¿Qué demonios pasa con el caso Scherer y adláteres?

Lo exhibido es de los asuntos más vergonzosos en el pantano de la aristocracia política, un lodazal, desdela perspectiva que usted quiera

Juan Pablo Becerra-Acosta M
Nación 21/05/2022 03:00 Actualizada 03:01
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De verdad, ¿qué demonios está pasando con el caso de Julio Scherer y sus colegas abogados Juan Antonio Araujo, César Omar González Hernández, Isaac Pérez Rodríguez y David Gómez Arnau?

Por si usted no recuerda el asunto, Juan Collado, aquel abogado amigo de Enrique Peña Nieto, encarcelado por lavado de dinero y delincuencia organizada, denunció que fue presionado y extorsionado por esos abogados del primer párrafo, para despojarlo de su empresa financiera, "Caja Libertad", y pretende lograr “un acuerdo reparatorio” con la Fiscalía General de la República (FGR).

Es decir, propone (o le sugirieron) denunciar a otros presuntos delincuentes de cuello blanco, a cambio de que él tenga penas leves.

Usted ya sabe la tentación: por un acuerdo así, un verdadero truhan es capaz de imputarle a cualquiera el asesinato de Kennedy.

Pero bueno, lo que en realidad Collado quiso decir, o acordó decir, o le impusieron decir ante la FGR y un juez, fue que esos señores, que de muchas maneras eran socios y amigos de Julio Scherer Ibarra, son presuntos cómplices del ex Consejero Jurídico, quien habría encabezado, desde Palacio Nacional, una red de tráfico de influencias con una vertiente de extorsiones hacia empresarios y otros despachos de abogados.

¿Por qué? Porque el asunto va mucho más allá de Collado y las animadversiones del fiscal Alejandro Gertz Manero contra el amigo de Andrés Manuel López Obrador. Aquí, en las páginas de EL UNIVERSAL, publiqué el 26 de marzo pasado cómo se lo expuse a Julio Scherer Ibarra,cuando accedió a platicar conmigo dos veces https://www.eluniversal.com.mx/opinion/juan-pablo-becerra-acosta-m/dos-c... le dije que, independientemente del caso Collado y el evidente odio del titular de la FGR hacia él, había varias denuncias adicionales.

Le señalé lo que, desde 2019, yo había reporteado en mis tiempos libres: los casos de dos empresarios que lo acusan de coaccionarlos para que amigos suyos, abogados fiscalistas de despachos prominentes, les resolvieran casos millonarios ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT). A uno, según me reiteró este viernes por la mañana, le pidieron $20 millones de pesos, así que mejor se fue a Estados Unidos; y al otro, que también me reconfirmó en medio de una comida, le exigieron $30 millones de pesos.

Una forma de extorsión, dicen ellos.

La segunda acusación es de cinco casos judiciales millonarios, llamémosles “robados”: amigos de Scherer Ibarra, también de despachos muy conocidos, habrían presionado a clientes adinerados para que despidieran a sus abogados y los contrataran a ellos, bajo una advertencia simple, algo así como (parafraseando a Don Corleone) una propuesta que no podrían rechazar: que de no ceder, perderían todos los casos, y en cambio, si aceptaban trasladarlos a las manos de la gente de Scherer Ibarra, les garantizaban éxito absoluto, gracias al poder y la influencia de quien fuera mano derecha del actual Presidente.

Julio me negó todo en ambas ocasiones que lo entrevisté. Lo hizo enfáticamente y exigió reunirse con quienes lo imputan, me pidió que los llevara a su despacho en Las Lomas de Chapultepec donde hablamos en ambas ocasiones, pero hasta este día no desean hacerlo, no solo porque todavía le temen al otrora segundo hombre más poderoso del país (política y jurídicamente hablando), sino porque desean ver en qué acababa el caso Collado.

Y justamente el jueves, ese asunto tomó un cariz insospechado, cuando el juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna asestó un manotazo a la FGR (más bien le dio un severo bofetón), ya que desacreditó sus acusaciones. En realidad no es tanto que el juez desacreditara a la FGR, sino la forma en que lo hizo: Delgadillo Padierna resolvió que la Fiscalía hizo acusaciones "ficticias" (aseguró que, de 75 pruebas de la FGR, ninguna es “fiable”); que se condujo “con mala fe”, que actuó “con perversidad”, y que lanzó “amenazas” veladas contra los involucrados.

“Si en su actuar (el de la FGR y por tanto el de Gertz Manero) existe perversidad, se necesita a Dios como abogado", espetó el juez.

O sea, ¿que Scherer y sus allegados necesitan a Dios para salvarse de Gertz Manero?

¿Entonces su señoría Delgadillo Padierna es Dios? ¿O Dios es el Presidente que presiona al juez y salva a su amigo Julio? ¿Y el perverso solo es Gertz Manero, o hay algún titiritero del Fiscal, por ejemplo en Palacio Nacional?
La FGR alegó que el juez "se dedicó prioritariamente" a defender a Julio Scherer y a los abogados, con actos “abusivos y parciales contra la administración de justicia". Es decir, que su señoría habría actuado indebidamente como defensa de Scherer, no como impartidor de justicia. De ser así, ¿nada más defendía a Scherer y sus amigos, o a alguien más?

¿Qué demonios pasa con el caso Scherer y adláteres?

Eso, lo exhibido, que es de los asuntos más vergonzosos que yo recuerde en el pantano de la aristocracia política nacional (por no decir en las cloacas de la cleptocracia), un verdadero lodazal, desde la perspectiva que usted quiera.

BAJO FONDO

Ojalá que, más allá de la corrupción, el tráfico de influencias y las ilegalidades que parecen provenir de todos los bandos, este decadente vodevil no termine de manera violenta con una espantosa tragedia que cimbre al país. Ojalá.
 

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