El semáforo rojo y la triste infamia colectiva en CDMX

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

¿De quién es culpa la saturación de hospitales? Salvo excepciones, me parece que de la gente

Este viernes reviso el mapa interactivo de hospitales públicos en Ciudad de México (https://bit.ly/3p7fzGg). Busco hospitales con camas generales Covid, para gente que está contagiada por el virus SARS-CoV-2, pero que no yace en estado crítico. El plano es una enorme mancha roja. Solo hay tres banderas (cada bandera representa a un hospital) en color verde, con “alta disponibilidad” de camas: el Hospital Infantil de México Fernando Gómez; el Hospital de Pediatría 01 Siglo XXI; el Hospital Pediátrico La Villa. Para adultos, no hay nada en verde. 

Con “disponibilidad media”, bandera amarilla, hay cuatro sitios: dos hospitales militares, el Hospital de Especialidades Siglo XXI, y el Hospital General La Raza. Vaya usted a ver si es verdad que hay algunas camas en esos sitios, y me lo tuitea, porque al preguntar sobre los dos últimos lugares, me dijeron que no.

Todo lo demás, está en rojo, con “disponibilidad baja” de camas. Acérquese usted, a ver si encuentra un lugar ahí, y me avisa. 

Luego busqué camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), para enfermos muy graves y críticos, y solo hay tres hospitales en verde: dos infantiles y el Hospital de Especialidades del Siglo XXI. Con “disponibilidad media” está el Centro Médico 20 de Noviembre del ISSSTE y el Hospital La Raza. Lo demás, está en rojo.

¿De quién es culpa todo esto, la saturación de hospitales, que en camas generales llega al 81.1%, y que en espacios de UCI está en 68.6%, de acuerdo a los datos oficiales más recientes? Salvo excepciones, me parece que es culpa de la gente. Claudia Sheinbaum llevaba varias semanas alertando acerca del crecimiento de los contagios, y sobre todo, advirtió sobre la creciente ocupación en los hospita les. ¿Y qué sucedió? Que la mayoría de la gente se volcó a las calles: tan es así, que las gráficas de movilidad de estos días están ya muy cerca de aquellas de los tiempos previos a la pandemia (https://bit.ly/3anPQVF).

Este diciembre ha sido casi idéntico a diciembre de 2019, en cuanto a la compulsión ciudadana por dejar sus hogares: las calles han estado repletas, el tráfico embotellado, las aceras atascadas, el transporte público abarrotado, el aeropuerto saturado de viajeros (https://bit.ly/34r1QSt), las zonas de comercios intransitables, las fiestas y bailongos a tope (cuánta gente exhibiendo sus brindis de fin de año), los restaurantes, bares y tiendas invadidos, en fin, miles y miles de personas han estado “fandungueándose” por todos lados, como decían las abuelas.

La falta de contención, de moderación, de sobriedad de la mayoría de los capitalinos, ha sido vergonzosa. Han sido, los habitantes de esta ciudad, muy egoístas e irresponsables, porque mientras a ellos les daba igual contagiar, comprar y divertirse, miles y miles de médicos y enfermeras están exhaustos por tantos meses de salvar vidas sin descanso, sin tregua, colapsados física y mentalmente. Esa gente ha padecido continuos duelos de impotencia por las decenas de miles de vidas que han perdido, y cuando los ciudadanos tenían que ser más empáticos para darles reposo… les saturan más los hospitales.

Es una infamia colectiva. Una triste infamia social. Estos días, reporteando, conviví con paramédicos de Cruz Roja, que son los primeros que arriesgan la vida cada jornada para atender, estabilizar y luego trasladar a pacientes Covid. Esa gente también está exhausta y harta del comportamiento social, mientras ellos sufren por no haber visto, durante meses, a sus pequeños hijos, a sus novias y novios, a sus padres. ¿Y a alguien le importa su sacrificio?

Uno de ellos, originario de Aguascalientes, me decía que llegó a vivir a Ciudad de México justo antes del sismo de 2017, y que se maravilló y enamoró de la actitud desprendida, responsable y solidaria de la gente en medio de la tragedia, pero ahora, con mirada de tristeza, me espeta: “Qué decepción han sido los chilangos durante noviembre y diciembre”.

Sí, pues. Así como somos durísimos con los gobiernos, hagamos una severa introspección y aceptemos que nos hemos comportado fatal, hemos sido una gran decepción colectiva. La covidiotez ha provocado el semáforo rojo, con sus tremendas consecuencias económicas. Hemos sido un pueblo muy malo, por no usar esa palabrota coreada en los estadios. ¿O no? 

 

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Twitter: @jpbecerraacosta

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