, nuestra vida sedentaria, nuestro sobrepeso, nuestro valemadrismo en plena pandemia. ¿Qué tienen en la cabeza estos tipos y tipas que siguen deambulando por las calles sin cubrebocas? El cubrebocas es un gesto de generosidad hacia los demás, de consideración hacia nuestros semejantes, para no contagiarlos en caso de que nosotros seamos asintomáticos. Somos una mala sociedad. Más bien, los covidiotas que no lo usan son los malos mexicanos. Esos que van de fiesta en fiesta, de boda en boda, contagiando masivamente, como ya vimos en bodas de Nuevo León, Baja California y Coahuila. Esos que van de reunión en reunión familiar contagiando a sus mayores luego de andar de fandango por las calles. ¿Y qué tal las fiesta populares en Chiapas, Guerrero, Ciudad de México?

El gobierno federal tiene un tablero con cifras de la pandemia de Covid-19. Esos datos, recabados y ordenados por el Conacyt, son actualizados cada 24 horas. Hay un rubro denominado “defunciones”. Ahí, hasta este viernes, se habían confirmado 88 mil 312 muertes a causa del virus SARS-Cov-2.

En realidad la cifra de muertos es mayor. Si se cuentan las muertes asociadas, las defunciones que tienen características similares a las del coronavirus, pero que por diversas razones no se validaron con pruebas de laboratorio, o todavía no se obtienen los resultados, las muertes por la pandemia son miles más. El propio gobierno federal lo reconoce en otra pestaña que lo refleja: “Defunciones estimadas (https://bit.ly/37DxKOm)”, le llama: ahí, hasta este viernes, ya van 103 mil 247 muertes por coronavirus.

 Ya. Desgraciadamente ya llegamos a ese infausto número que no queríamos pronunciar: 100 mil. Cien mil muertos por la pandemia. Imagine usted el Zócalo lleno de cadáveres acomodados de pie, como en esos mítines de cierre de campaña o de festejo. Vea una foto aquí (https://bit.ly/2Ho0kbM). O visualice usted el Estadio Azteca lleno a 90% de su capacidad, con esos 100 mil muertos Covid (https://bit.ly/3kr03my).

Todo es muy triste. Muy-muy lejos ya de aquella cifra de 60 mil fallecimientos, considerada como “catastrófica” en las previsiones iniciales del doctor Hugo López-Gatell, retumban las preguntas: ¿Se hizo algo mal? ¿Qué cosa fue lo erróneo? ¿Se pudo haber hecho algo de forma distinta para evitar tantos contagios y muertes? ¿Qué hacemos hacia adelante con los rebrotes en la puerta, las ambulancias aullando de nuevo?

 Si 60 mil muertes representaban una “catástrofe”, ¿qué son, qué implican 100 mil muertos? ¿Usted sabe? 

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