La leona del Senado y las “hienas traidoras”

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

La exministra probará que es una leona en la selva de la política

Olga Sánchez Cordero llegó al Senado para sacar adelante y consolidar todas las agendas legislativas del Presidente. Y lo va a hacer sin pretextos, sin acudir al “no conseguí los votos”, sin optar por el tramposo “no hay condiciones”.

Pero sobre todo,  Olga Sánchez Cordero va al senado para neutralizar de una buena vez a Ricardo Monreal, quien ya es visto, sin matices, como un ser desleal a Andrés Manuel López Obrador.

—Eres un traidor… —le espetó el Presidente a Monreal hace no tanto: ocurrió en Palacio Nacional luego de los comicios del 6 de junio.

Y aquí difieren ligeramente mis dos fuentes: una dice que Monreal, que siempre ha tuteado al Presidente, respondió hablándole de tú, mientras que la otra afirma que optó por contestarle de usted:

—No le permito que me llame así, Presidente…

—No te permito que me llames así, Andrés…

En cualquier caso, el Presidente dio por terminada la discusión, el regaño, el reclamo, y por tanto, lo corrió.

En política nadie muere para siempre, hay desapariciones más o menos prolongadas, pero parece que Monreal está políticamente liquidado en la 4T. En el despacho presidencial no quieren saber nada de él.

Nada. Y ni siquiera vio venir el zarpazo: él estaba operando, como si nada, quién iba a ser nombrada presidenta del Senado al día siguiente, cuando… le avisaron que se detuviera, que ni le moviera más, que ahí le iba la ex ministra, y que ella presidiría. Punto. Solo le quedó la opción de, impertérrito, sonreír para la foto como solo él lo hace: congelado.  

Ahora Olga Sánchez Cordero es la nueva interlocutora presidencial en el Legislativo. Es la nueva representante de la 4T presidencial, porque hay muchas 4T, tantas como el número de aspirantes y suspirantes presidenciales de Morena. Ella es la buena, la del Presidente, la que hablará por Palacio Nacional. Monreal se acabó de aquí a que termina el sexenio, aunque él no se haya dado cuenta, o esté en estado de negación. Solo le queda plegarse, o intentar una revuelta que lo marginará del movimiento.

¿Cómo empezó esto? En Palacio Nacional, me confirman tres fuentes relevantes, le atribuyen haber jugado contra Morena en varias partes de Ciudad de México durante los recientes comicios. Tal cosa, atentar contra la joya del movimiento, no se le perdona.

Pero no solo eso: también le imputan haber operado en Nuevo León a favor del priista Adrián de la Garza. Doble traición. Imperdonable.

Y la gota que derramó el vaso: le atribuyen que no haya gestionado los acuerdos políticos necesarios (que no haya conseguido los votos, pues, que ni siquiera se haya esforzado en obtenerlos) para aprobar un periodo extraordinario que permitiera gestionar la ley que reglamente el ejercicio de consulta de revocación de mandato que es tan importante, que es vital para el Presidente. Un voto faltó. Inaudito. Triple traición. No habrá perdón ni mucho menos olvido de su osadía, de su altanería.  

La exministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se va al Senado para probarse a sí misma y al Presidente que es una elegante, hábil y depredadora leona en la selva de la política. Esa es la imagen que usan los cercanos al núcleo presidencial para describir este movimiento de López Obrador. La ex ministra es una contundente leona que será rodeada y atacada sin misericordia por una pandilla de “hienas” azuzadas por Monreal, a quienes tendrá que neutralizar con la ayuda de una manada de leones, fieles incondicionales de López Obrador y la 4T.

¿Jaque mate del Presidente?

BAJO FONDO

Sánchez Cordero le había pedido al Presidente, cuando la invitó al gabinete, que la dejara irse al Senado en el quinto año de gobierno. Le había implorado que le permitiera terminar su carrera política al menos con un año de residencia en el Legislativo. Le había rogado que no la metiera en la sucesión, que ella no quería estar en 2023 en medio de los golpes y zancadillas, todos esos pleitos internos de callejón que se desatarán, porque ella tiene afectos por Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard y no quería (no quiere) inmiscuirse ni tomar partido por una u otro.

El Presidente le dijo que sí, pero… la sucesión se desbocó. Ante la tragedia del Metro y las actitudes protagónicas de Monreal, todo se desató. La sucesión fue espoleada por el mandatario cuando sintió heridos a sus dos principales candidatos (Línea 12 del Metro) y cuando se sintió traicionado por Monreal, cuando no consiguió los resultados que hubiera deseado en los comicios, las mayorías absoluta y calificada en la Cámara de Diputados y en Ciudad de México, y percibió que Monreal podría desestabilizar el momento más importante del final del sexenio, su momento cumbre para continuar con su sueño transexenal: elegir a quien cree que puede sucederlo en la Presidencia de la República.

Monreal no entendió la magnitud de eso, de “la misión presidencial” rumbo al 2024, y creyó que podría desafiar al Presidente y apuntarse en la boleta aunque López Obrador lo hubiera omitido en la lista de sus posibles sucesores. Y ahora, me dicen, la va a pagar con la marginación que le impondrán, con el cerco político que sutilmente le irán levantando a su alrededor. 

EN EL FONDO

 No fue fácil para Sánchez Cordero haber estado en Gobernación. Resistió de todo. A machos, a misóginos en el gabinete, a quienes la insultaban espetándole que era “un florero”. Y la verdad es que no sabían que ella operaba discretamente, eficazmente. Luego del 6 de junio, todos los grupos en Morena y la 4T —que no son lo mismo— se golpeaban unos a otros por esos resultados electorales. La entonces secretaria de Gobernación procuraba mediar por todos lados, poner orden sin aspavientos, mientras era grillada una y otra vez en otro frente, porque no había estado de acuerdo con la gestión de la pandemia de Hugo López-Gatell, cuyos errores tenía que componer constantemente con los gobernadores. Ella tampoco coincidía con la forma fallida en que Palacio Nacional había tratado los temas de feminismo y la violencia contra las mujeres, ni con los métodos contemplativos y de no intervención en la estrategia de seguridad.

Ya se curtió. Ahora Olga Sánchez Cordero tiene la misión política de su vida: impulsar la 4T en el Senado, todas las agendas presidenciales, y hacerlo sin matices. Y simultáneamente, neutralizar de forma aterciopelada a Monreal. A ver cómo caza la leona del Senado…

AL FONDO

El Presidente ha hecho un movimiento sucesorio que podría ser definitivo: al nombrar como secretario de Gobernación al hasta ahora gobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández, prevalece el grupo de Los Duros de la 4T, Los Puros, la gente de Claudia Sheinbaum, por encima de Los Liberales, los de Marcelo Ebrard.

Olga Sánchez Cordero y López Hernández son un fuerte mensaje sucesorio de ese animal político que es López Obrador: si usted vio su mensaje, su video para anunciar estos movimientos de ajedrez, se habrá percatado de su felicidad, de su euforia, de su placidez, de lo exultante que estaba en su tablero. Me dicen que hacía ya mucho tiempo que no se sentía tan a sus anchas, tanto que hasta improvisó su mañanera desde su camioneta mientras era cercado por la CNTE en Chiapas. 
           

HASTA EL FONDO

¿Cuándo se perdió Monreal? Todo empezó en 1999, cuando alguien le metió en la cabeza, entres sus aduladores y colaboradores, que él no estaba para cosas grandes, sino para las más inconmensurables tareas patrias. Que el gobierno de Zacatecas era solo un escalón, un aperitivo; que la delegación Cuauhtémoc era una botanita. Que no necesitaba ser Jefe de Gobierno porque  el Legislativo era el mejor pedestal para demostrar su calidad de estadista.

Pero todo inició en 1999 cuando le dieron una especie de reconocimiento por la revista TIME y la Cadena CNN como “Líder Latinoamericano para el Nuevo Milenio”. Y se lo creyó: que él era el líder del milenio que México requería. Luego, del año 2000 al 2003 fue integrante de la sección “Líderes Globales del Mañana en el Mundo” en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza y bueno, el mundo era pequeño para él, tal vez luego de ser presidente mexicano podría estar en la ONU. En fin, los ego trip de la política mexicana…

 

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